“Me atrevería a decir que es una gran batalla entre el bien y el mal”. Los independentistas catalanes viven entre la euforia y la angustia, y el tono mesiánico crece a medida que se acercan los momentos decisivos.
“Me atrevería a decir que es una gran batalla entre el bien y el mal”. Los independentistas catalanes viven entre la euforia y la angustia, y el tono mesiánico crece a medida que se acercan los momentos decisivos.
Antoni Castellà, diputado de la coalición gobernante en Cataluña Junts Pel Sí, veterano de la lucha independentista, no dudó en emplear ese tono ante los militantes de la Asamblea Nacional Catalana (ANC).
“El mundo nos está mirando”, dijo Castellá ante unos 250 miembros de la ANC.
Su máximo dirigente, Jordi Sánchez, está en la cárcel en Madrid, a la espera de juicio, acusado de sedición.
“Es una batalla entre democracia y totalitarismo. Me atrevería a decir que una gran batalla entre el bien y el mal” dice Castellà ante los militantes.
Nadie pestañea, en el auditorio reina un silencio cargado de emoción.
A las puertas del Orfeó Gracienc, en pleno corazón de Barcelona, donde se celebró la reunión de la ANC en la noche del martes, había otras 200 personas esperando para entrar. La organización tuvo que crear dos turnos para dar acogida a todos.
Abundan las personas de la tercera edad, catalanistas y veteranos de luchas de barrio.
La reunión está convocada para preparar “la resistencia civil” y abiertamente se habla de ir a las puertas del parlamento catalán, a partir de hoy, cuando se abre un pleno especial.
Son días cargados de simbolismo: en Madrid el Senado abre el debate sobre el artículo 155 de la Constitución, que permite suspender una autonomía regional. En Barcelona, los diputados catalanes están convocados con el mismo motivo.
El viernes podría haber un voto casi simultáneo en ambas cámaras. Uno para suspender la autonomía catalana, otro, en Barcelona, para dejarla atrás y proclamar la independencia.