14 de julio de 2013 - 22:28

La cicatriz de Tevez vale más que 40 millones de dólares

Rebelde, políticamente incorrecto y aferrado a la cultura de sus orígenes, el “Apache” no encaja en ningún estereotipo de docilidad. Otro ejemplo lo dio en su llegada a Juventus, cuando prefirió un contrato de 3 años a uno de 5 para terminar su carrera en

El “Pitbull”, como lo conocían en Fuerte Apache, suele cumplir de tanto en tanto con la ley del eterno retorno y vuelve a su paraíso terrenal, el “Fuerte”, como él lo llama, para recorrer de vuelta aquellos pasillos y galerías de la planta baja de los monoblocks, ubicado en el oeste del conurbano bonaerense, en Ciudadela, en un barrio que como nombre real lleva el de “Ejército de los Andes”, al cabo sólo un eufemismo.

Ese enclave, poblado por sectores vulnerables y urbano marginales, fue ideado en los ‘70, cuando se intentó erradicar el barrio de emergencia cercano a la zona de Retiro (hoy, villa 31, pegado a la Terminal de Ómnibus), cuyo máximo referente desde el punto de vista social era el Padre Carlos Mugica, también conocido como el “Cura villero”.

En el imaginario de la época, se presuponía que el cambio de hábitat iba a favorecer la socialización de los nuevos vecinos, con servicios como luz, agua, gas y cloacas, más escuelas y centros de salud dentro del predio.

Sin embargo, la visión inicial fue mutando a partir de la cruda realidad: la proliferación de bandas que dirimían las internas del poder noche tras noche, la violencia intrafamiliar, las adicciones y la deserción escolar fueron dejando huellas en la comunidad.

Un caso testigo de la crudeza de la cotidianidad, apenas uno entre tantos, se dio en la familia Martínez, cuando Fabiana, poco antes de cumplir 16 años, abandonó a su bebé de seis meses, quien quedó al cuidado de sus tíos, verdaderos padres adoptivos. Carlitos, así, creció entre los brazos de Adriana, hermana de su madre biológica, y de Segundo Tevez, de profesión albañil y de quien tomó su apellido.

Poco tiempo después, en un descuido, agua hirviendo cayó sobre el cuello y parte del pecho del niño, ya de diez meses. Una marca que, para el hoy estrella futbolística internacional y rico en materia económica, es casi su documento de identidad.

Carlos Alberto Martínez se destacaba en el fútbol infantil de All Boys cuando Boca logró convencer a sus padres adoptivos para que le pusieran el apellido Tevez y así pudiera hacerse el traspaso, apelando al derecho de patria potestad.

Ya en las inferiores “xeneizes”, el delantero fue abriéndose espacio gracias a sus cualidades futbolísticas y tuvo como ídolo a quien estaba dando sus primeros pasos en Primera, el por entonces juvenil Juan Román Riquelme. Una foto de Carlitos, cuando era alcanza pelotas, junto a Román, sigue siendo uno de sus mayores recuerdos.

El ascenso vertiginoso rumbo al plantel profesional de Boca tuvo una relación simétrica con su explosión como futbolista de primer nivel. Su año bisagra fue 2003, cuando llegó a vislumbrarse en él a la mejor aparición del fútbol argentino desde Diego Maradona, inclusive por sobre Riquelme, Mascherano, Aimar y Saviola, los mejores exponentes del momento.

La aparición del empresario iraní Kia Joorabchian determinó que el ya apodado “Apache” estuviera listo para dar el salto hacia las grandes ligas europeas, previo paso por la brasileña. Allí, en el Corinthians, Tevez tuvo una excepcional participación en el “Timao” campeón 2005, al punto de consagrarse definitivamente como ídolo.

De todos modos, su carácter lo llevó a protagonizar dos hechos propios de una personalidad indócil y mucho menos contemporizadora: se tomó a golpes de puño con un compañero del plantel “albinegro”, tras una discusión en un entrenamiento y, semanas después, se enfureció con un grupo de hinchas gritándoles que no iba a permitir que le faltaran el respeto.

Un Tevez auténtico, igual que cuando se enojaba jugando al fútbol en Fuerte Apache. Ni siquiera su cuenta millonaria, los autos de alta gama y el hecho de ser una figura pública habían logrado amansarlo.

La llegada a la Premier League, junto a Mascherano (también lo había acompañado en Brasil), supuso para Carlitos, el díscolo y amable a la vez, el ingreso a un ambiente de normas, hábitos y comportamientos diferentes a los que él estaba acostumbrado en suelo sudamericano.

Aún se recuerda su frenético cuan visceral festejo de su primer gol en el West Ham, el equipo del suburbio londinense al cual había llegado y que peleaba por no descender. Lejos de las coreografías que producen algunos futbolistas cerca de los fotógrafos, Tevez saltó la divisoria entre campo de juego y platea para abrazarse con los hinchas, quienes - asombrados - lo hundieron en una virtual montaña humana.

De Londres a Manchester, en estado de “Apache” puro. Temperamental, intenso, disruptivo e inconformista Tevez. De haberse ganado la idolatría absoluta del fanático de los Red Devil’s hasta los primeros encontronazos con Sir Alex Ferguson, ni más ni menos que el entrenador leyenda viviente. Lejos de buscar un acercamiento, debido a que esto le significaba reconocer públicamente un error que él sentía que no había cometido, llegó el inolvidable “it´s very difficult” como respuesta al periodista que le preguntaba si iba a continuar en el club.

Haberse cruzado de vereda al City, la otra porción futbolera de la ciudad, le significó el rechazo inmediato de los simpatizantes del United. Y en su nueva casa, aún en la victoria, la pelea con el director técnico Roberto Mancini terminó horadando no sólo su titularidad, sino también su continuidad en la entidad adquirida por jeques árabes.

¿Qué decidió al delantero a sumarse al fútbol italiano? ¿Dinero? No: su fortuna amasada en su carrera se calcula en 40 millones de dólares a mediados de 2016, cuando finalice su contrato de tres años con la Juventus.

¿Reinserción en la Selección a un año del Mundial? Tampoco: ya expresó semanas atrás que se sentía fuera y que Sabella no lo tendría en cuenta. Lo que movilizó a Tevez fue el volver a sentir afecto, previendo que la efusividad itálica lo contendrá mejor que el disciplinado reconocimiento británico. Lo esperan con la “10” de un ícono “bianconero” como Del Piero y también con la expectativa de haber sumado a un 'fuoriclasse'.

Y, tras su experiencia en el Calcio, el proyecto personal de su ansiado regreso a Boca para finalizar su carrera.

Al fin y al cabo, el “Apache” se siente cómodo con sus símbolos: el orgullo, sus convicciones, la honestidad brutal y la inconmovible lealtad a su vocación de políticamente incorrecto. Como cada vez que le consultan si alguna vez va a hacerse una cirugía estética para borrar la cicatriz de su cuello. “¿Para qué? Si yo soy feliz así”, responde.

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