6 de agosto de 2019 - 00:00

Chau papel, menos con la lista sábana - Por Pedro García Espetxe

Como ya ha pasado con otras situaciones institucionales, el Poder Ejecutivo  actúa en forma incoherente con su propio discurso en la crítica a sus antecesores, y respecto a sus propios actos.

Permanentemente  vemos en los medios el mensaje  del gobierno  respecto al chau papel,  al no más gastos en papel por parte del Estado, todo electrónico, impuestos, expedientes, pagos, etc.

Vamos hacia  el mundo digital, pero eso sí: en todo menos en lo que no conviene. Concretamente me refiero   a la  deplorable lista sábana que nos obliga a elegir gente que no queremos elegir.

Y eso a pesar de haber sido prometido  en la plataforma electoral del 2015 de Cambia Mendoza en el anexo ll  octava propuesta,  de que institucionalmente se iba a impulsar una reforma política a nivel nacional que tuviera como objetivo prioritario incorporar la boleta única para las elecciones nacionales, o que todo sea electrónico. Sin embargo, seguimos con la lista sábana de papel.

Tuve participación en las últimas PASO provinciales, y realmente me dio vergüenza el despilfarro  económico en la emisión de millones de boletas sábanas, piezas enteras cubierta de boletas, y yo  solo veía la de un grupo en que participaba; me imagino  lo mismo en el resto de los competidores. Es  más, el 25 de julio pasado Los Andes  informó que se ha gastado en papel hasta ahora entre las Paso provinciales y las nacionales que vienen, más de 50 millones de pesos.

Hasta ahora nunca se pudo saber por qué  razón, a pesar de la promesa electoral, no se usó el voto electrónico, o como dice la ley la boleta única de papel, que reducía en forma potencial el uso del papel.  Como verán, lo que nos rige, es la conveniencia, no la coherencia, ya que si es bueno terminar con la papelería en la administración, también debería ser bueno terminar con el grosero gasto de papel de la lista sábana. Pero evidentemente no les conviene a los muchachos en sus estrategias políticas  de poder.

Si no mejoramos la calidad institucional  que debe estar signada por, la honestidad, la coherencia y el compromiso social, difícil será cambiar, porque al margen de las obras materiales también hay que mostrar el ejemplo en los valores. Y con estas incoherencias se agranda el descreimiento en la clase política, a la que en algún momento se le pasará factura.

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