8 de octubre de 2014 - 00:00

Autoridad moral y confianza

Cuando las sociedades están tensionadas política, culturalmente, las instituciones ven afectados sus principios y valores morales. La escuela, en su sentido genérico (espacios educativos de niño(a)s, adolescentes, jóvenes), no está ajena a esta situación.

El ámbito en el cual el (la) docente ejerce su autoridad moral es el aula. Su tarea primordial es la dinámica humana en el aula basada en códigos morales. Allí, lo que hace o no hace para mantener la convivencia humana es el resultado de sus convicciones, creencias y actitudes pero también, en gran medida, está determinado por los reglamentos escritos y acordados de la escuela o por normas que, si bien no están escritas, forman parte de la costumbre y se mantienen mediante instrucciones o recomendaciones de sus autoridades.

Si se analiza en detalle a lo(a)s docentes que tienen autoridad moral en sus aulas, es decir, que muestran “actitudes, comportamientos y rasgos que dan confianza, estabilizan el mundo, crean una atmósfera de cordialidad, paz y civilidad y por esa vía infunden respeto y se les “sigue”, se podrá constatar que disponen de competencias (en su sentido filosófico) en dos ámbitos de su ser: el de la construcción de confianza y el de la creación de estados de ánimo.

En la figura se presenta una matriz de análisis para explicar la relación entre el desarrollo de la “autoridad moral” y la “confianza. Si la interpretamos podremos darnos cuenta de lo que podría estar ocurriendo en las aulas.

Afirmamos que para construir “autoridad moral” desde las aulas se requiere construir confianza en los estudiantes. Lo que los y las docentes saben o deben saber es cómo se construye confianza. Desde el lenguaje se construye confianza, cumpliendo lo que se promete y siendo congruente en lo que se dice y lo que se hace. No generando paradojas, por ejemplo, entre lo que se dice y lo que se hace. Así de simple.

Hay quienes piensan que construir autoridad moral es tema de imponer “reglas oficiales”, es decir, se orientan por códigos restringidos para actuar en el plano de las interacciones humanas que caracterizan una relación educativa (AM+/C-). Hay quienes lo que les preocupa es generar confianza, pero sin establecer principios y límites morales (AM-/C+), y por eso se puede definir las relaciones como abiertas, pero restringidas porque no orientan moralmente, no conducen (autoridad popular). Hay quienes no actúan desde lo moral ni desde la construcción de la confianza (AM-/C-) y por ello los he denominado los “innombrables”, porque no benefician en nada a la construcción de espacios educativos.

Finalmente, hay quienes ejercen “autoridad moral” y establecen relaciones de “confianza”, desarrollan “identidades”; establecen relaciones empáticas, abiertas, pero firmes al momento de tomar decisiones relativas a las cuestiones morales; van más allá de la autoridad moral “formal”.

Por consiguiente, desarrollan códigos interactivos elaborados, que son formativos y no impositivos, los que a su vez generan “estados de ánimo” positivos, creativos, abiertos a participar de los mundos necesarios para aprender y desarrollarse.

Estos últimos, lo hacen no una vez, eventual u ocasionalmente, sino siempre, persistentemente a lo largo de las horas, los días, los meses y los años.

Los niños, las niñas, los/las adolescentes y jóvenes permanecen con los docentes a lo largo de muchos años y es a lo largo de todo ese tiempo que tenemos que cumplir siempre nuestras promesas y ser siempre coherentes en lo que decimos y lo que hacemos. 
Para finalizar, se podría decir que este tipo de análisis es válido para los padres y madres respecto de la orientación y formación de sus hijos e hijas en un mundo que requiere el desarrollo de la "autoridad moral" construida desde la "confianza".

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