El tarifazo ya anunciado en los servicios de gas y agua, al que se sumará otro para la electricidad, la revisión hacia abajo de la tasa de crecimiento del PBI de 2013 y la vuelta al endeudamiento explícito por parte del Tesoro Nacional, fueron las novedades de la última semana que confirman la muerte del "Modelo" económico y social kirchnerista tal cual se conoció.
Millones de usuarios tendrán conciencia y medida de los aumentos en los servicios públicos recién cuando reciban las facturas. Lo que se sabe es que el tarifazo significará aumentos de entre 100 y 400 por ciento en el grueso de las facturas residenciales.
Una de las pocas precisiones que suministró el ministro de Economía, Axel Kicillof, fue que el Gobierno pretende ahorrar 20% de los subsidios concedidos en 2013, unos 25.000 millones, incluyendo el transporte público, donde el "sinceramiento" empezó antes. Ese dinero deberá salir ahora de los bolsillos particulares.
El de los subsidios fue uno de los peores errores de política económica del kirchnerismo. Al opacar por tanto tiempo y cada vez más las nociones de precio y valor, el sistema fomentó el derroche y saboteó la provisión. El sector energía, en el que se pasó del autoabastecimiento y un superávit comercial de 6.000 millones de dólares a depender del exterior (en 2013 se importaron combustibles y energía eléctrica por más de 12.000 millones de dólares) y un saldo deficitario que este año insumirá al menos U$S 8.000 millones de las menguadas reservas, es la mejor medida.
Peor aún, los subsidios fueron social y geográficamente inequitativos. Se concentraron en Capital y Gran Buenos Aires a expensas del resto del país y beneficiaron más a las clases media alta y alta que al resto. El caso paradigmático es el del gas, que casi 100% de los hogares porteños tiene por red, subsidiado, y la mayoría de los del interior tiene por garrafa, a precios mucho más altos.
La "revisión" de la tasa del crecimiento del PBI, que pasó de 4,9 % que había informado previamente el Indec, al "recalculado" 3%, en tanto, le evitará al país pagar a fin de año 3.500 millones de dólares por el llamado "cupón del PBI" que, desde 2005, cuando se cerró la primera etapa de la renegociación de la deuda, le insumió al país casi 10.000 millones de dólares, cifra artificialmente engordada por las mentiras estadísticas oficiales.
Paradójicamente, la nueva tasa de crecimiento se ubica a mitad de camino entre el 2,9% que había publicado el Congreso en base a un conjunto de estimaciones de estudios privados, y el 3,1% del "Indicador General de Actividad (IGA)" del estudio del economista Orlando Ferreres. Es decir, la revisión convalida los cálculos de las consultoras sancionadas por el ex secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y la iniciativa de la oposición legislativa que el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, había tildado de "mamarracho".
El voltafaccia se debió a que la presidenta fue informada de que el costo de la mentira estadística (que todavía maquilla los datos socioeconómicos oficiales) era demasiado para las reservas internacionales del Banco Central, que terminaron marzo por debajo de 27.000 millones de dólares.
Esto nos lleva al tercer aspecto: el retorno al endeudamiento explícito, mediante la emisión de un bono en moneda local (Bonar 17) por 5.500 millones de pesos, al que se sumarán nuevas colocaciones, mientras se evalúan fuentes de crédito en dólares, como la colocación de un bono o un canje de monedas por parte del Banco Central, alternativa que provocó la inédita situación de que Kicillof "desmintiera" al ultraoficialista Página/12.
El retiro de subsidios y el consiguiente encarecimiento de los servicios públicos, el sinceramiento estadístico y el retorno al mercado crediticio (la última colocación "voluntaria" de deuda argentina había sido en 2007, cuando el gobierno venezolano de Chávez le prestó, carísimo, al gobierno argentino de Néstor Kirchner) eran acciones inevitables, hasta reclamadas por la oposición.
La novedad es que el kirchnerismo aceptó que debe desactivar -o al menos reprogramar para que estalle más tarde- la bomba que armó tan pacientemente. Nada garantiza que tenga el temple y la pericia suficiente para hacerlo.
Pero además de afrontar los costos de las medidas, la población debe soportar la necedad del Relato con que se presentan.
En la jerga K, un aumento de 100 a 400% en las cuentas de servicios públicos no es un tarifazo sino una "reasignación distributiva de subsidios". Pasar de un crecimiento de 4,9 a 3% anual no es reconocer una mentira estadística (o inventar otra) sino un metodológico "cambio de base". Acordar con Repsol un flujo de pagos de 11.000 millones de dólares, de los cuales 91% será afrontado por los futuros gobiernos, y volver a endeudarse expresamente (la cualificación es necesaria, porque en verdad nunca hubo verdadero desendeudamiento sino cambio de acreedores) no es reconocer que falta dinero sino reprogramar virtuosamente los flujos
financieros.
El más brutal ejemplo de falsía discursiva fue la más reciente cadena nacional de la presidenta Cristina Fernández, en la que condenó la violencia y alertó el riesgo de la "venganza", a raíz de episodios de linchamiento en diversas ciudades del país.
Es cierto. La "venganza" no es buena consejera. La bestialidad, individual o colectiva, no sólo es moralmente condenable sino que debe ser punida. Ni el miedo ni la sensación de impotencia frente al delito justifican -aunque ayudan a explicar- la llamada "justicia por mano propia".
¿Pero ha habido acaso algún gobierno que atice más el sentimiento de venganza? ¿Qué autoridad tiene una presidenta que elogió por cadena nacional a los barrabravas y cuyo gobierno prepara un spot televisivo aconsejando a los que vayan al mundial en Brasil a que, "en caso de poseer causas penales en trámite", gestionen "el permiso del correspondiente tribunal actuante para salir del país".
¿Qué cree que aporta la presidenta con su comentario sobre la droga de que "los que tienen plata consumen de la buena"? ¿No sabe acaso que el presupuesto del gobierno que encabeza destina cinco veces más dinero al "Fútbol para Todos" que al combate del narcotráfico?
Fea combinación la bancarrota del Modelo con la desfachatez del Relato.
