Recientemente, tres investigadores recibieron el premio Sanofi-Conicet, destinado a combatir enfermedades huérfanas, desatendidas u olvidadas. El proyecto elegido tiene como objetivo desarrollar una vacuna oral que brinde protección contra la enfermedad de Chagas-Mazza.
El acto contó con la presencia del ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Lino Barañao; el presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Roberto Salvarezza, y el director médico de la compañía farmacéutica Sanofi, Cristian von Schulz-Hausmann.
El desarrollo del proyecto estará a cargo de los doctores Ana Rosa Pérez y Christian Magni (ambos de la Universidad Nacional de Rosario) e Iván Marcipar (de la Universidad Nacional del Litoral).
-¿Cómo nace la idea del proyecto?
-La idea que premió Conicet-Sanofi surgió a partir de un trabajo previo que habíamos realizado con el Dr. Christian Magni -comenta la Dra. Pérez-. Habíamos trabajado juntos en el desarrollo y prueba de una vacuna experimental para un virus, mediante un mecanismo similar al que se utilizará ahora para el Chagas.
Posteriormente, se incorporó Iván Marcipar, quien trabaja desde hace tiempo en el desarrollo de distintas vacunas y también en enfermedad de Chagas. En este caso, el proyecto prevé desarrollar un prototipo de vacuna oral para el control del parásito haciendo uso de las herramientas más actuales para el desarrollo de vacunas y de la gran cantidad de conocimiento desarrollado en los últimos años sobre las defensas inmunológicas necesarias para controlar la infección -agrega la investigadora.
-¿Cómo surge la idea de reunir a tres equipos de investigación?
-El objetivo de poder integrar temas tan vastos y complejos obligó a encarar el proyecto en forma multidisciplinar, conformando un consorcio integrado por los tres grupos de investigación, los que están especializados en las distintas aristas que abarca el proyecto como ser la inmunología, parasitología, biología molecular, la biotecnología, la bioinformática entre otras -continúa la científica.
-¿Cuáles son las etapas del proyecto?
-La idea del proyecto es seleccionar las regiones de las proteínas del parásito Trypanosoma cruzi más apropiadas para generar una defensa favorable en las personas infectadas con el mismo. Esta etapa estará a cargo de Iván Marcipar -explica la Dra. Pérez-.
Luego, se prevé hacer que esas regiones proteicas se expresen en bacterias lácticas no patógenas como las que se utilizan como fermentos en algunos lácteos y también modificar a esos microorganismos para que sinteticen un adyuvante que mejore la respuesta cuando la vacuna se administra por vía oral. En este caso, el trabajo estará a cargo de Christian Magni.
El trabajo a realizar tiene una duración estimada de 2 años, al fin del cual se realizará la evaluación en un modelo de infección controlada en ratones (etapa a mi cargo), por lo que no está previsto en ese plazo llegar a una vacuna para humanos -finaliza.
-Sabemos que dos años es un plazo muy corto como para lograr un producto listo para ser usado en humanos. Teniendo en cuenta esta premisa, ¿cuáles son los objetivos del proyecto?
-El proyecto plantea completar todos los estudios necesarios para saber cómo funciona la vacuna en el modelo animal. De alcanzar resultados exitosos, esto permitirá encarar las siguientes fases de evaluación que se requieren para lograr una vacuna humana, lo cual podría tardar muchos años más -concluye Pérez.
-En los tiempos que corren prácticamente no existen trabajos de investigación hechos por un único autor. De allí que la conformación de un equipo de trabajo es un punto clave. ¿Cómo surge la relación con los otros investigadores?
-Mi contacto con los grupos de Rosario es a través de Ana Rosa, con quien comparto temas de trabajo relacionados con la enfermedad de Chagas, por lo que he tenido oportunidades de conversar en muchos encuentros y congresos con ella y porque además hemos compartido funciones.
El proyecto plantea completar todos los estudios necesarios para saber cómo funciona la vacuna en el modelo animal. De alcanzar resultados exitosos, esto permitirá encarar las siguientes fases de evaluación que se requieren para lograr una vacuna humana, lo cual podría tardar muchos años más, según las instrucciones de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Protozoología -comenta Iván Marcipar-.
A Christian me lo presentó ella y desde un primer momento se perfiló una excelente relación entre nosotros. Por el conocimiento que tengo de ellos, creo que el proyecto se va a llevar a cabo en términos de mucha calidez a nivel humano.
Para mí es muy propicio lograr amalgamar el equipo de trabajo en lo humano porque, además de que uno pasa gran parte de su vida en el trabajo, el estímulo creativo que se necesita para desarrollar actividades en investigación se retroalimenta en esas circunstancias -manifiesta el especialista.
- Con Ana Pérez habíamos trabajado anteriormente realizando experimentos similares en colaboración, utilizando otro modelo también complejo en rotavirus -señala Christian Magni-. La colaboración surge de tener buena onda con ellos y tratar de hacer algo distinto.
-¿Cuáles serán los recursos humanos que se formarán durante el transcurso del proyecto?
-El presente proyecto contará con la participación de tres becarios doctorales que se están formando en los distintos aspectos mencionados en la propuesta. Se realizará también la presentación de pedidos de becas posdoctorales de Conicet -resalta Christian Magni-. Además, se incorporarán tres tesinistas de grado por año de la carrera de Licenciatura en Biotecnología y/o en Bioinformática de la Universidad Nacional de Entre Ríos/Universidad Nacional de Rosario.
En lo académico, la constitución de este grupo permitirá la generación de conocimiento especializado, que podrá ser brindado a la comunidad universitaria a través de cursos de posgrado, pudiendo abarcar aspectos de investigación clínica y experimental de enfermedades infecciosas -destaca.
En síntesis, la decisión de generar nuevos enfoques tendientes a solucionar el problema del Chagas es altamente auspiciosa, sobre todo si tenemos en cuenta el elevado número de personas infectadas y expuestas que existe tanto en nuestro país (1,6 y 7,3 millones respectivamente) como en los países vecinos.