29 de diciembre de 2012 - 22:28

China y Norcorea para limitar a EEUU

Aún cuando Corea del Norte pasó por alto la petición de China para que no probara su nuevo misil de mayor alcance, todo parece indicar que la nueva dirigencia china está determinada a mantenerse como un firme apoyo de su díscolo vecino porque considera que el Norte es necesario, como un amortiguador en contra de Estados Unidos y sus aliados.

Algunos analistas dijeron que el máximo temor de China era un colapso del gobierno comunista de línea dura en Pyongyang, lo cual pudiera conducir a la reunificación de la península Coreana bajo un gobierno en Seúl aliado con Estados Unidos. China, destacaron, consideraría inaceptable la presencia de Estados Unidos a su puerta.

Sin embargo, el inflexible apoyo de China hacia Kim Jong Un tiene un grave lado negativo, agregaron, porque pudiera conducir a un resultado casi nada paladeable: esfuerzos de Estados Unidos y sus aliados regionales, Japón y Corea del Sur, por contener a China.

“Eso agita la seguridad nacional”, dijo Zhu Feng, catedrático de relaciones internacionales en la Universidad de Pekín que favorece una reducción del apoyo hacia Corea del Norte.

Sin nombrar a Estados Unidos, agregó que el lanzamiento del misil “a quienes censuran a China, facilita el trabajo en políticas de línea dura para contener a China o solo equilibrar a China"”

Funcionarios de la administración Obama estaban claramente exasperados por estos días con la incapacidad de China para contener a Kim, diciendo que estaban considerando una presencia militar más fuerte en la región Asia-Pacífico.

Debajo de la tolerancia oficial de Corea del Norte hierve a fuego lento un debate entre analistas sobre la sensatez de mantener la lealtad hacia un país tan atípico del mundo y su desafiante y joven líder, los cuales se esfuerzan por influir sobre la política exterior de China.

China corre el riesgo, dijo Zhu, de ser apilada con Corea del Norte como uno “de los dos malos”.

“Me siento sumamente frustrado”, agregó Zhu. “Cuando menos deberíamos distanciarnos de Corea del Norte. La realidad es que, mientras Corea del Norte no pueda cambiar su conducta, entonces la paz y estabilidad en la península serán cada vez más vulnerables”.

China le ha pedido dos veces a Kim, quien heredó la dirigencia de Corea del Norte tras la muerte de su padre al final del año pasado, que no proceda con pruebas de misiles, y dos veces él ha rechazado sus súplicas. Poco después de su llegada al poder, un viceministro chino de asuntos del exterior, Fu Ying, visitó Pyongyang para advertirle que no condujera un ensayo. En abril, Kim prosiguió de cualquier manera con el lanzamiento de un cohete, que no funcionó. El mes pasado, Li Jianguo, miembro del Politburó, visitó Corea del Norte para exhortar de nuevo al autocontrol.

A pesar de su insatisfacción, la dirigencia china ve pocas opciones aparte de soportar ese tipo de indignidades.

El ligero resentimiento expresado por la Cancillería hace dos miércoles no fue una señal de que China alteraría su rumbo, dijeron los analistas, o que apoyaría sanciones más severas en Naciones Unidas.

La reacción oficial fue “muy dudosa”, dijo Jin Canrong, catedrático de relaciones internacionales en la Universidad Renmin de Pekín.

Después del ensayo con misil, Washington de inmediato empezó a presionar por sanciones más profundas en Naciones Unidas y por un recrudecimiento de sanciones existentes, a lo que China accedió después de lanzamientos previos de cohetes.

“China no apoyará una resolución; favorecerá una declaración del presidente”, dijo Cai Jian, el subdirector del Centro para Estudios Coreanos en la Universidad de Fudan, en Shangái. Se considera que una declaración del presidente en Naciones Unidas es una forma mucho más débil de condena que las sanciones.

Una gran razón para no respaldar nuevas sanciones es el temor de que pudieran provocar que Corea del Norte probara otra arma nuclear, perspectiva mucho peor que el lanzamiento de un cohete desarmado como el de hace dos miércoles, dijo Jonathan D. Pollack, experto en Corea del Norte por la Brookings Institution, en Washington.

“Los norcoreanos presentaron objeciones en cuanto a un tercer ensayo nuclear en abril, muy probablemente bajo intensa presión de China”, dijo Pollack.

En 2006 y 2009, Corea del Norte probó un arma nuclear poco después de lanzar misiles. Pollack dijo que una repetición de esa acción presentaría una importante prueba para la administración Obama.

“Pyongyang pudiera haber decidido que ahora es el momento para dejar puesta una clara marca, conforme el segundo mandato de Obama se aproxima y a medida que Corea del Sur elige a un nuevo presidente”, dijo.

Más allá de los duros interrogantes estratégicos para la nueva dirigencia china, deberían considerarse las inquietudes del chino común con respecto a la razón por la cual China financia a un gobierno tan despiadado, dijeron varios analistas chinos.

“Internamente en China, muchas voces están poniendo en duda todo este gasto en lanzamientos de cohetes en vez de mejorar las formas en que la gente se gana la vida”, afirma Jia Qinqquo, experto en la Universidad de Pekín.

El gobierno surcoreano recientemente estimó que Corea del Norte había invertido de 2.800 a 3.200 millones de dólares desde 1998 en su programa de misiles, dijo Stephan M. Haggard, catedrático de estudios Corea-Pacífico en la Universidad de California, en San Diego. Esa suma de dinero habría alcanzado para comprar suficiente maíz para alimentar al país durante aproximadamente tres años, destacó Haggard.

El debate dentro de China sobre su relación con Corea del Norte surge de la inusual naturaleza de la alianza. Fundamentalmente, ambos gobiernos no sienten agrado entre sí y abrigan profundas sospechas mutuamente, dijo Stephanie T. Kleine-Ahlbrandt, la directora de proyecto China y Noreste de Asia por el Grupo Internacional de Crisis en Pekín.

Cuando funcionarios norcoreanos visitaron Singapur este año para obtener nuevas ideas para el gobierno de Kim, dirigentes en Pekín -quienes han enviado equipos de sus propia gente a Singapur para que estudie su forma más suave de dirigencia unipartidista- se pusieron muy nerviosos, notó.

El mayor temor es que cualquier cambio fundamental en Corea del Norte enviaría ondas de refugiados al interior de China, a los cuales sería considerablemente más difícil absorber que a personas de otras nacionalidades en las fronteras de China.

“Para los chinos”, dijo Kleine-Ahlbrandt, “es menos problemático mantener a Corea del Norte como está que enfrentar un colapso”.

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