29 de abril de 2019 - 20:04

Cinco alumnas denunciaron por acoso al personal de seguridad de un salón de Las Heras

Los hechos habrían ocurrido durante una presentación de buzos. Aseguran que uno de los acusados quiso llevarse a menor ebria a su auto.

Como es costumbre desde hace algunos años a esta parte, adolescentes de quinto año del secundario presentan los buzos con los que se identifican en su curso. Este domingo, doce quintos del Departamento de Aplicación Docente (DAD), dependiente de la Universidad Nacional de Cuyo, se reunieron para celebrar el estreno de sus prendas.

El festejo lo realizaron en un salón de eventos ubicado en Las Heras. Allí participaron cerca de 350 jóvenes de entre 17 y 18 años, según trascendió en un informe de Canal 7.

 

Pero la fiesta se terminó cuando un grupo de chicos habría visto a un empleado de seguridad del salón llevar a una menor de 17 años hacia su vehículo particular. Testigos indicaron que la muchacha estaba ebria, ya que en la fiesta no había control de adultos y los alumnos tenían acceso libre al alcohol.

Cuando los compañeros de la jovencita advirtieron la situación, le reclamaron al dueño del local lo que estaba sucediendo para que tomara intervención. No obstante, explicaron los jóvenes, el propietario no los tomó en serio y no hizo nada al respecto. Ante esto, ellos mismos habrían impedido que el empleado introdujera a la chica en el auto para aprovecharse.

Tras lo sucedido, los estudiantes llamaron a sus padres y a la Policía para que pudieran atrapar al hombre. Sin embargo, tal como relataron en la comisaría, el custodio se logró zafar de la situación y escapó en su propio vehículo, con la ayuda del dueño del salón. Los padres de la menor la acompañaron a la Oficina Fiscal 6, que interviene en el caso. Allí la presunta víctima relató todo lo sucedido y otras cuatro compañeras denunciaron manoseos por parte del personal de seguridad durante la fiesta.

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Cabe aclarar, que el contrato de alquiler del salón no contaba con la firma de ningún adulto responsable. La contratación había sido cerrada por parte de dos participantes de la fiesta, a quienes el dueño les aceptó la firma, pese a ser dos menores de edad.

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