11 de marzo de 2026 - 11:16

Así fue la primera casa de Gran Hermano Argentina: sencilla, despareja y con un granero

A 25 años de la primera vez que se abrieron las puertas, se conocieron imagenes del que fue el primer hogar del reality.

Hace 25 años, la televisión argentina vivió uno de sus grandes hitos con el estreno de Gran Hermano. El reality llegó al país en pleno 2001 y rápidamente se convirtió en un fenómeno cultural que cambió la manera de consumir televisión.

Pero más allá de los participantes y las polémicas, otro de los grandes protagonistas fue la casa donde todo ocurría. Ese espacio, diseñado especialmente para el programa, combinaba simplicidad, colores llamativos y un sistema técnico pensado para observar cada movimiento.

Embed - Final Gran Hermano 1 - Año 2001

La vivienda estaba diseñada para alojar a doce participantes y respondía a una arquitectura pensada para las cámaras. Además, fue construida mediante un sistema en seco, una técnica muy utilizada en escenografías televisivas porque permite montar estructuras de manera rápida y adaptable para la producción.

El interior de la casa tenía una estética muy marcada, típica de los finales de los años 90 y comienzos de los 2000. Las paredes estaban pintadas en tonos pastel o colores saturados, mientras que los muebles eran simples, en su mayoría de madera clara. A eso se sumaban textiles muy coloridos que aportaban contraste en los distintos ambientes.

Gran Hermano
Así era la primera casa de Gran Hermano en Argentina.

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Gran Hermano
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Otro de los rasgos visuales más recordados de aquella primera edición estaba en los dormitorios. Las camas estaban cubiertas con colchas de colores intensos y diseños a cuadros que se volvieron parte de la identidad visual del programa.

La primera casa de Gran Hermano Argentina como experimento de observación

Detrás del diseño de la primera casa de Gran Hermano Argentina había una lógica muy clara: todo debía ser visible. El espacio estaba organizado alrededor de la llamada “cruz de cámaras”. Para ello, la arquitectura eliminaba puntos ciegos: los ambientes se conectaban entre sí, las circulaciones eran amplias y el mobiliario bajo permitía que las cámaras captaran la mayor cantidad de situaciones al mismo tiempo.

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A eso se sumaban 70 micrófonos distribuidos por toda la casa. Cada participante debía llevar un micrófono personal durante casi todo el día y solo podían quitárselo para dormir, ducharse, entrar al confesionario o meterse en la pileta. Ese principio de visibilidad constante recuerda a una idea muy estudiada en sociología: el panóptico, un modelo de arquitectura pensado para vigilar sin ser visto.

Uno de los detalles más particulares de aquella primera edición fue la presencia de animales dentro del predio. La casa contaba con un pequeño establo donde había una vaca y un ternero que los participantes debían cuidar. Además, había un gallinero con ocho gallinas.

También existía una pequeña huerta donde se cultivaban verduras. Los concursantes debían encargarse tanto del cuidado de los animales como del mantenimiento del cultivo. Esa combinación de tareas rurales y convivencia televisiva le daba al reality un identidad muy particular.

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