Durante el foro se puntualizaron las fortalezas, que la vitivinicultura del país ha tenido. Entre ellas se nombró la transformación enorme en la industria. Además aseguraron que se ha ganado en experiencia y hoy más de 150 bodegas participan competitivamente del mercado mundial. Otra ventaja es que se dispone de un varietal emblema y los productores argentinos disponen de un gran mercado doméstico y un creciente mercado cercano.
Sin embargo, el contexto económico y político argentino dificulta la expansión en el corto plazo y tendrá consecuencias en el largo plazo. El retraso cambiario impacta negativamente en la penetración internacional. La incertidumbre atenta contra la inversión y los países europeos han mejorado su competitividad por el tipo de cambio.
Como conclusión, los expertos internacionales aseguraron que "las perspectivas de largo plazo del sector son buenas porque los mercados se muestran expansivos y las bodegas disponen de buenos productos y experiencia internacional para enfrentar condiciones más competitivas. La competitividad de corto plazo no es buena por factores de contexto macroeconómico que se debieran corregir en el mediano plazo. El negocio argentino, recuperada medianamente la competitividad (tipo de cambio y menor incertidumbre) tiene un futuro expansivo muy interesante".