Parece una contradicción, pero no es así. El cielo de la economía se tiñe cada vez más de azul, porque ayer el dólar paralelo “voló”, al aumentar más de 40 centavos y ubicarse por encima de $ 8,70 en Buenos Aires. Cuando más alta sea la cotización del “blue”, mayores son los riesgos sobre la economía.
En realidad, la disparada se había iniciado la semana pasada, cuando la AFIP dispuso bloquear la compra con tarjetas de crédito de fichas en los casinos del exterior, para ponerle coto a una maniobra que algunos utilizaban para hacerse de dólares a precio oficial en el extranjero.
Pero la situación se magnificó esta semana al anunciar el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, la aplicación de un sobre precio del 20% en las ventas de paquetes turísticos y pasajes al exterior, el cual será considerado como una percepción a cuenta del impuesto a las ganancias.
Estas medidas generaron la sensación de que el gobierno tiene problemas con el stock de dólares y podría generar una maxidevaluación, Otros, en cambio, sintieron que les ponían trabas a sus planificadas vacaciones de Semana Santa.
Lo cierto es que con las nuevas medidas, el “dólar turismo” quedó en una paridad de $ 6,12, lo que llevó a los operadores buscar mantener con el blue la misma diferencia que había antes, cercana al 37%. El problema es que aparecieron muchos más operadores demandado dólares en un mercado muy pequeño que tiene pocas fuentes de alimentación y donde la demanda supera a la oferta.
¿Hasta donde puede crecer el dólar paralelo? Es difícil decirlo, pero está claro que a esta altura se compran monedas norteamericanas a precio de pánico. No obstante, en este contexto, el precio no tiene techo y agravará el estancamiento de la economía.
Lo más grave es la inacción del gobierno en cuanto a tomar medidas consistentes y de fondo.
No es bloqueando los viajes al exterior o poniendo precio máximo al pescado como se bajarán las expectativas inflacionarias, pero el problema es que quienes deberían conducir no lo están haciendo.
Aparentemente, desde el gobierno vienen postergando la decisión de generar un tipo de cambio múltiple (oficial, financiero y turista) hasta que pasen las elecciones, pero al parecer la situación los obligará a tomar decisiones a corto plazo. Una diferencia del 60% entre la cotización oficial y la del paralelo le hace muy mal a la economía porque hace perder los puntos de referencia.
El comportamiento hacia el futuro va a depender de la cantidad de billetes que inyecte al mercado el Banco Central. Hasta hora quedó demostrado que la emisión monetaria tuvo un efecto expansivo durante un tiempo, donde se incentivo la compra de autos, televisores, lavarropas y bienes varios. Pero esas compras para ahorro ya se agotaron y los que tienen excedentes, se vuelcan al dólar.
Superada la primera etapa, ahora la expansión monetaria no tiene efecto expansivo sino que alimenta al dólar, genera inflación y termina teniendo un efecto contractivo de la economía. Todo lo contrario a lo que busca el gobierno.
Pero parece que no saben otro libreto, y así como el congelamiento por 60 días parece que quieren que sea eterno, el cepo cambiario, seguramente, sumará nuevos torniquetes en los cuales habrá que tener un dato muy importante, como es el efecto social.
Los pobres y la mayoría de los trabajadores y jubilados no pueden comprar dólares ni viajar al exterior, pero serán los que sufrirán con una escalada inflacionaria, el estancamiento y el menor empleo.
El cielo tan azul presagia un frente de tormentas.