El ministro Julio De Vido es –quizás - uno de los más leales escuderos con que cuenta la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a pesar de que muchas veces lo pone en el frizer ante el encantamiento de las huestes camporistas, que lo tienen como su enemigo principal.
No obstante, De Vido tiene cualidades discursivas para decir cualquier cosa y plantear argumentos en forma terminante como para generar dudas o broncas.
En su alocución en la asamblea de la UIA, el ministro aseguró que este año no faltará energía y que, si llegara a faltar, seguramente será por sabotaje. Habrá que contabilizar cuantos “atentados” se producen este año, cuando están por comenzar los dos meses más críticas del verano.
De Vido descartó que el abastecimiento dependa de las finanzas de las distribuidoras (la mayoría están fundidas) y afirmó con vehemencia que “el abastecimiento depende de tener un caño –cables- y no de las finanzas de empresas que se han llevado la plata en pala.
En realidad el ministro, primero intenta ignorar que la mayoría de las distribuidoras ya fueron vendidas por la mayoría de los grupos extranjeros y fueron compradas por empresarios argentinos que tenían la promesa de aumentos de tarifas que nunca se produjeron.
La falta de aumentos les imposibilitó a las empresas hacer el mantenimiento necesario y, entre ellos, recambiar cables desgastados por el uso así como adecuar estaciones transformadoras. Si la demanda energética se mantiene firme las posibilidades de cortes son mayores por el desgaste sufrido por los materiales y abrir la puerta a que cualquier falla debe ser imputada a un atentado es solo una bravuconada para no hacerse responsables de lo que les corresponde.
Lorenzino también hace lo suyo
El ministro de Economía, Hernán Lorenzino, aprovechó un trascendido periodístico para hacer presencia. Se hablaba de que la provincia de Buenos aires quería poner un tributo a las naftas y que varios municipios bonaerenses planeaban algo similar. Allí el gobierno se enteró de que hace tres meses que un impuesto similar rige en Córdoba y que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires había planeado una tasa a los combustibles para financiar el traspaso de subtes, que fueron transferidos sin subsidios.
Inmediatamente anunció medidas judiciales, con la intención de frenar a otras provincias que quieran hacer lo mismo.
Las provincias están pasando un mal momento. Ya no pueden aumentar más sus impuestos. El gobierno nacional coparticipa mucho menos de lo acordado y la inflación pesa sobre los costos de explotación de las administraciones estatales. Además, las provincias no pueden emitir plata y se han quedado sin la posibilidad de financiarse a tasas baratas.
El gobierno aprovechó a pegarle al “díscolo” De la Sota y al opositor Macri y el mensaje lo entendió claramente Scioli, que decidió dejar de lado la iniciativa, por las dudas.
El ministro de economía no se hizo cargo de los reclamos de los funcionarios para que pongan fin a la inflación, que es el impuesto más destructivo del poder adquisitivo de los consumidores y del capital de las empresas.
Viene un año electoral y tiene que aprovechar todo lo que puedan para pegarle a los contrincantes, con o sin razón, pero de la inflación no se habla.