Buscan potenciar comunidades productivas

Desde el INTA, señalan la importancia de hacer competitivo el territorio. El objetivo es trabajar sobre la especialización productiva de una comunidad específica. Es clave la participación de entidades privadas y públicas.

Las duras condiciones de competitividad, impuestas por la globalización de la economía, han sumido en el atraso a poblaciones enteras en toda la geografía nacional. Miles de productores quedaron en el camino durante las últimas décadas; se fueron precarizando las relaciones laborales y el deterioro de la calidad de vida de los pueblos fue expulsando gente hacia la periferia de los grandes centros urbanos.

Pero junto con esas amenazas el nuevo orden dejó abiertos algunos caminos que podrían ayudar a esas comunidades a recuperarse porque la estandarización, que en prácticamente todos los ámbitos supone la globalización, sirvió al mismo tiempo para poner sobre relieve las particularidades de los territorios y su gente, que fueron creciendo en la valoración de quienes demandan productos y servicios, dentro y fuera del país.

La geografía de cada región; determinadas condiciones de clima y suelo; su historia y el saber hacer de sus pobladores, se amalgaman para poner en valor ese patrimonio y traducirlo en productos diferenciados, en propuestas de turismo rural o en expresiones culturales.

Es que, con la globalización de la economía, “la competencia se plantea no sólo entre empresas sino también entre territorios”, señala el Dr. Jorge Silva Colomer, coordinador del proyecto Contribución al Desarrollo Territorial Regional Mendoza-San Juan del INTA, que cerró a fines de 2012, tras un segundo ciclo de tres años.

Esta iniciativa surgió ante la necesidad de recuperar y fortalecer comunidades que fueron quedando relegadas, trabajando sobre la base de procesos participativos orientados a potenciar alternativas productivas adecuadas a los distintos territorios. De hecho, sólo en el marco de este proyecto regional del organismo nacional, hay una veintena de estas iniciativas -distribuidas a lo largo y a lo ancho de las dos provincias cuyanas- que, aunque su objeto es muy diverso, trabajan a partir de algunos criterios comunes: interactuar, producir calidad, conservando el ambiente y abrir caminos de acceso a la tecnología, a los mercados y a las redes de cooperación.

Competitividad territorial

Pero no todos los territorios están en igualdad de condiciones. Existe una marcada diferencia entre los que fueron potenciados y los que quedaron postergados. “Esto lleva a una demanda de equilibrios macroeconómicos y socio-territoriales, para que todos los territorios puedan desplegar sus potencialidades a través de procedimientos autónomos de concertación público-privada”, dice Silva, quien remarca la importancia de generar políticas públicas activas que impulsen el desarrollo local.

Acerca de la mejor manera de abordar el problema, Silva entiende que la cadena de valor de los cultivos es una estrategia interesante para la intervención en los territorios pero advierte que “por sí sola es insuficiente, ya que los problemas a solucionar son complejos, interviniendo en ellos aspectos culturales, económicos y sociales”. Por eso, considera que “hoy lo importante es potenciar el capital social y resaltar las fortalezas locales”. Esto significa que “los territorios necesitan desarrollar sus habilidades y ventajas; deben construirlas para poder competir a nivel nacional e internacional”, señala Silva.

Camote de Colonia Molina

Una de las comunidades que trabajó fuerte sobre el concepto del desarrollo local y la especialización productiva, fue la de Colonia Molina, un pueblo del Departamento de Guaymallén, en el Gran Mendoza.

Un grupo de 40 horticultores de esa localidad decidió, hace unos años, centrar su actividad en el cultivo del camote que, por la calidad obtenida (más cremoso, más dulce y con menos fibra), podía situarlos en condiciones ventajosas de competitividad.

Las actividades, que tuvieron como referente local a la Asociación Grupo Comunitario San Cayetano, favorecieron mejoras productivas importantes, que se reflejaron luego en la comercialización. Con asesoramiento técnico y recursos financieros aportados por el INTA y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, introdujeron una nueva variedad de camote de ciclo corto (primicia) y adquirieron maquinaria e implementos para la producción primaria y el empaque. Con ello, lograron duplicar los rendimientos llevándolos a un promedio sostenido de 33.000 kilos por hectárea y mejorar la presentación comercial.

El malbec de Medrano

Medrano es un pueblo del Este mendocino donde prosperan viñedos que -al decir de los lugareños- producen uvas de la variedad malbec de la misma calidad que las obtenidas en la denominada “Primera Zona” vitivinícola.

