Como ya ha pasado con otras situaciones institucionales, el Poder Ejecutivo actúa en forma incoherente con su propio discurso en la crítica a sus antecesores, y respecto a sus propios actos.
Como ya ha pasado con otras situaciones institucionales, el Poder Ejecutivo actúa en forma incoherente con su propio discurso en la crítica a sus antecesores, y respecto a sus propios actos.
Permanentemente vemos en los medios el mensaje del gobierno respecto al chau papel, al no más gastos en papel por parte del Estado, todo electrónico, impuestos, expedientes, pagos, etc.
Vamos hacia el mundo digital, pero eso sí: en todo menos en lo que no conviene. Concretamente me refiero a la deplorable lista sábana que nos obliga a elegir gente que no queremos elegir.
Y eso a pesar de haber sido prometido en la plataforma electoral del 2015 de Cambia Mendoza en el anexo ll octava propuesta, de que institucionalmente se iba a impulsar una reforma política a nivel nacional que tuviera como objetivo prioritario incorporar la boleta única para las elecciones nacionales, o que todo sea electrónico. Sin embargo, seguimos con la lista sábana de papel.
Tuve participación en las últimas PASO provinciales, y realmente me dio vergüenza el despilfarro económico en la emisión de millones de boletas sábanas, piezas enteras cubierta de boletas, y yo solo veía la de un grupo en que participaba; me imagino lo mismo en el resto de los competidores. Es más, el 25 de julio pasado Los Andes informó que se ha gastado en papel hasta ahora entre las Paso provinciales y las nacionales que vienen, más de 50 millones de pesos.
Hasta ahora nunca se pudo saber por qué razón, a pesar de la promesa electoral, no se usó el voto electrónico, o como dice la ley la boleta única de papel, que reducía en forma potencial el uso del papel. Como verán, lo que nos rige, es la conveniencia, no la coherencia, ya que si es bueno terminar con la papelería en la administración, también debería ser bueno terminar con el grosero gasto de papel de la lista sábana. Pero evidentemente no les conviene a los muchachos en sus estrategias políticas de poder.
Si no mejoramos la calidad institucional que debe estar signada por, la honestidad, la coherencia y el compromiso social, difícil será cambiar, porque al margen de las obras materiales también hay que mostrar el ejemplo en los valores. Y con estas incoherencias se agranda el descreimiento en la clase política, a la que en algún momento se le pasará factura.