A través de los diferentes medios de comunicación, un nutrido grupo de dirigentes del sector vitivinícola, "amablemente" vaticinó el fracaso del emprendimiento con el cual los contratistas de viña estamos buscando darle valor agregado a nuestros frutos y darle fin a esta brutal pobreza estructural que se ha instalado en nuestro sector.
El que suscribe, Rubén Sepeda, en mi calidad de presidente de la Cooperativa Cotraavi Ltda, matrícula Nº 38.930 entidad que nuclea a más de 500 contratistas de viñas que se beneficiarán poniendo valor agregado a parte de su cosecha en la bodega que hemos adquirido a través de un préstamo otorgado por el Gobierno, vengo a traer nuestro punto de vista.
En primer lugar, queremos decirles a nuestros agoreros "amigos" que esta inteligente iniciativa del Gobierno, en la que se sincronizan todos los factores positivos disponibles con el principal objeto de liberar del flagelo de la miseria económica a un sector que tanto aporta a la economía provincial, y así fomentar la radicación de los trabajadores en el campo, no es asistencialismo, esto se llama promover la movilidad social ascendente con educación, formación, organización y un Estado que no se lava las manos, ya que no es un subsidio, sino un crédito perfectamente garantizado por escrituras hipotecarias, y fundamentalmente garantizado por el éxito que inevitablemente tendremos, porque el Gobierno nos ha acompañado como nunca antes se había hecho, con tanta responsabilidad y diligencia, con tanto esmero y dedicación, en un proceso en el que hemos sido capacitados y educados comercialmente, recibiendo orientación, contención y el adecuado financiamiento, cuyo procedimiento de trabajo lleva casi un año y medio de permanente perfeccionamiento.
Ya hemos elaborado y comercializado varios cientos de miles de litros de vino, los que el mercado ha recibido con evidentes plácemes y demandas de mayores volúmenes. La formación técnica como elaboradores de vino artesanal, la formación comercial como pequeños emprendedores y fundamentalmente la sólida formación en el campo del cooperativismo, nos ponen en una aventajada situación frente a los duros vaivenes que suelen generar los distintos comportamientos del mercado, sin contar con las ventajas que nos significan contar con nuestra propia materia prima, con nuestra propia fuerza de trabajo, con el apoyo de nuestros propios socios, técnicos y profesionales.
Creemos digno de destacar que este tipo de organización, el de la Economía Social, es el más exitoso de las ultimas épocas. Experiencias como Sancor, Sancor Seguros, Credicoop, huelgan el desgaste de más análisis o evaluaciones.
El ejemplo de Fecovita en Mendoza deja transparentado el lógico razonamiento del éxito que nos espera a los contratistas de viñas; que seamos perseverantes, tan responsables y sacrificados como lo somos en nuestros cotidianos trabajos.
No fueron ni cooperativistas ni trabajadores los que fundieron el Banco de Mendoza y el Banco de Previsión Social a fuerza de sacar empréstitos que nunca fueron honrados, tampoco fueron los nombrados los responsables del enorme daño que se le ha hecho a la industria madre con la falsificación de vinos y el envenenamiento de consumidores; no fueron trabajadores ni cooperativistas los que conspiraron con el terrorista económico José Martínez de Hoz para generar la caída del Grupo Greco y lanzar a la calle a miles y miles de trabajadores, y dejar en la calle a miles de pequeños productores; tampoco fueron estos los que con personerías truchas salieron a estafar millones de quintales, propiedad de sacrificados trabajadores del campo, ni los que en la actualidad, con otras personerías truchas, salen a esclavizar trabajadores rurales o evadir obligaciones impositivas mediante el fraude y la chicana legal; de manera que pueden quedarse tranquilos esos preocupados "amigos" que las cosas se están haciendo bien, y con la bendición de Dios, Nuestro Señor, daremos a la patria mendocina la satisfacción de generarle más y mejor riqueza, y disminuiremos en forma muy notable la enorme injusticia y sus aberrantes consecuencias, generadas por el absurdo incomprensible que un reducido grupo se beneficie con millones y millones de dólares de financiamiento, dejando afuera a sectores que como el nuestro, con mucho sacrificio y trabajo, generamos para la industria madre un poco más de mil millones de kilogramos de uva, recibiendo a cambio la impotencia que genera el no poder dar a nuestra familia una vida digna, una educación digna y muchas otras necesidades básicas.
No es nuestra intención ofender ni denigrar a nadie, pero sí es nuestra firme determinación enfrentar cualquier adversidad o sector que pretenda impedir nuestro acceso a una mejor calidad de vida.