1 de junio de 2014 - 00:00

Ciurca, el sueño, la debilidad y el pacto

El Vice se ilusiona con ser el Mazzón de Scioli, mientras su sector interno se retrae. Acuerdo de supervivencia con Pérez.

El hombre, sentado detrás del escritorio de un enorme despacho, en un edificio de otro tiempo, sueña. Sus sueños son de grandezas, como los de todos seguramente. Ya se imagina lejos de allí, en una ciudad mucho más grande, en un edificio de otro tiempo también, aunque no necesariamente en una oficina tan grande. Le gusta algo la pompa a Carlos Ciurca, pero sobre todo disfruta de la "construcción" política y el poder de influir en las decisiones.

El Vicegobernador está decidido a jugar a fondo por la candidatura presidencial de Daniel Scioli en 2015. Eso ya se sabe. Como también se sabe que fue uno de los primeros en Mendoza en comenzar a tomar distancia del cristinismo para posicionarse detrás del gobernador bonaerense. El proceso comenzó hace dos años, cuando percibió que venía otro tiempo dentro del peronismo.

¿Cuál es el plan de Ciurca?¿Para qué construye si no puede ser candidato a gobernador? Esas dudas asomaron desde que empezó a moverse en forma independiente de Francisco Pérez para crear La Corriente, ganándose el enojo de sus compañeros de otros sectores a quienes les sacaba algún concejal o legislador. Siempre calló sobre su objetivo.

Todos intuían que quería ser el gran decisor peronista, el que pusiera y sacara candidatos de la listas, el que marcara el rumbo partidario provincial. O sea, el nuevo Juan Carlos "Chueco" Mazzón, el líder de los Azules, a quien conoció allá en los ´80. En esa época, el hoy vicegobernador era parte de la JP nacional y el operador peronista, que ya jugaba en las primeras ligas, lo guió en ese primer tramo de su camino político.

Pero Mazzón no es sólo el que ha tomado las principales decisiones del PJ provincial los últimos 15 años. También ha sido el operador político de los últimos cuatro presidentes peronistas: Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner.

El Chueco tuvo a su cargo armar la estrategia política y electoral en cada provincia para ellos. Conoce como nadie a los dirigentes peronistas de cada rincón del país, sean concejales o gobernadores, y eso tiene un valor inconmensurable cuando se tiene que preservar el poder.

Más cerca del retiro, Mazzón colabora en las sombras con Scioli. Pero algunos creen que ya no seguirá haciendo el mismo trabajo mucho tiempo más.

Ante este posible escenario, Ciurca se ve como el armador nacional si el bonaerense llega a la Presidencia, aunque nunca lo va a confesar. Incluso cuando habla con su círculo íntimo, usa frases indirectas. Arguye sí que le gustaría ocuparse de la construcción política en las provincias, al fin de cuentas hace tiempo viene tejiendo relaciones en todo el país, como quizá ningún otro mendocino lo ha hecho últimamente, excepto obviamente El Chueco.

Ante la consulta directa de este diario, se escuda en frases de ocasión como que estará en el lugar que le toque de acuerdo a lo que decida el partido, sea en Mendoza o en Buenos Aires, o que no se va a poner a pensar hoy en un espacio personal. Lo primero y más importante, dice, es ganar la elección en 2015, después se verá.

Pero el Vicegobernador, sí piensa en el futuro. Al fin de cuentas, es la ambición personal, más allá del proyecto colectivo, lo que mueve a quienes hoy meten los pies en el barro de la política.

La necesidad

Tal vez pensando en esta nueva etapa de construcción más amplia y nacional, Ciurca parece querer olvidar sus diferencias con los otros sectores del PJ. El miércoles estuvo presentando la mesa Scioli 2015 en Junín junto al azul Jorge Giménez, intendente de San Martín. 

Ahora está preparando un encuentro similar en Alvear, con el también azul Juan Carlos De Paolo, quizá el que más sufrió la avanzada ciurquista en la previa de la interna del año pasado. En su entorno argumentan que, como la mayoría del peronismo mendocino está con Scioli, hoy los límites entre los sectores "se han desdibujado".

Un peronista que trabajó junto a él en Las Heras descree de ese ataque de confraternización y dice que esos movimientos tienen otro fin: "Está intentando reconciliarse con los azules por debilidad propia. La Corriente se está cayendo a pedazos, ya fracasó".

El argumento es simple. El sector de Ciurca estaba sostenido por tres patas territoriales: Las Heras, Guaymallén y Luján. Hoy, dos están duda.

