22 de enero de 2014 - 02:00

Aquel paraíso perdido llamado Deal Extreme

¿Qué tenían (hablo en tiempo pasado) de atractivos sitios como Ali Express, Deal Extreme o -en menor medida- Amazon? Podríamos decir que la comodidad de comprar por Internet, en ojotas o chancletas, accediendo a toda la información necesaria del producto en cuestión, además de poder corroborar nuestras decisiones de consumo con prestos foros de otros usuarios y gran profusión de fotos y gráficos. Sí, pero no.

O podríamos argumentar que la fortaleza de estas webs residía en la posibilidad de acceder a artículos que en las peladas casas de tecnología de Mendoza ni siquiera se han escuchado pronunciar en los últimos años (desde robots para ser manejados por el iPhone hasta ¡un mismísimo iPhone!). Sí, pero no. ¿Un servicio y atención post-venta envidiable (los sitios devolvían el importe si los productos llegaban defectuosos, confiando mayormente en las buenas intenciones del comprador)? Sí, pero no.

Está claro que los argentinos compraban masivamente por Internet, debido al precio irrisorio de la mayoría de los ítems allí publicados. Desde celulares de última generación a 100 dólares hasta repuestos para móviles o computadoras a uno o dos dólares. Por ejemplo, los amantes de un hobby y/u oficio como la vitrofusión encontraban en webs como Deal Extreme o Focalprice un cortador de vidrio de punta de diamante a centavos de dólar, mientras que en las casas del ramo se piden entre 50 y 100 pesos por el mismo adminículo. Otro tanto sucedía con la ropa: jeans o remeras de primera calidad a 10 dólares, por ejemplo.

La mayoría de estas compañías de origen oriental, además, despachaban los productos con costo de envío cero para el internauta, conformando un precio final imbatible.

Tenían, entonces, un solo defecto para el consumidor: el tiempo que tardaba en aparecer el cartero. Había que llenarse de paciencia y esperar que aquello que a los europeos o norteamericanos les llegaba en una semana desde Hong Kong, a nosotros se nos demorara dos o tres meses. Este defecto fue llevado al extremo por las autoridades argentinas, con el no explícito objeto de desalentar las compras y cerrar este orificio al cepo cambiario vigente (pequeño orificio si tenemos en cuenta la cantidad de dólares que se fugan por otras vías más o menos "sanctas").

En definitiva, el aumento del "dólar tarjeta", los nuevos papeleos de la AFIP y, fundamentalmente, como dijimos, la eterna demora en las entregas, hace que todo ese paraíso de chucherías a dos dólares, gangas textiles y ofertones tech, se haya evaporado como suspiro en canasta.

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