27 de junio de 2026 - 00:15

Marmosas, los curiosos marsupiales que habitan en Mendoza

Los marsupiales que habitan en Argentina son muy diversos y algunas especies tienen formas de reproducirse bastante particulares.

Los marsupiales son mamíferos como nosotros, pero tienen algunas diferencias, entre otras cosas, en la gestación. Estos animales tienen una preñez muy corta (de dos o tres semanas) y las crías terminan su desarrollo fuera del útero de la madre. Además, la lactancia es mucho más larga que la de otros mamíferos de similar tamaño; en una primera etapa, las crías se adhieren al pezón de la madre y dependen por completo de su leche para desarrollarse. Al volverse más independientes comienzan a alimentarse por sí mismas, pero alternando con episodios de lactancia.

Muchas especies tienen una “bolsa” o marsupio que protege a las crías que se encuentran adheridas al pezón de la madre (como los canguros). Sin embargo, no todas las especies de este grupo presentan esta bolsa. En su lugar, en algunas especies se forma una hendidura o pequeño pliegue de piel en el abdomen, formando algo similar a una “cunita”; o en otras, las crías simplemente están adheridas al pezón sin ningún tipo de protección.

Lugares de residencia

A diferencia de los mamíferos placentarios (como nosotros los humanos) que se pueden encontrar en todos los continentes del mundo (incluso en la Antártida), los marsupiales solamente habitan en Australia y América. La región de Centroamérica y Sudamérica concentra casi la totalidad de las especies de nuestro continente. En Argentina se encuentran 31 especies de marsupiales, desde las comadrejas que pesan casi 3kg hasta las marmosas (también llamadas comadrejas enanas) que pesan tan solo 20-25g.

Marmosas, los curiosos marsupiales que habitan en Mendoza
Primer plano. Ejemplar adulto de marmosa (Thylamis bruchi) sobre un algarrobo en la Reserva de Biósfera Ñacuñán, Santa Rosa.

Primer plano. Ejemplar adulto de marmosa (Thylamis bruchi) sobre un algarrobo en la Reserva de Biósfera Ñacuñán, Santa Rosa.

Las marmosas (género Thylamys) se distribuyen principalmente en ambientes áridos y semiáridos del país. En Mendoza se encuentran dos de las seis especies que habitan en nuestro país y están presentes en zonas de alta montaña y piedemonte, y en zonas más llanas como el sureste mendocino. En algunos casos se las encuentra asociadas a los bosques de algarrobo, como ocurre en la Reserva de Biósfera Ñacuñán, ubicada en el departamento de Santa Rosa.

En general, las marmosas tienen un pelaje suave con un patrón tricolor, orejas grandes, patas pequeñas con pulgar oponible (¡como nosotros!). La cola, con extremo prensil, facilita el desplazamiento en los árboles. A diferencia de las comadrejas overas o especies de mayor tamaño, no poseen marsupio, por lo que las crías no están protegidas por la “bolsa” típica de este grupo de mamíferos. Se alimentan principalmente de insectos y arácnidos, es decir comen polillas, arañas, escorpiones, escarabajos, gusanos, entre otros. También comen hojas de algarrobo y algunos frutos que aparecen en el verano del monte mendocino. Durante el verano y el otoño, comienzan a crecer y a almacenar grasa en la base de su cola, la cual aumenta su grosor. Finalmente, cuando termina el invierno, las marmosas tienen su cola arrugada por haber consumido toda la grasa almacenada. Con el comienzo de la primavera, aumentan su tamaño corporal: se avecina la etapa reproductiva y ésta requiere de mucha energía.

A diferencia de los mamíferos placentarios (como nosotros los humanos) que se pueden encontrar en todos los continentes del mundo (incluso en la Antártida), los marsupiales solamente habitan en Australia y América.

En algunas especies de marmosas, se ha observado que se reproducen una única vez en su vida y luego mueren, una estrategia muy poco común en mamíferos y que se denomina semelparidad. Este tipo de estrategia es común en invertebrados y plantas. Sin embargo, en mamíferos sólo se ha registrado en algunas pocas especies de marsupiales y entre ellas se encuentran algunas especies de marmosas, como la que encontramos en Mendoza. Si una especie tiene una única oportunidad para reproducirse en su vida, entonces necesita que ese evento sea exitoso para que pueda perdurar en el tiempo. En las marmosas, el tiempo que las crías necesitan para crecer y valerse por sí mismas es relativamente largo. Esto hace que los adultos solo puedan tener una camada durante la época del año en que el alimento es más abundante.

Alimentar a las crías

En el caso de estos pequeños marsupiales, tanto los machos como las hembras mueren luego de la temporada reproductiva. Para ser animales tan pequeños, tienen tamaños de camada llamativamente numerosos, ya que pueden tener hasta 15 crías en un solo evento, dado el número de pezones que tienen en su abdomen; aunque normalmente se registran entre 7-8 crías. Teniendo en cuenta que las marmosas no tienen marsupio, es probable que las hembras tengan que mantenerse refugiadas cuando las crías son muy pequeñas, a expensas de salir a buscar alimento. No sería raro pensar que, después de alimentar a una prole de ese tamaño, no queden energías disponibles para enfrentar otro invierno y otra temporada reproductiva.

Marmosas, los curiosos marsupiales que habitan en Mendoza
Cajas nido. Estos elementos sirven para capturar marmosas, ya que los animalitos las utilizan como refugio durante el día (fase de descanso).

Cajas nido. Estos elementos sirven para capturar marmosas, ya que los animalitos las utilizan como refugio durante el día (fase de descanso).

Si bien las marmosas son especies solitarias, también se las puede encontrar agrupadas en distintos momentos del año. Generalmente se agrupan los juveniles (quizás hermanos/as) o bien un adulto (macho o hembra) con crías casi independientes. Estos agrupamientos se observan con frecuencia cuando las temperaturas ambientales son bajas, por lo que es probable que también sea un mecanismo para conservar el calor.

Las variaciones en los patrones de lluvia o la intensificación de las sequías pueden alterar la sincronía natural entre la reproducción y las condiciones ambientales favorables. La particular estrategia reproductiva de las marmosas implica que no tengan gran flexibilidad frente a los cambios ambientales inesperados, como los que vienen ocurriendo en los últimos años. Por ello, todo el conocimiento que se adquiera sobre esta especie es de suma importancia para promover la conservación de las marmosas y los ambientes que habitan.

(*) La autora es bióloga egresada de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNCuyo. Actualmente es alumna del Doctorado en Ciencia y Tecnología de dicha casa de estudios y tiene una beca doctoral de Conicet. Su lugar de trabajo es el Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (Iadiza).

Producción y edición: Miguel Títiro - [email protected]

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