28 de noviembre de 2012 - 03:14

Bajo el signo de la escasez

La primera década del siglo XXI fue una excepción histórica. En la Argentina, la abundancia de dólares no es un fenómeno duradero.

Aunque la Argentina salga momentáneamente airosa del brete en que la puso Thomas Griesa (el juez que entiende en los juicios por el impago argentino de 2001 de bonos con legislación de Nueva York, y sus derivaciones posteriores), es cada vez más claro que la insuficiencia de divisas será una constante en los próximos años.

La vuelta de esa restricción ya se había manifestado a fines de 2011 y disparó la oleada de medidas con la que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (CFK) no hizo sino ahondar el problema.

La recurrente escasez de divisas fue una de las características centrales de la economía argentina del siglo XX. Las rachas de crecimiento terminaban cuando la falta de dólares y la devaluación que sobrevenía frenaban la economía hasta que, con el mercado interno deprimido y por vía del comercio exterior, se recuperaba cierta holgura cambiaria que permitía volver, por un rato, a expandir la actividad interna.

Esas rachas raramente duraban más de cinco años. Ni siquiera el primer peronismo pudo ir mucho más allá, pese a los dólares que se habían acumulado durante la segunda guerra mundial. Los primeros signos de escasez se vieron a fines de los ?40. En respuesta, a principios de los ?50 Perón llamó a las primeras "Jornadas Nacionales de Productividad".

Inició un ajuste que le costó fricciones con la CGT y negoció los famosos "contratos petroleros con la Standard Oil de California". El ciclo de crecimiento más largo en la segunda mitad del siglo pasado fue el oncenio 1964-1974. El "Rodrigazo", en 1975, marcó el final no sólo de ese ciclo, sino de toda una etapa histórica de la economía argentina.

Así las cosas, la primera década del siglo XXI fue de una excepcionalidad notable. A partir de 2002, los altos precios de las materias primas, sumados al alivio externo por el default de la deuda pública y su exitosa reestructuración, resultaron en una gran abundancia de divisas, tanto por la sucesión de superavits comerciales como por el desahogo de las cuentas públicas en materia de pagos y, en menor medida, por el ingreso de capitales en busca de los altos retornos que brindan las economías de rápido crecimiento.

Ese contexto permitió acumular reservas y dio verosimilitud al discurso del "desendeudamiento". Un discurso falso porque, como ya explicamos aquí, el Tesoro argentino no se desendeudó sino que cambió de financistas, recurriendo cada vez más a los fondos de la Anses (y del Nación y de otras cajas menores), las reservas del Banco Central y la lisa y llana emisión de pesos, la proverbial "maquinita".

Pruebas al canto: a mediados de 2008 las reservas en dólares equivalían al 66% de los activos del BCRA y las promesas de pago del Tesoro eran poco más del 25%. Ahora, en cambio, las proporciones son 40 y 52%, respectivamente. Los paga Dios kirchneristas ya superan en 30% los dólares de verdad de que dispone el Central.

Los lenguaraces oficiales, incluida la propia CFK, han comparado esas transacciones y emisión con las del Banco Central Europeo y la Reserva Federal de Estados Unidos. Pero esos casos son intentos (hasta ahora fallidos en Europa y de éxito relativo en EEUU) de escapar de la recesión y evitar el colapso bancario, ante una demanda de dinero que absorbe esa liquidez. Aquí, en cambio, la emisión es puro combustible inflacionario.

De nuevo, la evidencia: entre diciembre de 2007 y setiembre pasado la Fed de EEUU aumentó 214% la Base Monetaria, pero el M2 (un concepto más amplio) creció 35%, pues el "multiplicador" del dinero cayó de 9,3 a 3,9 veces. Aquí, la expansión de Base y M2 fue casi idéntica: 171 y 173%, y el circulante en poder del público aumentó todavía un poco más, 183%.

El gobierno intenta disimular la escasez de dólares con abundancia de pesos que, al no ser convalidados por la demanda del público, se traducen en inflación. El nudo es difícil de desatar, más aún si el gobierno insiste en afirmar lo falso y negar lo evidente. Por caso, CFK ha dicho que el "cepo cambiario" es una "creación mediática", como vendría a probar el hecho de que las salidas de argentinos al exterior ya superan el ingreso de turistas extranjeros a la Argentina.

Si es por dar cifras, la presidenta podría ser aún más específica: en los primeros nueve meses de 2012, el balance neto de divisas turísticas fue deficitario por primera vez desde el fin de la convertibilidad, y en nada menos que 2.255 millones de dólares, precisa un estudio de Ecolatina, consultora que fuera fundada por el ex ministro Roberto Lavagna.

Lo que se le escapa a la presidenta es que ese fenómeno se debe a que la Argentina se ha vuelto cara en dólares. Por eso, pese a las trabas, cada vez más argentinos optan por vacacionar en Brasil, Uruguay o México (la salida aumentó 16% en ese período) y menos extranjeros vienen por aquí (caída del 3,5% en igual lapso), o se quedan menos tiempo, o compran menos bienes y servicios.

El gobierno debería también evitar el error de creer que desconocer los fallos externos y hacerle pito catalán a los acreedores que no renegociaron la deuda (sean fondos buitre, jubilados italianos o gobiernos del G-7) puede resultarle gratuito.

De vuelta, los números vienen al caso. Si bien las exportaciones siguen siendo la principal fuente de divisas del país, habiendo aportado 69.800 millones de dólares en los primeros nueve meses de 2012, en ese mismo lapso el ingreso de dólares por créditos externos (de organismos multilaterales como el BID, el Banco Mundial y la Corporación Andina de Fomento, y de líneas de crédito comerciales y de matrices de empresas extranjeras que operan en la Argentina) sumaron 34.000 millones, el triple del saldo comercial del período. Ergo, lo que deja de ingresar puede más que compensar lo que se deja de pagar.

Y si se opta por una estrategia de "autarquía financiera" en serio, debería dar a la población una moneda fiable en la que pueda hacer cuentas y ahorrar. En definitiva, esa carencia es la principal causa de la demanda de dólares. Pero para eso, el gobierno debería reconocer el problema, aunque se ponga colorado por escapársele una verdad.

Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.

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