12 de agosto de 2018 - 00:00

Chucho - Por Jorge Sosa

El miedo no es sonso, dice un refrán y no sé si tiene mucho de razón, porque muchas veces, cuando cometemos miedo estamos tan turbados, tan sacados de la normalidad que seguramente también cometemos sonseras.

Hay muchas frases que hablan del miedo y algunas lo hacen con cierto matiz poético: "Nunca dejes que el miedo sea tan grande que te impida seguir caminando"; "El miedo es la prisión del corazón"; "No tengas miedo cuando se ponga todo muy oscuro, recuerda que en la oscuridad es cuando salen las estrellas"; "Cuando antes te enfrentes con el miedo antes dejará de perseguirte"; "El miedo a sufrir es el peor sufrimiento".

Pero también hay frases pretendidamente graciosas al respecto: "El miedo más grande que tenía Einstein era caerse y perder el conocimiento"; "Valiente es alguien que es demasiado lerdo para disparar"; "El miedo de un músico es un jabón de tocador"; "Miedo es cuando sale agua fría de la ducha y vos estás en un rincón, indefenso"; "Como se les llama a las personas que le tienen miedo a Santa Claus: claustrofóbicos".

"No se puede tomar decisiones basadas en el miedo y en la posibilidad de lo que podría suceder". Esta es muy aplicable a la realidad argentina, porque en estos momentos hay personas que han pasado mucho tiempo envueltos en el engañoso manto de la transparencia que súbitamente han adquirido miedo. Me estoy refiriendo a los casos de corrupción que han estallado en estos días y han involucrado a un montón de empresarios.

La corrupción existió siempre en el mundo. El pitecantropus que había acumulado mucha leña, indispensable para aquella época del nacimiento del fuego, hizo un trueque con otro pitecantropus que le ofrecía puntas de flecha. Y cerraron el trato, pero el pitecantropus primero le dijo al segundo:

“De todos los leños que te he dado déjame unos 20 tocones a modo de reembolso”. Había nacido la corrupción.

Claro que lo actual no son palotes ni puntas de flechas, son millones. El sistema es simple, el gobierno le otorga una obra (o un servicio) a una poderosa compañía correctamente establecida y le hace ganar una ponchada de dólares. Por contrapartida el gobierno le dice: "Ya que te hice ganar tanta guita que una parte de esa guita vuelva a nuestras manos". Pero la guita que está en juego no es de los empresarios ni del gobierno es del pueblo que la materializó a través de los impuestos que nos cobran. Es como hacer burbujas con un jabón ajeno.

Y esto es lo que ha ocurrido. Uno tiene la sensación de que donde hay montañas de dinero hay corrupción. Porque cuando se mueven tantos millones de guita siempre existe la posibilidad de que se produzca alguna fuga, algún escape. “¿Cómo no le vamos a dar unos milloncitos al funcionario Fulano si nos hizo ganar tanta guita con esta obra? Es más, de no haber sido por él no la hubiéramos conseguido. Tenemos que ser un poco atentos, che”.

Y la cosa se armó, se viene armando desde hace mucho tiempo. Ocurre que desde el tiempo en que se viene armando los empresarios siempre se habían salvado de la parte de culpa que les corresponde hasta que les llegó el día.

Por eso hablaba de miedo. En estos momentos debe haber muchos funcionarios a los que se les debe estar frunciendo la parte de atrás, por temor a ser descubiertos. Porque ellos saben que han cometido acciones similares a los que han sido imputados. El problema, para ellos, es que se sepan.

Que bueno sería que se sepa todo, hasta el mínimo detalle, hasta el mínimo dólar que entró en la negociación, porque sería una justicia para nosotros, el pato de la boda, y porque daría un mensaje claro: No hay ningún tipo de jabón para aquel que se ensució las manos.

Hay muchos empresarios con miedo, tienen miedo de que vayan a bucear más debajo de lo que se ve del iceberg. Malos días para los que tienen basuritas en sus conciencias.

LAS MAS LEIDAS