27 de diciembre de 2017 - 00:00

Calor y corridas de fin de año: el termómetro que altera los ánimos

El 2017 se va con altas temperaturas, las cuales producen agobio, irritabilidad e incluso reacciones primitivas.

Finalmente -y casi sin darnos cuenta- llegó la última semana del año, con todas las cargas que eso implica. El asunto es que para muchos es probable que no resulte del todo cómoda si se tiene en cuenta que habrá que transitarla con altas temperaturas, lo cual, según los especialistas, afecta el estado de ánimo, en particular si se tienen en cuenta otras variables.

Irritabilidad, intolerancia, malhumor, abatimiento, fatiga, agobio pueden ser algunas de las sensaciones y emociones que acompañen las actividades estos últimos días del año, con el termómetro por encima de los 30 grados.

Los meteorólogos dicen que las máximas oscilarán entre los 32 y los 39 grados, esto último el viernes, mientras que las mínimas no bajarán de 19.

Dormir con altas temperaturas ya se sabe que es tarea difícil, lo cual contribuye a sentirse afectado el resto del día. Pero además, quienes transcurren gran parte de su jornada en zonas urbanas, más aún en pleno centro de la Ciudad, deberán lidiar con el excesivo calor que emanan las superficies con cemento, el tránsito sobrecargado, los ruidos, la gente que corre por las compras de último momento, más gente que apura trámites antes del fin de año, colas para todo... No hay paciencia que resista, y encima, con el cuerpo pegajoso.

“En fin de año, con la gente corriendo -y otras cuestiones- pueden elevarse los niveles de ansiedad, lo que afecta el estado de ánimo”, explica la psicóloga Rocío López.

Agrega que esto puede implicar más agresividad en la conducción de vehículos y en cualquier situación, como salir de compras o en el ámbito de trabajo: “La gente está más a la defensiva”.

Alteración emocional

Daniel Santiago, psiquiatra infanto-juvenil y de adultos, asegura que desde el punto de vista fisiológico, las altas temperaturas producen una disminución de la presión arterial y como consecuencia, agobio y disminución de la voluntad.

Por eso consideró que es inevitable que una persona se torne irritable por el estrés exógeno que puede sentir en pleno centro, con calor, compras y trámites por concretar.

“Calor, falta de oxigenación, falta de aire fresco... esto genera una especie de obnubilación de la conciencia en la que el razonamiento queda a un costado y se reacciona por impulso, de manera más o menos primitiva. Entonces aparece la persona que se pega a la bocina porque el tránsito no avanza, aunque sabe que con esto no va a lograr nada”, analiza.

Así, habrá cambios de humor, intolerancia e irritabilidad, lo que lleva al cansancio. Según Santiago, si el termómetro no desciende de noche para “refrescar ideas” y no se descansa bien al día siguiente, se retroalimentará la situación, casi como en una escalada de alteraciones emocionales y conductuales.

Del calor al malhumor

El abatimiento y agobio que produce el calor se debe a que se requiere más energía para desempeñar las tareas cotidianas, según explica el psicólogo Walter Motilla. Las condiciones ambientales aparecen adversas y los estados internos reaccionan a eso provocando un malestar general.

“Lo óptimo sería un ambiente equilibrado en temperatura y humedad, y por tanto los extremos dentro de esas condiciones van a incidir en la percepción interna del ambiente y en el estado de ánimo”, señala. Por eso, aparecen la frustración y el mal humor.

“Cuando el malestar externo es excesivo se pierde la diferenciación entre lo ambiental y lo interno, que es lo que llamamos malhumor. Se desdibuja la frontera, lo exterior se hace tan presente que es imposible no prestarle atención”, detalla.

La carga será mayor si para colmo falta mucho para tomarse vacaciones o peor aún, si no hay chances de que suceda en el mediano plazo. “No es lo mismo saber que en breve vas a estar descansando en otro lugar”, agrega Rocío López, ya que tal idea puede ofrecer alivio al malestar.

Tampoco será lo mismo si los días transcurren en un lugar fresco, con plantas, pileta (o algo que se le parezca), o si al menos se puede acceder a esto esporádicamente para atenuar el calor y relajar la mente.

La psicóloga destaca, por último, que “los niños también pueden expresar estas conductas pero más que nada por reflejo de los adultos, porque a ellos les pasa un poco inadvertido el fin de año”.

Consejos

Hacerse tiempo libre  para actividades que se disfruten.

Darse cada día tiempo para descansar en un   lugar fresco.

La actividad física es recomendable para liberar tensiones, aunque deben tomarse recaudos como mantener una adecuada hidratación.

Si el ejercicio es aeróbico lo ideal es que sea a primera hora del día, antes de comenzar las actividades de  la jornada y mejor aún si es al  aire libre. El psiquiatra Daniel Santiago destacó que permite descargar energía (negativa) y cargar (positiva), además de generar endorfinas. “Permite descargar esa furia veraniega que tenemos los mendocinos en diciembre”, dijo con humor.

Recomendó también hidratarse bien y evitar comidas calóricas.

Lo óptimo sería planificar las actividades para no verse sobrecargado a último momento.

Estar descalzo en contacto con el suelo,  ya que permite descargar tensiones, preferentemente con música tranquila y en un entorno relajante.

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