10 de febrero de 2018 - 00:00

Carnaval low cost, con un alcalde evangelista hostil

Por sus convicciones religiosas, Marcelo Crivella fue acusado de querer aguar la fiesta por considerarla “diabólica”.

El Carnaval de Río arrancó oficialmente ayer una de sus ediciones más controversiales, con la bendición incluso de su alcalde evangelista, Marcelo Crivella, acusado de haber querido aguar esta famosa fiesta de excesos por sus convicciones religiosas.

Después de haber ninguneado la celebración del año pasado cuando recién había asumido el cargo y de haber recortado a la mitad las subvenciones para los desfiles, Crivella se vio forzado a cambiar su actitud y ayer encabezó la entrega de las llaves de la ciudad al rey del Carnaval, el Rey Momo, acompañado por sus princesas, dos bailarinas de samba con ajustados vestidos de lentejuelas.

Pasión y frialdad

“¡Declaro el Carnaval oficialmente abierto!”, gritó el monarca, un corpulento y jovial fiestero que gobernará simbólicamente Río hasta el próximo miércoles de ceniza.

La alegría de la banda que tocaba el himno “Cidade Maravilhosa” en la residencia municipal, contrastaba con el más bien frío Crivella que, sin embargo, alabó en varias ocasiones la “belleza” y la “poesía” del Carnaval.

Pero cuando llegó el momento de entregar las llaves, el ex obispo de una de las iglesias evangélicas más poderosas de Brasil pasó la responsabilidad a un subalterno. En una ciudad ahogada por la crisis financiera y su ola de violencia, Crivella aseguró: “No quiero arruinar la fiesta”.

El alcalde se había amparado en los problemas de caja de Río para justificar su recorte a los suntuosos desfiles en el Sambódromo, pero los fanáticos del Carnaval lo acusan de ir contra una tradición sagrada que atrae a más de un millón de turistas y genera más de 1.000 millones de dólares para Río.

“Fora Crivella” se ha escuchado en varios “blocos”, las populares comparsas callejeras, a lo largo de la ciudad.

“Con dinero o sin dinero yo disfruto el Carnaval” es el tema con el que desfilará Mangueira, una de las escuelas más tradicionales, que pasará otro mensaje en su estribillo: “Pecado es no disfrutar del Carnaval”.

“Para la doctrina evangélica, el carnaval es la fiesta del diablo. Un evangélico puede pensar esto, pero el alcalde de Río no”, dijo el director artístico de Mangueira, Leandro Vieira.

Uno de los puntos centrales de los desfiles será la seguridad, después de la accidentada edición del año pasado. Uno de los gigantescos carros alegóricos atropelló a varias personas en la pista, causando la muerte de una periodista, y el techo de otro camión cayó mientras varias bailarinas danzaban en él.

Teóricamente, este año se intensificaron los controles y habrá tests de alcoholemia para los conductores de los carros. El gobierno, entretanto, distribuirá más de 100 millones de preservativos en los próximos siete días de fiesta en Río.

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