En las últimas décadas, el patrimonio rural ha comenzado a desdibujarse en el mapa de las prioridades sociales y públicas. Lo que durante siglos fue testimonio de la historia productiva, cultural y territorial de nuestras comunidades, hoy se encuentra en un estado de abandono progresivo. Dicha situación responde a varios motivos; entre los principales se puede mencionar la alarmante falta de atención por parte de los tomadores de decisiones, quienes en general priorizan políticas centradas en zonas urbanas o en sitios patrimoniales con significativo valor económico y turístico, relegando vastas áreas rurales colmadas de representaciones históricas y simbólicas. Por otra parte, en el contexto nacional e internacional se asiste a un acelerado proceso de urbanización, y el éxodo rural en busca de empleo y/o mejores condiciones de vida, produce el despoblamiento y abandono de los espacios rurales. Esta problemática debe ser abordada de manera urgente, dada la importancia crucial de los espacios rurales en la provisión de recursos naturales y materia prima de los que los espacios urbanos dependen.
Al referirnos a patrimonio rural nos remitimos al paisaje como categoría representativa del entramado de componentes que lo conforman. Por ello, el patrimonio rural tiene una dimensión territorial. No debemos olvidar que en las zonas rurales no solo existen cultivos, sino que también residen comunidades, con prácticas, costumbres, elementos tangibles e inmateriales singulares, que crean y (re)construyen el patrimonio permanentemente. Es decir, se convierten en protagonistas de su existencia, y aquí radica la importancia de visibilizar lo rural como un todo, íntegro y complejo.
Esto último implica el diseño e implementación de políticas públicas a partir de la consideración de los diversos actores sociales involucrados (sectores público y privado, sociedad civil, turistas), entre los cuales es necesaria la articulación y generación de estrategias de acción en conjunto. En este contexto, el turismo se presenta como un motor de desarrollo económico que puede ser útil para poner en valor territorios y comunidades, tanto como concientizar sobre la importancia de los paisajes rurales y su patrimonio.
Patrimonio rural en riesgo: algunos casos en el oasis Norte
Viñedos en Los Barriales, Junín.
Clarisa Suden
En Mendoza, esta problemática se manifiesta con fuerza en diversos distritos del oasis Norte. Entre ellos se destacan San Roque, en el departamento de Maipú, Chacras de Coria, en Luján de Cuyo, y Los Barriales, en el departamento de Junín. En el primer caso, si bien la urbanización no ha sido tan evidente como en otros territorios, el distrito ha atravesado un progresivo proceso de invisibilización. La pérdida de su carácter productivo, que predominó durante gran parte del siglo XIX y principios del XX, ha derivado en el deterioro de numerosos bienes patrimoniales, entre ellos bodegas, antiguas casas patronales de adobe y estructuras ferroviarias vinculadas con actividades industriales. A esto se suma la ausencia de estrategias de gestión cultural y territorial, así como la falta de delimitación oficial de su centro histórico, lo que dificulta la implementación de normativas de protección adecuadas, poniendo en riesgo su identidad local.
No debemos olvidar que en las zonas rurales no solo existen cultivos, sino que también residen comunidades, con prácticas, costumbres, elementos tangibles e inmateriales singulares, que crean y (re)construyen el patrimonio permanentemente. Es decir, se convierten en protagonistas de su existencia, y aquí radica la importancia de visibilizar lo rural como un todo, íntegro y complejo.
El caso de Chacras de Coria resulta paradigmático debido a la intensa transformación paisajística registrada en las últimas décadas. De ser un paisaje agrícola consolidado, asociado a la vitivinicultura tradicional, ha pasado a convertirse en un paisaje urbano-residencial como consecuencia de un proceso vertiginoso de urbanización, con loteos privados y desarrollos inmobiliarios de alta densidad. Si bien aún persisten numerosos bienes patrimoniales, tanto tangibles como intangibles, que dan cuenta de su historia y de su rol en la configuración del sistema productivo provincial, la presión inmobiliaria, el incremento del tráfico y la pérdida de identidad del paisaje rural amenazan con desdibujar su estructura original. Frente a esta situación, la organización comunitaria ha jugado un papel clave: los vecinos autoconvocados han promovido acciones concretas de visibilización y defensa del patrimonio, entre ellas, el pedido formal de declaratoria del área como Paisaje Cultural.
Los Barriales, en Junín, constituye un distrito eminentemente rural. Su zona urbana se reduce a una franja alargada sobre la principal vía de comunicación (ruta provincial 60), sobre la cual se dispone el Parque Industrial Los Barriales. Por tanto, cuenta con numerosos establecimientos industriales, con predominancia de bodegas con sus fincas e infraestructura asociada, muchas de las cuales poseen una extensa trayectoria (por ejemplo, la Bodega Juan Puppatto data de fines del siglo XIX). En general, su historia productiva y experiencias se remontan a inmigrantes radicados en el país hace más de un siglo, que importaron sus saberes, costumbres y equipamientos, las fundaron y le fueron dando su impronta generación tras generación. Y todos estos componentes son hacedores del paisaje rural, y constituyen un significativo patrimonio agrario digno de dar a conocer para así valorar, conservar y disfrutar.
Pero, indudablemente en estos accionares entran en juego los objetivos e intereses de los disímiles actores sociales intervinientes, tanto públicos como privados, y en distintas escalas geográficas. Entre ellos se encuentran los productores locales y también los (potenciales) turistas. En este sentido, como iniciativa es importante destacar la reciente creación del Clúster Turístico Mendoza Este, asociación civil que agrupa a empresarios y a emprendedores locales comprometidos con el desarrollo socioeconómico, cultural y turístico de la zona. Ya cuentan con personería jurídica y trabajan arduamente en la elaboración de un plan estratégico para movilizar los atractivos turísticos de la zona, con la meta de posicionarla como un destino de interés tanto nacional como internacional. En términos patrimoniales, están realizando un trabajo muy fuerte en generar pertenencia e identidad, para que todo el que visite el lugar pueda conocer, a través de las voces de los locales, cuáles son sus orígenes y qué pasó en la zona, cómo fue la historia, su evolución industrial, etc.
Mediante los casos brevemente descritos se pretende llamar la atención a todos los lectores sobre la relevancia y heterogeneidad de los paisajes rurales, muy amenazados en este contexto y con un valor patrimonial muy elevado y que amerita protección y, sobre todo, regulación en las múltiples intervenciones que sobre ellos se realizan y que conducen a afectarlos.
*La autora es doctora en Geografía - Universidad Nacional de Cuyo. Esta nota fue realizada en coautoría con la arquitecta Paula Martedi
Producción y edición: Miguel Títiro - [email protected]