Esta ventaja respecto a otras tierras del Este no era aprovechada hasta que, tras la vendimia pasada, decidieron sumarse a la celebración del “Día Internacional del Malbec” con una jornada de degustación a la que denominaron “Vinos de Medrano, en Medrano”.

Carlos Sisti -viticultor de la zona- comenta que la idea surgió un tiempo antes, durante una reunión de  productores de Cambio Rural y del Centro de Desarrollo Vitícola, cuando se planteó la posibilidad de organizar una degustación de ese varietal en un paseo público. “La iniciativa fue creciendo y tuvimos muy buen resultado -asegura- porque fue importante la convocatoria de elaboradores y una muy buena asistencia de público”, sostuvo el productor.

Federico Puppato es un joven empresario del lugar. Es titular del establecimiento Don Quinto, una bodega boutique que fundó en 2009. A pesar de lo reciente de su emprendimiento, su familia de vitivinicultores reside en el lugar desde hace poco menos de una centuria. Pone particular énfasis al comentar que “hoy por hoy, a las uvas malbec de Medrano se las disputan las más reconocidas bodegas de Mendoza”.

Puppato explica que hace 15 años los viticultores empezaron a trabajar con varietales y que “se puso mucha ingeniería en el viñedo”. Destaca que “la particularidad de la gente de Medrano es que le gusta innovar”. Aunque “es una comunidad de italianos duros, no es reticente al cambio”. De hecho, están acompañando al INTA Junín en las gestiones encaminadas a lograr la indicación geográfica para los vinos de Medrano.

Del campo a la mesa

La creación de una “Feria Franca” en Tunuyán, de la que participan  pequeños productores de ese departamento del Valle de Uco, es otra iniciativa interesante del proyecto local de desarrollo. Es administrada por una entidad sin fines de lucro integrada por una veintena de agricultores de 2,5 hectáreas en promedio cada uno, que ofrecen hortalizas, frutas, flores, aromáticas, huevos y leña, entre otros productos.

Esta iniciativa vino a resolver una situación muy particular que se daba en aquel departamento. Las frutas y verduras para proveer a la población llegaban en su mayoría de los mercados de concentración del Norte de la provincia. En algunos casos era mercadería enviada desde el Valle de Uco a Guaymallén, y allí debían ir los comerciantes de Tunuyán para proveerse.

Con la habilitación la venta directa al público, en el ámbito de la Feria Franca, los agricultores pueden salir del sistema concentrado de comercialización y lograr mejor retribución, mientras que la gente del pueblo puede adquirir productos frescos, a precios razonables.

El mayor desafío

En la Provincia de Mendoza, las iniciativas de desarrollo territorial deberían alcanzar su máxima expresión cuando se generalice la implementación de la Ley provincial de Ordenamiento Territorial y Uso del Suelo. Tupungato es uno de los departamentos donde las acciones están un poco avanzadas. Habiendo superado prácticamente la etapa de diagnóstico, se justifica la preocupación planteada acerca del impacto que han venido sufriendo las economías locales.

Daniel Martín, sociólogo, profesor del Instituto de Educación Superior 9-009 Tupungato, ha venido participando en las reuniones de trabajo y, al resumir la situación dada en la zona, pone el acento en los efectos del proceso de concentración. Recuerda que, primero, se dio el avance de empresas extranjeras sobre zonas incultas de secano, aplicando fuertes inversiones en tecnología para el desarrollo de proyectos vitivinícolas para exportación y desplazando a pequeños productores agropecuarios".

“Esto elevó el valor de las tierras -continúa- y luego, con el cambio generacional (en las familias tradicionales de la zona) sobrevino la tentación de vender. Se produjo así una concentración de la tierra y el agua en manos de inversores internacionales”.

Por otra parte, productores medianos, que no se asociaron en cooperativas “optaron en su mayoría por vender su producción a estas grandes empresas”. Según Martín, esto los obligó a -entre otras cosas- ajustarse a prácticas productivas distintas de los saberes tradicionales, que se fueron perdiendo.

En el análisis del docente valletano, “esto redefinió todas las relaciones sociales, productivas y comerciales de la zona”.

Destaca como uno de los factores que será motivo de conflicto, la distribución de los recursos del sistema productivo, no sólo por la concentración de la tierra sino por la menor disponibilidad de agua. Señala que a partir de ahora, los tupungatinos comienzan a debatir cómo quieren que sea su territorio.

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