Afinan detalles para la visita de Obama a la Argentina

Se trata de un viaje histórico en vísperas del acuerdo con los fondos buitres. El presidente estadounidense llegará al país el próximo 22 de marzo. Intensa agenda binacional.

Si bien no será tan histórica como la de la escala previa, lo será definitivamente histórica para las relaciones bilaterales y, por su eventual proyección, regionales.

Por primera vez en casi 19 años, un presidente de Estados Unidos, la todavía hoy primera potencia mundial, bajará hasta el extremo sur continental para realizar una visita de Estado al tercer país más grande de la región, gobernado desde hace tres meses  por un presidente que llegó al cargo como el primer candidato en América Latina declaradamente defensor de la economía de libre mercado a ultranza, y después de más de doce años de gobiernos populistas.

Políticamente en esos términos puede sintetizarse la importancia de la visita de algo más de 48 horas que hará Barack Obama a casi un año del final de su segunda y última presidencia. Aun cuando su presencia tampoco puede disociarse de la coincidencia con los 40 años del golpe de Estado en el que Washington tuvo mucho que ver, como en otros de esos tiempos, en el marco de la “doctrina de la seguridad nacional” que promovía.

Obama arribará a Buenos Aires sobre la medianoche del próximo martes 22 en el avión presidencial Air Force One tras ocho horas de vuelo desde La Habana después de una visita doblemente histórica a la isla: primera de un presidente estadounidense desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, como parte del proceso de restablecimiento de relaciones abierto por la Casa Blanca; primera también de un jefe de Estado estadounidense desde 1928, cuando lo hizo Calvin Coolidge.

Cocinada de apuro como una especie de compensación hacia el interior estadounidense de la visita a Cuba en un año electoral,  y contrarreloj (el primer encuentro de Mauricio Macri con Obama se preveía para fines de marzo en la cumbre sobre seguridad nuclear, en Washington; allí  también volverán a reunirse), la presencia del jefe de la Casa Blanca tiene ante todo un sustancial significado político.

Es la primera visita de un Presidente estadounidense desde la que le hizo en octubre de 1997 el también demócrata William “Bill” Clinton a Carlos Menem (tras la Cumbre de las Américas, en Bariloche).

Sin contar aquella que no incluyó un encuentro bilateral, en 2005, en Mar del Plata, también otra Cumbre de las Américas, en la que el republicano George Bush tuvo que bajar la cabeza ante la decisión de la mayoría de los presidentes latinoamericanos, con Néstor Kirchner a la cabeza, de enterrar la iniciativa de libre comercio continental (el Alca) que Washington impulsaba desde los noventa.

Tampoco hubo visitas de Estado, ni hacia uno u otro país, en los ocho años de presidencia de Cristina Fernández, en los que sí llegó a reunirse en cinco ocasiones con Obama con motivo de cumbres multilaterales, en una dinámica de progresivo congelamiento en la relación bilateral; y hasta de choque: “Si me pasa algo, miren al Norte”, dijo la entonces Presidenta en medio de la crisis por la muerte del fiscal Alberto Nisman.

Ni “el enojo permanente” del kirchnerismo, sobre todo de Cristina, al decir del embajador argentino en Washington, Martín Lousteau. Ni “las relaciones carnales” del menemismo, según palabras de la canciller Susana Malcorra.

Entre ambos extremos, relaciones “inteligentes y maduras con la primera potencia mundial para no perder una oportunidad”, es lo que de acuerdo con la ministra busca el gobierno de Macri, que a tres meses de haber asumido, presenta la visita como un hecho fundamental en la reinserción de Argentina en el mundo, por sobre las visitas de los gobernantes italiano Matteo Renzi y francés Francois Hollande.

Según esa expectativa, ello tendría que ser acompañado del anuncio de inversiones significativas como para empezar a darle credibilidad al vaticinio gubernamental de que, cerrado el conflicto con los buitres, vendrán inversiones por 20 mil millones de dólares. La expectativa de la Casa Rosada en ese sentido está puesta en que una parte de la populosa comitiva que acompaña a Obama (850 personas, en su mayoría relacionada con su seguridad), la componen ejecutivos de las principales corporaciones estadounidenses interesadas, al  parecer, en invertir.

Tales expectativas serán develadas en el encuentro empresarial organizado por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham) en la sede de la ex Sociedad Rural, a la vuelta de la embajada estadounidense y del adjunto Palacio Bosch, propiedad de la embajada (donde se alojará Obama y su familia), todo en tres cuadras a la redonda, en los bosques de Palermo. Ante ese auditorio se presentarán Obama y Macri, “probablemente juntos”, dijo a este diario una fuente presidencial.

Según la fuente, esa es una de las actividades confirmadas de la agenda de Obama, cuya modificación depende de la “avanzada” del gobierno y la seguridad estadounidenses, y que empezará a tener formas definitivas este lunes 14. Las restantes actividades confirmadas del miércoles 23 tienen que ver con la audiencia entre ambos presidentes en la Casa Rosada, al término de la cual, como es habitual, se difundirá una declaración política y se anunciarán los acuerdos (hasta donde se sabe, centrados en la cooperación en las luchas contra el narcotráfico y el terrorismo). Seguida de una conferencia de prensa conjunta en la sede gubernamental.

Antes, como marca el protocolo para visitas de Estado, Obama hará una ofrenda floral a José de San Martín, pero en vez del lugar habitual (la plaza que lleva su nombre, en Retiro), por razones de seguridad será en la Catedral que guarda sus restos. También se reunirá con los integrantes de la Corte y las autoridades del Congreso en un lugar a definir. Y por la noche compartirá con Macri la cena de rigor, que seguramente -dijo aquella fuente-  será en el Centro Cultural Kirchner (CCK), el ex Palacio de Correos.

(La cena con Hollande fue en el Museo del Bicentenario, adjunto a la Rosada). De ser en el CCK, sería ésta la primera actividad en ese lugar desde que fue cerrado ni bien asumió Macri y en el que la única actividad es la que desarrolla el ministro de Cultura, Hernán Lombardi, quien trasladó a allí su oficina.

Hasta ayer no había confirmación acerca de si Obama se reunirá con la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto. Tampoco si visitará la ex Esma donde funciona el Museo de la Memoria. O si se hará presente en la sede de la ex AMIA donde fue el atentado de 1994. Sólo se sabe que a primera hora del jueves 24, viajará a Bariloche.

Será una manera de tomar distancia en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, feriado nacional inamovible desde la presidencia de Kirchner. Irá a  Bariloche en plan de descanso familiar. Hasta allí podría viajar Macri, aún no se sabe si para firmar un acuerdo entre en el Invap (Investigación  Aplicada) y la Nasa (Administración Espacial y Aeronáutica Nacional), o sólo para compartir una partida de golf.

Obama y compañía regresarán de Bariloche a primera hora del viernes 25 para abordar en Ezeiza el Air Force One, que habrá estado allí estacionado durante su visita, con destino a Washington.

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