A lo largo de la historia, hemos asociado las revoluciones democráticas con el aumento de los ingresos de la clase media. Digamos que cuando el ingreso per cápita es de unos 10.000 dólares anuales, la gente ya no se preocupa tanto por cuestiones básicas, como alimento y vivienda, y piensa más en ser tratada como ciudadana con derechos y con voz para decidir su futuro.
Pero la situación ahora es fascinante: la difusión masiva de potencia de cómputo barata, a través de los teléfonos celulares y las tabletas, ocurrida en los últimos años, ha reducido en forma espectacular el costo de la conectividad y de la educación. Tanto así, que mucha gente en la India, China y Egipto, aunque sólo gane unos cuantos dólares al día, ahora tiene acceso a las tecnologías y al aprendizaje que antes estaban reservados a la clase media.
Es por eso que ahora la India tiene una clase media de 300 millones de personas y una clase media virtual de otros 300 millones que, aunque sigue siendo pobre, cada vez exige más derechos, caminos, electricidad, policía no corrupta y buena gobernación; factores asociados con la clase media en ascenso. Esto está ejerciendo más presión que nunca para que los políticos organicen mejor la administración.
"Gracias a la tecnología y a la difusión de la educación, cada vez hay más gente en las capas de bajos ingresos que se siente facultada a exigir. Así, actúa como si ya estuviera en la clase media y exige seguridad humana, dignidad y derechos ciudadanos", explica Khalid Malik, director de la Oficina de Relatoría del Desarrollo de Naciones Unidas y autor de un libro sobre el crecimiento de China. "Éste es un cambio tectónico. La revolución industrial fue cosa de diez millones de personas. Ésta es de varios miles de millones de personas".
Y no solo está impulsada por los 900 millones de teléfonos celulares de la India o los 400 millones de blogueros de China. La oficina en Nueva Delhi de la Agencia para el Desarrollo de Estados Unidos me puso en contacto con un grupo de empresarios sociales indios, que está siendo apoyado por Estados Unidos.
La potencia de las herramientas que estos empresarios están poniendo a bajo precio en manos de la clase media virtual de la India es pasmosa. Por ejemplo, Gram Power está creando micro-tendidos inteligentes y medidores inteligentes para llevar energía confiable y escalable a las zonas rurales, donde hay 600 millones de indios que no cuentan con electricidad regular para trabajar, leer o aprender.
Por 20 centavos de dólar al día, Gram Power les ofrece a los aldeanos una tarjeta de electricidad con la que pueden alimentar todos sus enseres domésticos. Healthpoint Services ofrece agua potable para una familia de seis personas por 5 centavos al día y consultas médicas por televideo a 20 centavos cada una.
VisionSpring ofrece exámenes de la vista y lentes por 2 y 3 dólares cada uno. El Instituto de Salud Reproductiva alerta a las mujeres de sus días fértiles cada mes mediante mensajes de texto, indicándoles qué días no deben de tener relaciones sexuales sin protección para evitar embarazos no deseados. Y Digital Green ofrece sistemas de comunicaciones a bajo costo para campesinos y grupos de mujeres, para mostrarles los mejores métodos mediante películas digitales proyectadas en un suelo de tierra.
Estas tecnologías todavía necesitan crecer, pero ya están en camino. Y están permitiendo que millones de indios por lo menos sientan que pertenecen a la clase media y tengan las facultades políticas que eso implica, explica Nayan Chanda, que maneja la revista en línea YaleGlobal y es uno de los editores de "A World Connected: Globalization in the 21st Century".
En diciembre pasado, una mujer india de 23 años de edad -cuyo padre trabajaba doble turno como maletero en el aeropuerto, ganando unos 200 dólares al mes, para que su hija pudiera ir a la escuela y ser fisioterapeuta- fue víctima de una violación colectiva a bordo de un autobús, en el que ella y un amigo regresaban a casa después de haber ido al cine. Ella murió posteriormente a consecuencia de las heridas sufridas en la violación.
Ella era miembro con muchas aspiraciones de esta nueva clase media virtual y su brutal violación y posterior fallecimiento suscitaron protestas en todo el país para exigir mejor gobernación.
"Es un momento decisivo en la historia cuando la ciudadanía, hasta entonces complacida con las ganancias económicas, quiere algo más que comodidades materiales", afirma Chanda. "Quiere que se le reconozcan sus derechos; quiere calidad de vida y, lo más importante, el buen gobierno que ha llegado a esperar observando al resto del mundo".
Es el mismo caso en China. En diciembre, señaló Chanda, "cuando un censor de Guangzhou cometió la intrusión sin precedentes de entrar en las oficinas del periódico Southern Weekend y reescribir el editorial de año nuevo -convirtiendo una crítica al Partido Comunista en un panegírico-, los periodistas chinos estallaron. Por primera vez en la historia exigieron públicamente la renuncia del censor y Weibo, el Twitter chino, se encendió de rabia".
Y, por supuesto, la primavera árabe fue suscitada no por estudiantes universitarios de clase media, sino por un vendedor de verduras tunecino que aspiraba a ser de clase media, y que había sido brutalmente maltratado por la policía corrupta.
Atención líderes: el pueblo ya no necesita estar en la clase media, en términos económicos, para tener la educación, las herramientas y la mentalidad de la clase media, para sentirse con el derecho a una conversación en dos sentidos y a ser tratado como ciudadano, con derechos reales y una gobernación decente.