Al dejar Alejandro Abraham la intendencia de Guaymallén para irse al Congreso en diciembre, su sucesor, Luis Lobos, poco a poco fue acercándose al gobernador Pérez, que lo recompensó con visitas periódicas al departamento, anuncios de obras y la semana pasada con un viaje a Londres.

Hoy muchos lo dan a Lobos fuera de La Corriente, aunque allí argumentan que no se trata más que de un amor por conveniencia: el intendente interino necesita fondos para hacer obras que le aseguren su continuidad más allá de 2015. Algo así como el famoso "billetera mata galán".

El otro caso es Carlos López Puelles, el intendente de Luján, que amenaza todo el tiempo con su pase al Frente Renovador de Sergio Massa, a quien lo une una relación personal y el vínculo con Daniel Vila y José Luis Manzano. En el massismo lo dan por seguro, aunque en el peronismo dicen que no va a sacar los pies del plato, no tanto por convencimiento sino porque sabe que ese tipo de desplantes se pagan caro.

El aporte de López Puelles parece ser más simbólico que real: no es el jefe político real del PJ lujanino y su gestión está mal considerada por los vecinos. Pero, además, su ambigüedad puede traerle problemas a Ciurca si en algún momento el sciolismo le plantea por qué uno de los suyos apoya al principal rival que hoy tienen de cara a 2015.

Un dirigente azul de peso, que aún no le perdona a Ciurca sus zancadillas de hace un año, concuerda con el análisis. "Tras la derrota de octubre, desapareció La Corriente. Sólo le queda Las Heras y Rubén Miranda (intendente y socio del Vice) no quiere pelearse con nosotros", describe.

También le marca el terreno: "No va a ser Ciurca el único dueño de Scioli en Mendoza y a nivel nacional son muchos los que están trabajando por este proyecto, incluido Mazzón".

La supervivencia

Casi desde que empezaron a transitar juntos el camino que les marcó Mazzón en abril de 2011, al armar a dedo la fórmula del PJ provincial, Pérez y Ciurca se desconfían. Estilos y metodologías casi opuestos producen una grieta que sólo el pragmatismo del peronismo puede sellar, siempre transitoriamente.

Desde que asumieron, esa grieta se reabrió una y otra vez. Pero hace una semana, juntos, volvieron a sellarla. Al menos, hasta la próxima crisis. Fue en un encuentro a solas, sin testigos.

Las consecuencias de este pacto fueron inmediatas. Ambos comunicaron a los suyos la novedad y ordenaron enterrar las diferencias. Traducido: no más declaraciones en contra del otro bando y jugarretas por el estilo. Ahora, los dos se necesitan quizá más que nunca por sus propios debilidades: Ciurca porque pierde espacio interno, Pérez porque ya no tiene la protección de la Casa Rosada.

El objetivo es, como tantas veces se dijo, apuntalar la gestión provincial porque sólo así, creen, tendrán posibilidades de competir el año próximo por la gobernación ya sin la ventaja que significó en 2011 el arrastre de Cristina Kirchner y con una UCR fortalecida tras la última victoria.

El panorama puede complicarse más si finalmente el radicalismo y sus aliados llevan como candidato presidencial a Julio Cobos. Esto preocupa incluso a los sciolistas que están empezando a venir cada vez más seguido desde Buenos Aires para monitorear la situación política mendocina e intuyen una derrota local.

El otro factor que hoy sostiene el pacto Pérez-Ciurca es precisamente su alineamiento con Scioli. Pero en el mismo momento en que ellos se sentaban a acordar la paz, el ministro de Transporte, Diego Martínez Palau, se lanzaba por la gobernación y a la vez plantaba la bandera de Randazzo 2015 en Mendoza.

Aunque luego Martínez Palau se desdijo con ambiguas explicaciones y Pérez lo retó públicamente por anticiparse tanto, es difícil de creer que el ministro haga tal movida sin autorización de su jefe e impulsor, el propio gobernador, que no puede ocultar su buena relación con el otro presidenciable oficialista y ministro del Interior.

Una vez más, el pragmatismo peronista. Si hoy es Scioli el elegido por la mayoría acá, no es porque los enamore sino porque es el que más votos asegura a las listas locales. Si mañana fuera Randazzo el que garantiza el triunfo, irán con él. "No descartamos a ninguno", admite un ex intendente por ahora sciolista. Mientras tanto, nada mejor que un pie en cada lado. Todo vale para mantenerse en el poder.

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