Nicolás Maduro ciertamente no es el primer candidato político que invoca el nombre y el legado de un líder muerto para ganar votos. Sin embargo, podría ser el primero en decir que su mentor político, el presidente Hugo Chávez, lo visitó desde más allá de la tumba en la forma de un pajarito.
Así que ahora silba como pajarillo en mítines de campaña. En Venezuela está en marcha una campaña intensa y comprimida por la presidencia, un mes después de la muerte de Chávez a causa del cáncer.
Los electores acuden a las urnas en el día de hoy para elegir entre Maduro, sucesor político elegido personalmente por Chávez, y Henrique Capriles Radonski, gobernador estatal que apenas hace seis meses montó una vigorosa, aunque perdedora, campaña en contra de Chávez.
Con todas las complicaciones temporales que Venezuela enfrenta, incluida delincuencia descontrolada, alta inflación y problemas de producción en el importantísimo sector petrolero del país, la campaña de Maduro ha dado su mejor esfuerzo por apalancar lo espiritual, haciendo énfasis en sus estrechos vínculos, que aún continúan, con el difunto líder.
A veces, es como si el mismo Chávez se estuviera postulando de nuevo. En mítines de Maduro, las imágenes de Chávez están por doquier, con el lema "¡Chávez vive!" Canciones de la vieja campaña de Chávez retumban a través de las bocinas.
Su imagen estuvo desplegada en gigantescas pantallas de televisión en el escenario donde Maduro hablaba. Vendedores ambulantes promueven llaveros con la imagen de Chávez de un lado y de Jesús del otro. Sus partidarios cantan siguiendo una grabación de Chávez cantando a grito pelado el Himno nacional.
Maduro redondea el punto diciéndole a la muchedumbre que su única misión, si él gana, será llevar a cabo la revolución socialista que Chávez dejó inconclusa. Se hace llamar "el hijo de Chávez".
Chávez fue un carismático populista y una piedra en el zapato de Washington, al que ridiculizó como una fuerza imperialista del mal, incluso al tiempo que él cosechaba los beneficios financieros de que Venezuela sea el cuarto mayor proveedor de petróleo extranjero de Estados Unidos.
Maduro, de 50 años, quien fue el vicepresidente de Chávez y actualmente es el presidente provisional, ha seguido el ejemplo de su mentor. Expulsó a dos agregados militares de la Embajada de Estados Unidos, aduciendo que estaban buscando desestabilizar al país, al tiempo que sugirió que Estados Unidos podría haber causado el cáncer de Chávez.
Él acusa a ex diplomáticos estadounidenses de tramar su asesinato. Además, rechazó tajantemente unas conversaciones enfocadas a mejorar las relaciones entre ambos países.
Pero, solo por si eso no bastara, quiere que el pueblo sepa que Chávez, quien es venerado por muchos como algo cercano a Dios, le ha llegado desde el más allá.
En una aparición por televisión la semana pasada desde el poblado natal de Chávez, Sabaneta, en las planicies del oeste, le dijo a la nación que él había estado rezando en una pequeña capilla cuando entró volando un pajarito, se posó sobre una viga y le cantó. Maduro dijo que él contestó con un silbido y que el ave respondió.
"Sentí su espíritu", aseveró Maduro. "Lo sentí ahí como si él nos estuviera dando su bendición, diciéndonos: 'Hoy empieza la batalla. Vayan a la victoria'".
La historia provocó abucheos de la oposición e incluso algunas cejas levantadas entre partidarios. Sin embargo, Maduro le está apostando a que hay abundantes creyentes entre las masas. "Es un mensaje de nuestro comandante", opina Elena Quiñones, de 54 años, en un mitin de Maduro en esta ciudad occidental. Ella llevaba una pancarta hecha en casa con fotografías de Chávez enmarcando uno de los principales lemas de campaña: "Te lo juro, Chávez, mi voto es por Maduro".
"Tenemos que continuar la revolución con su hijo, que es Nicolás Maduro", dijo Quiñones.
Maduro, quien pasó años lejos de la campaña electoral como ministro de Relaciones Exteriores, no es maestro en campañas, y con frecuencia parece que tiene dificultades para conectarse. En los mítines muchos ignoran su discurso, conversando y bebiendo cerveza. En uno de ellos se formó un gran círculo alrededor de unos jóvenes que tocaban tambores y bailaban, ajenos al discurso del candidato que sonaba a todo volumen desde parlantes ahí cerca.
"Maduro va a ganar a través de Chávez", asegura Livia Llovera, de 42 años de edad, quien trabaja en un preescolar. "Si solo fuera él, pudiera ser que no. El líder es Chávez. Nosotros lo admiraremos por siempre".
Atomizada en apenas unas pocas semanas, la campaña culminó negativa. Maduro se burló de Capriles, llamándolo Caprichito, en un juego de palabras con su apellido.
Él alegó que la oposición planea sabotear la red de electricidad para alterar la elección, al tiempo que acusó a Capriles de estarse preparando para abandonar la campaña y mudarse a Nueva York. El domingo pasado, Maduro dijo que un cercano asesor de Capriles estaba coludido con gente que buscaba matarlo a él.
Capriles, de 40 años, difícilmente se ha mostrado recatado, llamando a Maduro "Mentiras Nuevas" y "el candidato del pajarito". Ha acusado al Partido Socialista Unido al que pertenece Maduro de obtener un código secreto que puede encender o apagar máquinas para votar.
Se considera ampliamente que Maduro es el favorito.
Chávez, quien dominó la vida política venezolana durante 14 años con su desmedida personalidad y firme control del poder, derrotó a Capriles por 11 puntos porcentuales en octubre, aunque Capriles recibió la mayoría de los votos para un candidato de la oposición desde que Chávez fue elegido por vez primera, en 1998. Chávez murió el 5 de marzo; el ganador de las elecciones de este domingo completará su mandato de seis años, que empezó en enero.
En el mitin de Maracay, Maduro silbó al micrófono, apuntando a un pájaro imaginario que sobrevolaba ahí. Carolina Díaz, de 38 años, cargaba una pancarta que mostraba la cabeza de Maduro sobre un plátano amarillo. Sobre el escenario, Maduro parecía, de manera incongruente, un niño explorador, con su camisa caqui, pañuelo rojo y pequeña mochila verde que ha empezado a usar, diciendo que está llena de los sueños revolucionarios de Chávez.
"Maduro no es convincente", dijo Edesia Rodríguez, de 58 años, partidaria de Capriles en un mitin para este candidato en la ciudad de Barinas, en el estado natal de Chávez. "Él está centrando su campaña en lo que fue Chávez. No tiene nada nuevo que ofrecer".
Sin embargo, eso pudiera ser lo que quiere la gente leal a Chávez. A medida que miles de personas se reunían para el mitin en Maracay, dos partidarios de hueso colorado de Chávez hablaron sobre su certeza de que Maduro sería elegido para llevar a cabo el legado del líder.
"Le pido a Dios, permíteme vivir hasta el 14 de abril para votar por Chávez", dijo uno de los hombres, Nayef Mussa, de 67 años.
"Por Maduro", lo corrigió su amigo, Marco Rojas, de 43 años. "Bah", expresó Mussa con un ademán de desdén. "Es lo mismo".
