Todo suma o resta de acuerdo a cómo se enfrente, se diga, o el momento que se elija. Una argumentación válida y justa puede escucharse de diferente manera por el empleador si se encuentra (o no) la forma adecuada de plantearla, y el instante oportuno para hacerlo.
No se trata de un juego de ajedrez, pero casi. Implica un pensar reflexivo y acertado para poder propiciar una buena escucha y comunicación sobre cómo demandar lo que precisamos en nuestro lugar de trabajo.
"Más que un aumento de sueldo se trata de pedir un mejoramiento en las condiciones de retribución", puntualiza la psicóloga laboral Viviana Imperiale.
- En realidad no. El sueldo neto no es igual a la retribución ya que el primero está muy asociado a lo económico y al valor en pesos, y la remuneración tiene que ver con otros beneficios aparte del efectivo en sí mismo.
Lejos de plantear qué palabras (o no) usar, Imperiale hace hincapié en que “el sujeto debe partir de un cuestionamiento interno de costo-beneficio”.
- ¿En qué sentido?
- Tengo que pensar qué tipo de costo tengo, qué tareas desempeño, si son las mismas a través del tiempo, cómo entré a la organización en ese puesto, si crecí o aprendí cosas nuevas al entrar a la organización o si estoy igual, ya que todo eso me va a dar herramientas para gestionar (no confrontar) un mejoramiento en mi calidad de vida laboral. Si no soy la misma que entré a la empresa respecto a mis conocimientos, mereceré que la organización me lo reconozca. Cuidado que no es ir a hablar con el jefe con un perfil de “yo me merezco esto” sino: “estoy ofreciendo esto y creo que desde allí me merezco esto otro”.
- ¿Qué otras preguntas debo hacerme antes de enfrentar esta situación de manera positiva?
- Preguntarse: "Si estoy en esta organización y quiero ganar más, ¿mi empresa me lo va a proveer?, ¿de qué manera da los aumentos?"
Generalmente existen colectivos, que no necesariamente es el sindicato, pero si lo plantea un sector a partir de proponer objetivos a lograr, o plantearse como equipo y ver de qué manera entre todos se pueden mejorar las condiciones, a veces el planteo es recibido de otra manera.
Lo importante es dialogar, no exigir, si no, no hay posibilidad de diálogo. En el mercado hay todo tipo de empresas.
Uno tiene que prepararse con todos los argumentos posibles.
- ¿Siempre ir negociando?
- Absolutamente. Lo ideal es llevar siempre propuestas, no ir a pedir sin brindar nada. Entonces, ante distintas alternativas, es difícil que el otro se niegue. Lo importante es que el tema no quede en un “sí” o un “no”, sino en el cómo; ya que si la organización o empleador quiere brindar a su empleado mejores condiciones, quizá no sea a través del sueldo sino por medio de otros beneficios.
Si la organización no está en condiciones de aumentar el sueldo, hay que ver qué nos propone que nos venga también bien: ayuda en créditos que estamos deseando, mejoras de obras sociales, capacitaciones pertinentes, etc.
El tema pasa por ver la realidad de la organización en la cual se está, ya que no se puede negociar lo que no se va a obtener. Desde ese principio de realidad se tienen que poder llevar alternativas y opciones para proponer.
Consejos para encontrar el mejor momento
1. Jamás saltear al jefe
Aumentos, ascensos, rotaciones, capacitaciones, renuncias y cualquier otra demanda siempre deben canalizarse primero con el supervisor directo. Sólo ante una incapacidad o negativa manifiesta, el ejecutivo deberá evaluar buscar apoyo en otros, empezando quizá por el área de Recursos Humanos.
2. Evitar los motivos personales
Demandar un salario más alto porque el alquiler aumentó, se tiene un viaje planificado o un deseo de mudanza podrán ser razones muy válidas, pero muy rara vez funcionan dentro de una organización. Lo que el profesional debe explicitar y defender es el valor que él aporta de manera única y diferencial. Justificar su contribución real y tangible que hace que la empresa gane con su presencia.
3. No compararse
En épocas de inflación es una tentación, pero nunca son 100% correctas. El jardín del vecino siempre es más verde. Mirar afuera sirve, claro; pero no debe ser el argumento primario para apoyar un aumento. Las empresas son distintas en las responsabilidades del cargo, aunque el nombre del puesto sea el mismo, en los sectores en que operan, en facturación, en reportes a cargo, en presupuestos disponibles, en impacto de las decisiones. Internamente, la equidad interna debe existir, pero no como ciencia exacta. La antigüedad, el potencial y el desempeño individual aportan matices y grises que necesariamente implican diferencias. Pedir más porque mi par gana más es una ingenuidad y error de principiante.
4. Preparar la conversación
Pedir un aumento es una de las charlas organizacionales difíciles. Por ende, jamás debe ser improvisada o producto de un impulso o enojo puntual. Seleccionar un espacio físico privado de potenciales interrupciones, disponer del tiempo necesario (agendando el encuentro con el supervisor con fecha y hora cierta), conocer y leer del jefe los momentos en que estará más propenso a la charla son deberes básicos que se deben atender.