El Imperio Acadio floreció en el tercer milenio AC. En algún momento cercano al 2.200 AC lo azotó la sequía, las tierras se secaron y la gente emigró de los centros urbanos. Entonces, el gobierno colapsó, y el poderoso imperio comenzó a tambalearse entre una serie de calamidades referidas colectivamente como la crisis urbana mesopotámica del tercer milenio.
Hasta ahora, nuestro conocimiento sobre la crisis urbana mesopotámica se había basado en estudios arqueológicos de artefactos de cerámica y en cambios de tamaño de los sitios arqueológicos junto con lo que sabemos sobre las prácticas populares de agricultura de ese momento.
Pero el arqueólogo Ellery Frahm, de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido, y sus colegas usaron técnicas geoquímicas y análisis magnéticos de piedras para examinar el comercio y las redes sociales asociadas a éste.
Los investigadores usaron microscopía de electrones y análisis químicos para examinar 97 herramientas de obsidiana excavadas anteriormente de un sitio llamado Tell Mozan, que datan desde principios del Imperio Acadio hasta varios siglos posteriores a su caída. Localizado a los pies de las montañas Taurus, al noreste de Siria, en la antigüedad el sitio se conocía como Urkesh, y estaba densamente poblado en la cumbre del Imperio Acadio.
Las herramientas que datan de antes de 2200 AC fueron hechas con piedra de obsidiana originalmente extraída de seis sitios de Anatolia Oriental. Esta variedad sugiere que Urkesh era una ciudad cosmopolita con complejas redes de intercambio de larga distancia que la unían con civilizaciones en el Egeo y el Éufrates Medio.
Sin embargo, las herramientas que datan después de 2200 AC provenían de sólo dos fuentes locales, sugiriendo que el colapso de finales del tercer milenio interrumpió estos lazos comerciales.
“Urkesh pudo haber especializado su economía en respuesta a la demanda de ciertos productos básicos, tales como metales de las montañas cercanas”, dice Frahm. “Con cambios climáticos y el fin del imperio, los habitantes pudieron haber tenido que reenfocar su economía a la producción y consumo local, cubriendo sus propias necesidades en lugar de involucrarse en comercio especializado de larga distancia”, señala.
Se pueden trazar varios paralelos con la situación actual en Siria. “Algunos arqueólogos afirman que el Imperio Arcadio fue derrocado por el militarismo, y que la violencia terminó con su papel central económico en la región, y el colapso del gobierno es una posibilidad real en Siria luego de casi dos años de lucha”, considera Frahm.
Aún más, la agricultura contemporánea en el noreste de Siria depende en gran medida de las lluvias, como sucedía con los agricultores del Imperio Arcadio, y el cambio climático ya está causando grandes pérdidas con varias sequías severas.
“Los que estudiamos a la gente y al pasado estamos en una posición única para considerar lo que podría pasar después de que finalice la crisis inmediata”, afirma Frahm. “¿Qué les pasa a las ciudades cuando cae un Estado? ¿Cómo se mantienen los residentes si esa infraestructura colapsa? Este es el tipo de contribución que la arqueología puede hacer en pos de mejorar el futuro”, agrega.