5 de septiembre de 2013 - 22:53

Carlos Achetoni: "En la última temporada el

Según destaca Achetoni, el cultivo está en retroceso, pero reconoce que marca la tendencia de precios para el resto de la fruticultura. Pobres resultados para la producción con destino a pulpa.

Como director suplente del Distrito Cuyo -Mendoza, San Juan y La Rioja de la Federación Agraria Argentina, Carlos Achetoni tiene una visión amplia de la situación de las economías agrícolas extra pampeanas. El dirigente gremial advierte que es clave arbitrar medidas para favorecer una rápida salida de los productos regionales al exterior.

Sobre el panorama del sector productor de damasco en Mendoza. Planteó un escenario en franco retroceso.

-¿Cuál es el panorama del sector productor de damascos en Mendoza?

-Hay una situación de degradación del productor frutícola en Mendoza, independientemente de lo que produzca. En general, se está retrocediendo en superficie, y se está retrocediendo en calidad de los montes frutales. Hubo un pico de mejora entre 2006 y 2007, de ahí en adelante, hay un retroceso muy acelerado en los últimos años. En algunas zonas, como el sur de la provincia, tuvo mucho que ver el clima.

-¿En qué medida impactó la marcha de la economía?

-La degradación económica perjudicó a todos. La inflación interna es innegable, y la paridad cambiaria se fue desmejorando. El 3 a 1 había permitido, hasta el 2006 -2007, que se volvieran a trabajar fincas que estaban abandonadas. Pero desde entonces hemos ido retrocediendo.

-¿Esto se ha reflejado en la inversión destinada a los cultivos?

-Se ha mezquinado en fertilizaciones; o se podó menos o directamente no se podó, como en el caso del damasco. Esto fue desmejorando los rindes, la calidad y los precios. A punto tal que en estos últimos años que hubo producción, el precio era tan irrisorio que gran parte de esa producción quedó en las plantas. En la última temporada (2012), el 50% del damasco no se cosechó.

-¿Este panorama ha desalentado la continuidad de algunas explotaciones?

-Hay gente que está erradicando. Por lo general, el damasco está plantado en trincheras, en los canales de riego; suele estar en los cabeceros de los viñedos y, en algunos casos, está consociado con otra producción, como ciruela de industria o durazno. Hay plantaciones  en monte, pero nunca tienen la importancia de otros cultivos.

-En volumen, la producción de damasco tiene muy poca importancia relativa en el conjunto del negocio frutícola provincial...

-Es cierto. Pero hay un hecho que lo hace emblemático, y es que de alguna manera define la tendencia de precios de la temporada para otras frutas. Por eso, el problema es que cuando se fija un precio bajo para el damasco se traslada al resto de las producciones, y una vez que arrancó la vorágine de trabajo, no es posible para el productor encontrar la manera de corregir lo que arrancó mal con el damasco.

-¿Cómo han venido evolucionando los precios en cada caso?

-En el 2007, el kilo de damasco para pulpa se pagó a $ 0,50. Desde entonces, hemos tenido un aumento del 270% en el precio del gas oil y un 240% en el costo de mano de obra.

Esta temporada pasada (2012) se firmó un convenio con el gobierno de la Provincia para que se le pagara al productor $ 1 por kilo, puesto en industria, y no lo respetó nadie.

La industria pagó $ 0,70. Pero como las explotaciones -mayoritariamente minifundios- no reúnen individualmente un volumen que justifique llevarlo a fábrica, el productor casi inevitablemente tuvo que caer en los acopios.

-¿Y cuánto pagaron los acopios?

-Terminaron pagando $ 0,45 el kilo. Esto es, 5 centavos menos que en 2007, que fue uno de los últimos años relativamente buenos para el damasco. Pero esos 45 centavos eran para fruta puesta en el acopio, porque si el acopiador tenía que mandar la cuadrilla le descontaba 40 centavos de cosecha y acarreo y le daba al productor 5 centavos de peso, por kilo.

Si el productor cobró $ 0,45, es porque también hizo de cosechador y de fletero. Por eso, en todas las zonas productoras de la provincia, la mitad del damasco quedó en la planta.

-¿Qué pasó con los precios del damasco para consumo en fresco y para desecado?

-Esta última temporada, el kilo de damasco para consumo en fresco se estuvo pagando en los empaques a un promedio de $ 1,80, con un piso de $ 1,50 y un máximo de $ 2,50 el kilo. Hay que recordar que la producción con este precio tiene otro tratamiento y otro costo de cosecha.

En el 2007 se había pagado $ 1 por kilo promedio, con algunas operaciones a $ 1,20. En el caso del damasco para desecado, se había pagado en el 2007 alrededor de $ 0,80 y en 2012 llegó a $ 1 o $ 1,20, pero ninguno de los secaderos importantes demandó demasiado.

-¿También en este caso es grande la brecha entre lo que percibe el productor y lo que paga el consumidor por el damasco en fresco?

-Es salvaje el incremento que sufre el precio; porque este año pasó de $ 1,50 el kilo en una punta a un promedio de $ 18 en la otra. La diferencia superó el 1.000%; y lo único que se hace es un proceso de empaque, porque lo demás es un pasamanos hasta llegar a la verdulería.

Es algo que se replica en todas las producciones. Se termina condenando a los dos extremos de la cadena.

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