8 de diciembre de 2012 - 23:14

El chillido de los murciélagos

Los ojos humanos, colocados donde están, en órbitas frontales, nos dan un ángulo de visión limitado: vemos lo que está directamente frente a nosotros, con sólo unos grados de visión periférica. Pero los murciélagos pueden ampliar y reducir su “campo visua

Los murciélagos encuentran camino en la noche emitiendo señales de sonar y usando el eco que regresa para crear un mapa de lo que los rodea, proceso llamado ecolocación. Los investigadores han sabido desde hace mucho que los murciélagos chicos emiten chillidos de mayor frecuencia que los murciélagos más grandes, y la mayoría asumía que la diferencia surge porque los animales más chicos deben atrapar insectos más chicos, sobre los que no reflejan bien las ondas sonoras de baja frecuencia con amplitud de onda larga.

Eso no tenía mucho sentido para Annemarie Surlykke, neurobióloga que estudia ecolocación de murciélagos en la Universidad del Sur de Dinamarca, en Odense. “Si analizamos las frecuencias reales, los murciélagos chicos podrían detectar incluso las presas más chicas que se llevan con una frecuencia mucho más baja”, dice. “Por tanto, debe haber otra razón”, considera.

Surlykke y sus colegas decidieron probar la hipótesis estudiando seis especies de murciélagos emparentados de distintos tamaños. Capturaron los animales en estado salvaje y los soltaron en una sala de vuelo, un corredor completamente oscuro de 2,5 metros de alto, 4,8 metros de ancho y 7 metros de largo, equipado en todas partes con micrófonos y cámaras infrarrojas. “Es un espacio bastante confinado, así que esto corresponde con volar cerca de la vegetación”, dice Surlykke.

Llamado directo

Al medir el tiempo que requirieron las señales de ecolocación de un murciélago en chocar con distintos micrófonos, el equipo de Surlykke pudo identificar la ubicación exacta de los animales en vuelo. Entonces, pudieron analizar la intensidad de cada señal, así como el tamaño de la boca de cada animal, para reconstruir la amplitud del haz sonoro.

Bajo las condiciones específicas de la sala de vuelo, según descubrieron los investigadores, los animales ajustaron la frecuencia de sus señales y la apertura de su boca para producir la misma amplitud del haz de sus llamados de ecolocación, alrededor de 37 grados,

independientemente del tamaño de los animales. En estudios previos, dos especies estudiadas en el campo usaron distinta amplitud de haz, dependiendo de si estaban escaneando desde las alturas en busca de presas o si estaban por lanzarse para la captura.

“Eso significa que los murciélagos chicos, según creemos ahora, no están forzados a usar una frecuencia alta para detectar a su presa, sino a mantener angosto el haz”, precisa Surlykke. Una vocalización de menor frecuencia ampliaría el haz, haciendo que golpee más objetos e incrementando el ruido en la señal, lo que dificultaría la ecolocación. Entonces, las especies chicas necesitan usar frecuencias altas simplemente porque sus bocas son chicas.

Afuera

Hans-Ulrich Schnitzler, especialista en ecolocación de la Universidad de Tubingen, Alemania, aplaude el hallazgo por aportar a la disciplina un parámetro no considerado previamente. “Realmente pienso que abre un nuevo campo”, dice.

Sin embargo, considera que la conclusión del grupo aún no es definitiva. “Ahora tiene que documentarse en otras especies y en vuelos en estado natural, en cielo abierto, en los bosques, en distintos hábitats”, subraya Schnitzler.

Surlykke dice que su grupo sólo examinó murciélagos que hacen ecolocación usando la boca. “Una de las preguntas fascinantes es cómo funciona esto en murciélagos que emiten por la nariz”, explica.

El estudio hace que surja la duda de cómo perciben su ambiente los murciélagos, acota Surlykke, y su grupo también tiene planeado analizar esto.

“El hecho de que el haz sea constante significa que lo importante está en la cabeza del murciélago, y no en el ambiente”, dice James Simmons, neurobiólogo de la Universidad Brown, en Providence, Rhode Island. “A final de cuentas”, agrega, “es un problema psicológico”.

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