Apenas unos días después de que el Papa Benedicto XVI regresara de un viaje de 2010 a Reino Unido donde se reunió con la reina e hizo las paces con los anglicanos, fiscales en Roma incautaron 30 millones de dólares del Banco Vaticano en una investigación vinculada con lavado de dinero.
En mayo, poco después de que el Papa emitiera un mensaje sobre el sacerdocio, reprendiendo a aquellos que buscaban extender las reglas de la Iglesia y pronunciándose por “obediencia radical”, gendarmes del Vaticano arrestaron al mayordomo de Benedicto bajo cargos de hurto después de la aparición de un libro de divulgaciones; fundamentado en documentos confidenciales que fueron robados, los cuales detallaban profundos malos manejos y corrupción dentro del Vaticano.
Benedicto había esperado que su papado reavivara la fe católica en Europa y obligara a los católicos a forjar vínculos entre la fe y la razón, como le encantaba hacerlo a él.
Pero, después de lo que al parecer fue una serie interminable de escándalos, el hombre de 85 años de edad que hizo valer tan diestramente la doctrina para su predecesor, Juan Pablo II, a todas luces llegó a entender que solo un nuevo Papa, uno con mucha mayor energía que él, podría guiar a una Iglesia global y hacer limpieza interna entre integrantes de la jerarquía. A final de cuentas, dijeron expertos del Vaticano, decidió que podría servir de la mejor forma renunciando, trascendental decisión con extensas implicaciones que aún no se comprenden cabalmente.
“No fue una sola cosa, sino toda una combinación de ellas” lo que ocasionó su renuncia, dice Paolo Rodari, experto en el Vaticano por el diario italiano Il Foglio. Escándalos de abuso sexual por parte de clérigos golpearon al papado incansablemente, estallando en Estados Unidos, Irlanda y a lo largo de Europa, llegando incluso hasta Australia. Sin embargo, el más reciente, el escándalo que involucra al mayordomo del Papa “fue una constante porfía sobre el Papa”, dijo, pegando cerca de casa, literalmente donde el Papa vivía. A final de cuentas, cree Rodari, el mensaje era: “No puedo cambiar las cosas, así que borraré todo”.
Si bien el Papa ha estado perdiendo claramente fuerza en años recientes, algunos expertos del Vaticano consideraron que la decisión de Benedicto fue menos una señal de fragilidad y más una de fuerza que envió un claro mensaje -y desafío- a los prelados del Vaticano, con cuyas fechorías él había luchado por contener: nadie es irreemplazable, ni siquiera el Papa.
Incluso el Vaticano reconoció esto: “El Papa es una persona de gran realismo”, sostuvo el portavoz del Vaticano, Reverendo Federico Lombardi, este martes. “Y él sabe muy bien cuáles son los problemas y las dificultades”.
Lombardi agregó: “Pienso que esta decisión nos envía muchos mensajes a todos; de humildad, coraje, de sabiduría para evaluar la propia situación ante Dios”. Su renuncia podría “abrir la puerta a una potencial ola de renuncias, incluso del interior del organismo administrativo conocido como la Curia, escribió este martes Massimo Franco, columnista político en el diario Corriere della Sera y experto en relaciones entre Italia y el Vaticano.
Benedicto, débil administrador debilitado por la edad -el Vaticano informó por primera vez este martes que el Papa tenía un marcapasos-, al parecer ya no sentía que estaba a la altura de gobernar una institución que había carecido de un líder fuerte durante más de una década, desde que Juan Pablo II empezó un lento descenso al mal de Parkinson.
Cuando se convirtió en el Papa, Benedicto sabía de lo que hablaba, pero enfrentaba dificultades para lograr que las poderosas ruedas de una burocracia de 1.000 años giraran con suavidad.
Los primeros yerros de Benedicto fueron vistos como problemas de comunicación. Cuando citó en 2006 las palabras de un emperador bizantino que dijo que el Islam había acarreado cosas “malignas e inhumanas”, comentarios que contribuyeron a provocar disturbios en los que murieron varias personas, el Vaticano dijo que sus palabras habían sido malinterpretadas. Claramente afligido, visitó Turquía como una forma de redimirse.
En 2009, cuando Benedicto levantó la excomunión de cuatro obispos cismáticos, uno de los cuales había negado la magnitud del Holocausto, el Vaticano -y el Papa- dijo que el gesto iba enfocado a subsanar una ruptura en la Iglesia, no a ofender. Los funcionarios también reconocieron que no habían usado internet para investigar las opiniones del obispo.
Pero, más adelante en ese mismo año, cuando el Vaticano dejó en shock a muchos, incluido el arzobispo de Canterbury, al anunciar una nueva estructura para darles la bienvenida de nuevo a anglicanos tradicionalistas al catolicismo, quedó en claro que la crisis de comunicación de hecho podría ser una crisis de dirección.
El funcionario del Vaticano que estaba a cargo de las relaciones de la Iglesia con anglicanos en esa época, Cardenal Walter Kasper, dijo que no había sido informado de la nueva estructura, la cual fue anunciada en una improvisada conferencia de prensa por una oficina diferente del Vaticano cuando él estaba fuera de la ciudad.
Como teólogo determinado a hacer ofrecimientos a los elementos más tradicionalistas de la Iglesia, y careciendo del carisma de Juan Pablo II, era seguro que Benedicto causaría cierta irritación. Sin embargo, el defecto fatal de su pontificado, destacan expertos del Vaticano, y una de las principales causas de los escándalos y errores, es que él no eligió a los subalternos indicados para hacer que la institución funcionara bien.
“Las operaciones cotidianas de la institución están en un estado tal de desorden porque él no consulta con nadie”, afirma Robert Mickens, experto en el Vaticano por The Tablet, semanario católico con sede en Londres.
“El problema principal de este pontificado es su elección de Bertone como secretario de Estado, así como su insistencia en mantenerlo ahí”, agregó, refiriéndose al Cardenal Tarcisio Bertone. “Esto ha enfurecido y alineado a la gente. Él puso a alguien que no es diplomático en el puesto que lidia mayormente con gente que fue educada para ser diplomática, y él no es muy diplomático”.
Expertos del Vaticano especulan que el escándalo en torno a la filtración de información confidencial por parte del mayordomo formó parte de una compleja batalla por el poder dentro del Vaticano entre facciones que querían socavar a Bertone, abogado canónico y ex arzobispo de Génova.
A medida que los escándalos se fueron apilando, quedó en claro que el Papa estaba cada vez más cansado, su voz quebrada, su rostro consumido. Pero, si bien la renuncia se relacionaba con una serie de dolorosas derrotas personales, se preveía que el acto de Benedicto tendría resonancia a lo largo de la historia.
“Es revolucionario”, opina Eamon Duffy, catedrático de la historia del cristianismo en Cambridge. “Él se está deshaciendo de los místico para favorecer lo utilitario: que ser Papa es un trabajo, y el Papa debe estar en condiciones para desempeñarlo”.