18 de mayo de 2019 - 00:00

¡Ay! - Por María del Rosario Ramallo

Cuando sentimos dolor, ya físico, ya espiritual, existe una palabra que expresa nuestra experiencia:  es la interjección ‘ay’. Si la buscamos en el diccionario, nos encontramos con que ella sirve para expresar muchos y muy diversos movimientos del ánimo, aunque los más comunes son la aflicción y el dolor. Ejemplos de ello son las expresiones siguientes: “¡Ay, qué triste estaba hoy el parque sin niños en los juegos!” y “Me dijo toda la verdad y, ¡ay!, me impresionó mal”.

Esta interjección puede ir seguida de la partícula ‘de’ y de un nombre o pronombre; toda la expresión así formada puede denotar pena, temor o amenaza: “¡Ay de mí, qué días me esperan!”; “¡Ay de todos ustedes, cuánto sufrimiento han padecido!” y “¡Ay de mis anhelos: se han desmoronado!”.

Poéticamente, existe una interjección desusada, ‘guay’, que también aparece seguida de la preposición ‘de’: “¡Guay de aquel que no guarde silencio!”; existe una locución verbal, también desusada, ‘tener alguien muchos guayes’, con el valor de “padecer grandes achaques o muchos contratiempos de la fortuna”.

También ‘ay’ puede ser un sustantivo masculino, cuyo plural es ‘ayes’, con el  significado de “suspiro, quejido”: “Desde el pasillo, se oían los quejumbrosos ayes del herido”.

Dejando de lado la palabra ‘ay’, como sustantivo o como interjección, encontramos incorporadas al español palabras terminadas en ‘-ai’ provenientes de otros idiomas que no sabemos cómo acentuar y tampoco cómo pluralizar. No son demasiado abundantes, pero generan nuestras dudas; tal es el caso del sustantivo ‘bonsái’. Palabra de origen japonés, designa la planta ornamental que es sometida a una técnica de cultivo destinada a impedir su crecimiento, por medio del corte de raíces y de la poda de ramas. En lo que se refiere a su acentuación, es voz aguda, terminada en vocal; por ello, debe tildarse. Su plural es ‘bonsáis’ y su acento se explica también por su carácter de vocablo agudo acabado en ‘-s’.

Otro término de origen japonés es ‘samurái’, sustantivo que nombra, en el antiguo sistema feudal japonés, al guerrero perteneciente a una clase inferior de la nobleza, al servicio de los daimios o miembros de la aristocracia. Como sucedió con ‘bonsái’, explicamos del mismo modo su tildación y la formación de su plural, que es ‘samuráis’.

El vocablo ‘paipái’, que registra también la escritura ‘paipay’, designa un abanico de palma, en forma de pala y con mango, muy usado en Filipinas. Explicamos del mismo modo que lo hicimos para ‘bonsái’ y para ‘samurái’, su tildación como palabra aguda y su plural ‘paipáis’. Se destaca que el término es de origen tagalo, esto es, propio de un pueblo indígena que habita en la isla de Luzón y otras islas del archipiélago de Filipinas.

Si hay algo que nos evoca la Isla de Pascua es el recuerdo de las esculturas en piedra volcánica, de gran tamaño, en forma de bustos humanos que miran en dirección al mar. La palabra de origen pascuense que las designa es ‘moái’, con plural ‘moáis’.

Y si hablamos de pueblos alejados, mencionaremos a los ‘masáis’, comunidad nómada y guerrera, que habita en Kenia y Tanzania, caracterizada  por su elevada estatura. Nuevamente, la escritura con tilde obligatoria indica el carácter agudo del vocablo y su terminación.

Entre las recomendaciones que diariamente envía la Fundación del Español Urgente (Fundéu), figura el vocablo ‘fuerdái’, que aún no ha sido incorporado al diccionario académico. Según esta fuente, se trata de una palabra proveniente de la forma pinyin “fù’èrdài”; se nos presenta como una voz asimilada, con romanización de los caracteres chinos. Por ello, la tildación es análoga a la de las palabras mencionadas arriba, como también su plural en ‘-áis’, esto es, ‘fuerdáis’. El término sirve para nombrar a los hijos de los nuevos ricos chinos.

¿Quién no ha visto escrita la expresión ‘dalái lama’, con que se nombra al supremo dirigente espiritual y político del Tíbet? Con respecto a su escritura, nos dice el Panhispánico: “Aunque se ve escrito con frecuencia con guion intermedio (‘dalái-lama’), se recomienda su escritura en dos palabras independientes. El núcleo del compuesto es la palabra ‘lama’, por lo que únicamente este elemento debe llevar la marca de plural: ‘los dalái lamas’. El primer elemento ha de escribirse con tilde en español, por ser palabra aguda terminada en vocal”. Respecto del uso de la mayúscula inicial, se recomienda que toda la denominación ‘dalái lama’ se escriba con minúscula, por tratarse de sustantivos comunes y no de nombres propios.

Además de estos términos, muchas veces se nos plantean dudas acerca de cómo escribir algunos topónimos extranjeros pues no sabemos cuál es el criterio que se sigue para transcribirlos en un español correcto. Para ilustrarnos, como siempre, las fuentes recurrentes son la Fundéu y el  Panhispánico de Dudas. Veamos, en primer lugar, la palabra autorizada para el nombre de la ciudad china ‘Shanghái’:  “Esta grafía resulta de transcribir el original chino al alfabeto latino y, por tratarse de una transcripción, debe someterse a las reglas de acentuación gráfica del español, que obligan a tildar las voces agudas acabadas en vocal, incluidos, como es el caso, los diptongos.  No se considera válida la grafía *Shangái”.

Otro vocablo dudoso en lo que atañe a su tildación es ‘Dubái’, nombre de este emirato árabe y de su capital: también es voz aguda terminada en vocal, por lo que debe portar tilde. Ocurre lo mismo con ‘Hawái, archipiélago del océano Pacífico que, desde 1959, es uno de los estados de EE. UU. También se llama así la mayor de sus islas. El nombre original es “Hawaii”, pero se ha obtenido la hispanización de esta forma, por lo que escribimos su nombre terminado en ‘-ái’, con tilde, por tratarse de vocablo agudo terminado en vocal.

Finalmente, aunque no termine en ‘-ái’ sino en ‘-ói’, cumple con todas las reglas que hemos explicado el sustantivo ‘Hanói’, nombre de una ciudad de Vietnam. Este nombre resulta de la transcripción de una lengua escrita en alfabeto no latino y, por ser palabra aguda terminada en vocal, se somete a las reglas de tildación de este tipo de palabras. En cuanto a su prosodia, nos dice el Panhispánico, debe pronunciarse con ‘h’ aspirada.

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