26 de junio de 2026 - 17:52

"El verdadero desastre empieza después": la mirada social desde Mendoza que deja el terremoto de Venezuela

La especialista en gestión de riesgos Gloria Bratschi sostiene que los terremotos no terminan cuando deja de temblar la tierra. Advierte que la información, la prevención y la preparación comunitaria son tan importantes como las construcciones sismorresistentes.

Mientras ingenieros, geólogos y especialistas analizan las causas y consecuencias del terremoto que sacudió a Venezuela, hay otra dimensión que suele recibir menos atención: la social.

Para la profesora y comunicadora social Gloria Bratschi, integrante de la Red Global de Organizaciones de la Sociedad Civil para la Reducción de Desastres (GNDR), el impacto de un terremoto no se mide únicamente por los edificios que caen o por la magnitud registrada en los instrumentos.

"El verdadero desastre empieza después", resume.

La especialista habla desde la experiencia. Participó activamente durante el terremoto de Mendoza de 1985 y también vivió desde los medios de comunicación el devastador terremoto de Caucete, en San Juan, en 1977. Aquellas experiencias marcaron el inicio de una trayectoria dedicada a estudiar la relación entre la información, la comunidad y las emergencias.

Cuando la tierra deja de temblar

Bratschi recuerda que en los primeros minutos posteriores a un terremoto suele aparecer un fenómeno tan peligroso como el propio movimiento sísmico: la incertidumbre.

"La gente no sabía realmente qué había pasado. Muchos decían que el terremoto había sido en San Juan y no acá. Había desorientación, falta de información precisa y mucha incertidumbre", recuerda sobre los eventos vividos en la región.

Según explica, allí comienza lo que muchos especialistas denominan "el segundo desastre": las consecuencias sociales, psicológicas e institucionales que aparecen después de la emergencia inicial.

Por eso considera que el caso venezolano deja una enseñanza que Mendoza no debería ignorar.

"Nos acostumbramos a convivir con la amenaza sísmica y dejamos de enfocarnos en la prevención", advierte.

Mendoza tiene una ventaja

Al comparar la situación venezolana con la mendocina, Bratschi identifica una diferencia central: la cultura sísmica desarrollada por décadas de experiencia.

"Afortunadamente nosotros tenemos un código de construcción sismorresistente que se respeta y que nos da más confianza sobre los lugares donde vivimos y trabajamos", señala.

La especialista destaca que Mendoza ha reducido considerablemente algunas vulnerabilidades históricas, especialmente las asociadas a las construcciones de adobe que provocaron enormes daños en terremotos del pasado.

Sin embargo, aclara que ninguna normativa elimina completamente el riesgo.

"Las grandes ciudades siempre son las más expuestas porque concentran personas, actividades, infraestructura y múltiples vulnerabilidades", explica.

El riesgo se construye

Uno de los conceptos que Bratschi intenta difundir desde hace años es que los desastres no son exclusivamente fenómenos naturales.

"El desastre no es natural. Es socionatural", afirma.

La diferencia parece sutil, pero es fundamental. Según explica, el riesgo surge de la combinación entre una amenaza —como un terremoto—, el nivel de vulnerabilidad existente y el grado de exposición de la población.

En otras palabras, un mismo terremoto puede tener consecuencias muy diferentes según cómo y dónde viva la gente.

Por eso insiste en que la prevención debe convertirse en una tarea permanente.

Más importante que la mochila

Cuando se habla de preparación frente a terremotos suele aparecer una recomendación clásica: contar con una mochila de emergencia.

Bratschi considera que es una medida positiva, pero cree que existe algo aún más importante.

"La mochila sirve, pero lo fundamental es la conducta y la actitud frente al riesgo", sostiene.

La especialista señala que durante un desastre muchas personas ni siquiera tienen acceso inmediato a esos elementos. En cambio, la capacidad para mantener la calma, interpretar correctamente la situación y actuar de manera organizada puede resultar decisiva.

Por eso pone especial énfasis en la educación, los simulacros y la participación comunitaria.

"No alcanza con diseñar planes desde una oficina. Hay que trabajar con la gente, escuchar a las comunidades y construir la prevención junto a ellas", afirma.

Aprender de quienes sufrieron antes

Bratschi menciona a México, Chile y Japón como ejemplos de países que transformaron experiencias traumáticas en políticas permanentes de reducción del riesgo.

Recuerda que cada gran terremoto deja lecciones que pueden aprovecharse para disminuir futuras pérdidas.

"¿Por qué algunos países reducen la cantidad de víctimas? Por la actitud, la conducta y la preparación de la población, además de la construcción sismorresistente", señala.

En ese sentido, considera que el terremoto venezolano debería servir también como un recordatorio para Mendoza.

"No hay que olvidar. Hay que traer la memoria al presente", sostiene.

La resiliencia como desafío

Para la especialista, uno de los mayores retos es fortalecer la resiliencia social, es decir, la capacidad de afrontar situaciones extremas, recuperarse y salir fortalecidos.

"Los jóvenes que nunca atravesaron un terremoto importante son quienes más necesitan incorporar esta cultura de prevención", explica.

Y concluye con una idea que resume toda su mirada sobre el tema: el mejor homenaje a las víctimas de cualquier desastre no es recordarlas únicamente cuando ocurre una tragedia, sino trabajar todos los días para reducir los riesgos y evitar que las pérdidas vuelvan a repetirse.

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