En su primer discurso ante la Legislatura -2012- Francisco Pérez quiso mostrarse como la versión local del cristinismo, como el hombre que venía a incorporar Mendoza al proyecto nacional.
En su primer discurso ante la Legislatura -2012- Francisco Pérez quiso mostrarse como la versión local del cristinismo, como el hombre que venía a incorporar Mendoza al proyecto nacional.
En su segunda alocución -2013- libró el combate final por la reforma constitucional de Mendoza, también en consonancia con la política de la Presidenta, quien jugó todas sus fichas -las que tenía y las que no tenía- para intentar su re-reelección.
Resultó una gesta fallida para ambos, ni Paco logró su reforma ni Cristina su deseo de eternidad.
Este año todo fue distinto, muy distinto. Atrás quedó el intento de traducir Mendoza al cristinismo, lo cual le permitió al Gobernador darle a su discurso una impronta cultural más mendocina (con su énfasis en el turismo o los homenajes que se realizarán al general San Martín) sin sus tradicionales críticas al modo de ser de los mendocinos, lo cual es bienvenido.
Sin embargo, todo el escenario montado desde lo político siguió teniendo en lo sustancial un sentido nacional. Lo único que cambió es que en los dos 1° de mayo anteriores lo nacional para los peronistas mendocinos se llamaba Cristina Fernández y ahora se llama Daniel Scioli. Fue sorprendente la cantidad de carteles y militantes movilizados tras la candidatura presidencial del gobernador bonaerense.
Podría decirse que este inicio de campaña electoral bien anticipado lo organizó el vicegobernador Carlos Ciurca, quien es el más explícitamente definido por Scioli, pero la magnitud de lo desplegado debe haber contado con el OK de Pérez.
Claro que como aún falta tanto para los comicios de 2015 está por verse si este acto de amor por el motonauta se prolonga en el tiempo o si, por el contrario, se sigue verificando la traducción peronista del legendario tango de Gardel: Hoy un juramento, mañana una traición, amores de peronistas flores de un día son. Veremos.
Fracasado en la reforma constitucional, Pérez está intentando dejar un paquete de leyes que mejore institucionalmente a Mendoza y así se preocupó de enfatizarlo en su discurso: ley de ordenamiento territorial, ley de aguas, coparticipación provincial. Y hasta se animó a deslizar una leve crítica a las políticas nacionales al sugerir que se junten varias provincias, las más perjudicadas, para lograr una coparticipación federal más equitativa. Crítica no muy audaz por cierto, pero que aun así indica que corren tiempos K más relajados, menos autoritarios, más de despedidas que de imposiciones.
No obstante, ese paquete de leyes para que sea algo más que una sumatoria de buenas intenciones tirando a abstractas, debería contar por parte del Gobernador con una clara definición acerca de cómo y hacia dónde debe crecer Mendoza, algo esencial en una provincia desértica donde los intereses privados que manejan el uso de la tierra son los que de hecho fijan la dirección estratégica del desarrollo local en base a la prosperidad de sus negocios. De nada sirven los instrumentos si no se da vuelta esa realidad poniendo el Estado al frente del desarrollo. Algo que no se puede hacer sin tocar algunos callos.
Si bien esta alocución fue más dinámica que las anteriores porque no se apabulló tanto con datos difíciles de comparar y ponderar, la enumeración que Pérez hizo de lo hecho en educación y seguridad fue también la demostración de los límites que existen en esas dos áreas vitales. La más importante y la más urgente.
Es que frente a la violencia social creciente en todo el país, de la que Mendoza no es en absoluto la excepción -basta con mirar los dos crímenes que por estos días conmueven a todos (el de la Sexta Sección y el del turista en el Parque) por la brutalidad monstruosa con que se cometieron-, ya no alcanza con detallar los móviles o los radares que se están adquiriendo.
En estos tiempos dramáticos, la política en seguridad, como en educación, no se explica tanto por lo que se hace como por lo que se logra.
Por los resultados obtenidos. Y para eso hay que tener bien en claro cómo estamos en relación a otros momentos, si el crimen decrece o por el contrario aumenta. Y en educación, por su lado, más que la cantidad de chicos que entran a la escuela, la clave está en la cantidad de los que salen, y en particular cómo salen.
Vale decir, hoy para combatir por una mejor educación y una mayor seguridad se requieren estadísticas y evaluaciones que nos indiquen dónde estamos para poder saber hacia dónde vamos.
Vivimos en un país en que el Gobierno nacional viene librando, desde que lo preside Cristina Fernández, una guerra a muerte para ocultar los datos o para mentirlos. Mendoza debería pelear para alejarse de esa tendencia y mostrar la verdad aunque duela. En suma, sobre educación y seguridad parece faltar en el Gobierno más reflexión conceptual que conduzca a mayor precisión en el accionar. Y ese faltante se notó en el discurso de ayer, en el que, además, el Gobernador debió referirse, aunque más no sea para brindar su consuelo, a los atroces crímenes cometidos.
Así como dijimos que todo el clima del acto estuvo rodeado hasta los tuétanos por sus alusiones a la política nacional tras una definición al parecer rotunda por la candidatura de Daniel Scioli, el Gobernador guardó fuertes párrafos de su discurso para definir también muy claramente contra quién iba dedicado: contra los radicales mendocinos, esos que le produjeron dos tragos amargos en los últimos tiempos. Primero, haberle ganado las elecciones legislativas y segundo, impedirle la aprobación del presupuesto provincial.
Más allá de que Mendoza sea una de las pocas, si no la única provincia que no ha podido aprobar su presupuesto (mientras nos cansamos de autoelogiarnos por una supuesta superior calidad institucional, que en este caso no se ha verificado), lo cierto es que esta falta habla tan mal de oficialistas como de opositores por no haber estado ninguno de ambos a la altura de sus exigencias, por más argumentos que de un lado u otro invoquen.
Sin embargo, dejando de lado el análisis en particular sobre el presupuesto, lo cierto es que el gobernador Pérez no dudó en adelantarnos en su discurso las dos patas de la estrategia electoral peronista para 2015: así como quieren colgarse de Scioli como hace cuatro años lo hizo de Cristina, en esta oportunidad se debe agregar un combate épico contra un radicalismo que tiene en Mendoza la potencia electoral de Julio Cobos, además de que el presidente de la UCR nacional, Ernesto Sanz, otro menduco, también aspira a la presidencia.
En síntesis, el discurso de ayer demuestra que la guerra peronista-radical en Mendoza será a todo o nada y Paco Pérez el 1° de mayo bajó la bandera de largada.