La mayoría de los argentinos no computan la incidencia de los factores externos en nuestra economía. Ni los ciclos de auge ni los depresivos son analizados en función de lo que pasa en el mundo.
La mayoría de los argentinos no computan la incidencia de los factores externos en nuestra economía. Ni los ciclos de auge ni los depresivos son analizados en función de lo que pasa en el mundo.
Se considera que la primera globalización es resultante de la primera revolución industrial que, con la máquina de vapor, redujo los tiempos de viaje e incrementó, el tonelaje de los barcos que navegaban por los océanos y la locomotora, que tuvo, el mismo efecto en el espacio terrestre.
Sin embargo, con los avances producidos desde el siglo XV en la navegación, que posibilitó el descubrimiento de América y el acceso directo, sin intermediarios, a los mercados asiáticos, lo que sucede en Europa tendrá repercusión en estas tierras. La revolución francesa de 1789 y el asesinato de los reyes de Francia, llevó a varias monarquías a formar la primera coalición contra el gobierno revolucionario.
Luego de algunos reveses, el reino de España, se retiró de la coalición e incluso se alió a la República Francesa a pesar de los lazos de sangre de la casa real española con los Borbones de Francia. La consecuencia en nuestra región fue la disminución de las importaciones de España hacia sus posesiones de ultramar. El vino era una de ellas, junto con el aceite de oliva. Esa disminución se debió a la fragilidad de la marina de España frente al poderío de la flota británica.
Este hecho abrió una posibilidad a los viticultores de Mendoza de vender sus vinos en el mercado de Buenos Aires, como también se incrementaron las ventas de aguardiente sanjuanino. Estas ventajas perduraron hasta 1809 y concluyeron por dos razones. Una de ellas fue la invasión de Napoleón a España, que llevó a este reino a una alianza con Inglaterra con lo que se levanta el bloque y el apresamiento de naves hispanas. Así entra el vino carlón de las Canarias.
Y la otra razón fue la disminución de restricciones a las importaciones. Pocos años después, la ocupación portuguesa de la Banda Oriental del Uruguay facilitó el ingreso de los caldos portugueses al mercado porteño. Y luego de la disolución naciona, y convertirse este país en una confederación de hecho de mini estados, se dieron más factores para una decadencia de la industria vitivinícola.
Es que a los altos costos de transporte se agregó la baja de las tarifas aduaneras del puerto de Buenos Aires, dispuesta por el nuevo gobierno de esa provincia y los derechos de tránsito implantados por las provincias de San Luis, Córdoba y Santa Fe.
Como si esto no bastara, la guerra civil entre el Litoral y el Directorio y luego de Buenos Aires y Santa Fe contra Ramírez y los Carrera, interrumpió el tráfico a Buenos Aires. A esto se agregaron los ataques de los indios que se instalaban en las Pampas provenientes de Chile, perseguidos en ese Estado por haber colaborado con los españoles en la guerra de la independencia.
Por otra parte el tráfico que desde Buenos Aires se dirigía al mercado chileno, o del Chile al Alto Perú, pasando por Mendoza, con la formación de los nuevos Estados, se hará desde Europa, directamente, a los puertos de esos países por mar.
Los mendocinos debieron entonces dedicarse a otras actividades, así adviene una etapa, donde el principal, negocio será el engorde de vacunos en su alfalfares para ser vendidos en el mercado chileno.
La vitivinicultura entra en decadencia y sólo comienza a resurgir cuando el ferrocarril se acerca a la Provincia hasta su inauguración en 1884. Ahí se consolidara el resurgimiento del viñedo mendocino. En otra nota nos referiremos a otra circunstancia externa que alivió la economía mendocina a mitad del siglo XIX.
En ese tiempo la provincia tuvo que aportar para la formación del Ejército de los Andes, participar de guerras civiles, formar parte de la Liga del Interior liderada por el general Paz y soportar problemas económicos por las políticas de Juan Manuel de Rosas.