9 de febrero de 2013 - 22:44

Los alimentos domestican a los perros

Ahora los perros tienen una excusa para esperar bajo la mesa del comedor: la domesticación pudo haberlos adaptado para prosperar gracias a los alimentos ricos en almidón que sus dueños comen.

Un estudio publicado en Nature descubrió que los perros poseen genes para digerir almidones, distinguiéndolos de sus primos carnívoros, los lobos.

Los autores dicen que los resultados apoyan la contenciosa idea de que los perros se domesticaron permaneciendo alrededor de los asentamientos humanos. "Aunque es posible que los humanos pudieran haber salido a buscar y domesticar cachorros de lobo, pudo haber sido más atractivo para los perros empezar a comer de las pilas de desperdicios conforme empezó la agricultura moderna", dice Kerstin Lindblad-Toh, una genetista de la Universidad Uppsala, en Suecia, que lideró el trabajo de investigación.

Los investigadores de la domesticación canina concuerdan en que todos los perros, desde los beagles hasta los border collies, son los descendientes de los lobos más pequeños, más sociales y menos agresivos. Pero no se conoce ni la fecha ni el lugar de la primera domesticación: los fósiles ubican a los primeros perros en Siberia e Israel, en algún momento de entre 33.000 y 11.000 años atrás, respectivamente, mientras que estudios de ADN de perros modernos datan la domesticación hace al menos 10.000 años, ya sea en el sureste asiático o en Oriente Medio. Muchos investigadores creen que los perros fueron domesticados más de una vez, y que aún después de la domesticación ocasionalmente se cruzaron con lobos salvajes.

Lindblad-Toh y su equipo catalogaron los cambios genéticos involucrados en la domesticación analizando las diferencias entre los genomas de 12 lobos y 60 perros de 14 razas. Su investigación identificó 36 regiones del genoma que diferencian a los perros de los lobos, pero que no son responsables de la variación entre razas de perros.

Diecinueve de esas regiones contienen genes que juegan un papel en el desarrollo o función del cerebro. Estos genes, dice Lindblad-Toh, podrían explicar por qué los perros son mucho más amigables que los lobos.

Sorprendentemente el equipo también encontró 10 genes que ayudan a los perros a digerir almidones y a descomponer grasas. El trabajo de laboratorio sugirió que cambios en tres de esos genes hacen que los perros sean mejores que los lobos carnívoros para descomponer almidones en azúcares y absorberlos.

La mayoría de los humanos también ha evolucionado para digerir almidones más fácilmente. Lindblad-Toh sugiere que la emergencia de la agricultura, que comenzó hace aproximadamente 10.000 años en Oriente Medio, llevó a adaptaciones en ambas especies. "Es una señal impresionante de evolución paralela", apunta. "Realmente muestra cómo los perros y los humanos han evolucionado juntos para ser capaces de comer almidón", explica.

Cena con amigos

Sin embargo, Greger Larson, un arqueólogo evolucionista de la Universidad de Durham, en el Reino Unido, duda mucho de que los genes involucrados en la digestión de almidones hayan catalizado la domesticación, señalando que los primeros fósiles de perros predatan los albores de la agricultura. Su equipo planea analizar el ADN preservado en fósiles de perros para descubrir cuándo emergieron por primera vez las variaciones genéticas involucradas en la domesticación.

Robert Wayne, un genetista de la Universidad de California, en Los Ángeles, que también está estudiando genomas de perros antiguos, dice que el metabolismo del almidón pudo haber sido una adaptación importante para los perros. Sin embargo, piensa que dichos rasgos probablemente se desarrollaron luego de cambios de comportamiento que emergieron cuando los humanos acogieron a los perros por primera vez, cuando la mayoría de nuestros antepasados todavía cazaba presas grandes.

No obstante, el estudio se suma a la evidencia de que los perros no deberían comer lo mismo que los lobos, dice Wayne, quien destaca que la comida de los perros es rica en carbohidratos y baja en proteínas comparada con la carne común. "Todos los días recibo un correo electrónico de alguien que tiene un perro que quiere saber si debe alimentarlo como a un lobo", dice Wayne. "Creo que esta investigación responde esa pregunta: no", agrega.

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