Uno de los mayores desafíos para poder lograr buenas cosechas, aclara Sebastián, es el tiempo. La producción de abonos, repelentes y fertilizantes naturale, entre optros productos, es una tarea que requiere dedicación y planificación, asegura. "A veces me gusta lo que es el Bokashi -abono orgánico de tipo japonés-, pero no me da tiempo de hacerlo", explica. "Un tiempito que te quita a veces cuando uno mismo lo trabaja, lo vende y cuesta", aclara.
Otro obstáculo compartid por los productores del sector tiene que ver con la rotación de los cultivos. A diferencia de los monocultivos, la agroecología promueve la diversidad para prevenir plagas y enfermedades. "Uno tiene que hacer su rotación de cultivos, y eso es lo que más nos toma un poquito", comenta Sebastián. Añade que mientras que la agricultura convencional permite preparar la tierra, regar y "curar" una sola vez, la agroecología exige una labor constante y variada. "Un poco de tomate, un poco de zapallo, de lechugas, de todo un poco para que no se esparzan mucho lo que son las plagas", detalla.
La demanda es un tercer desafío. Aunque, de la mano de los cambios sociales y de consumo surgidos en los últimos años la alimentación saludable está en aumento, el mercado de productos agroecológicos todavía es incipiente. "La cantidad que se mueve es bastante poca a comparación de lo que uno tiene pensado", admite el productor y agrega que en su caso, venta no se hace por grandes volúmenes, sino a través de pedidos. Esta situación, detalla, obliga a los productores a ser flexibles y a ajustar su planificación de manera constante.
Por otra parte, el tema del riego y los costos de la energía son otro punto de preocupación. Aunque en el caso de Sebastián cuentan con un pozo en condominio, advierte que las facturas de luz shan encarecido su precio, afectando los costos operativos; un inconveniente que que afecta a una gran cantidad de agricultores en la región.
Sin embargo, pese a las problemáticas que plantean los pequeños agricultores dedicados esta rama de la producción, por lo general advierten que la brecha de esperanza se abre gracias al valor agregado que ofrecen gracias a sus productos. En el caso este productor de Maipú, la venta se realiza a través de comercializadoras especializadas en agroecología, como Reparto Alegría y el Club Agroecológico, y también en mercados locales, como la feria de Rodeo del Medio.
Justamente, en las ferias de barrios, la estrategia consiste en vender los productos al mismo precio que las verduras convencionales para dar a conocer el producto y romper la desconfianza inicial del consumidor. "Uno cuando va a esos lugares donde no conocen, siempre existe esa duda de si es realmente agroecológico o no", explica Sebastián.
Beneficios de una producción libre de agroquímicos
Los beneficios de esta forma de producir se plantean de manera doble: por un lado, el productor y por el otro, el consumidor. "Yo que estoy siempre en la chacra, la verdad que curamos las plantas muchas veces, sobre todo en el caso de los tomates, las lechugas", explica el mismo productor de Barrancas y hace hincapié en que una gran cantidad de productos “convencionales” son fumigados sin respetar los tiempos de carencia.
"En cambio, nosotros al hacerlo así, tenemos la seguridad de que podemos consumirlos con tranquilidad”, dijo y agregó que esa misma seguridad se vuelve aún más crucial para personas con salud delicada, como su madre, quien nota la diferencia al consumir estos productos.
Lo cierto es que, los productos agroecológicos, aunque a veces no luzcan "perfectos" o tan grandes como los convencionales, tienen un valor nutricional superior. "La calidad nunca va a ser igual a la otra, porque uno le mete un veneno y listo", reflexiona Sebastián. "Pero a veces uno tiene que no solo guiarse por esa calidad en lo que uno ve grande, perfecto, sino también ver qué tan nutritivo es”, destaca el productor.
A pesar de haber reducido su producción agroecológica a casi una hectárea debido a la demanda, Sebastián no piensa en dejar su actividad. Confiesa que lo hace por pasión y por un gusto por probar productos y maneras distintas de cultivar. "La verdad es que uno lo hace porque le gusta", dice Solorzano y aclara que "muchos productores agroecológicos ya no lo harían si no fuera así, más que nada, en el caso de los pequeños”.
Comparte que la agroecología, más que una técnica, es un “compromiso con la tierra y un acto de concienci”. Por eso, su visión a futuro es continuar generando conciencia, de manera que más personas puedan acceder a estos productos.
Un Sello de Confianza
En un mercado global cada vez más consciente de la salud y la sostenibilidad, la producción de alimentos orgánicos ha pasado de ser una alternativa a una necesidad. Pero, ¿cómo puede un consumidor estar seguro de que un producto etiquetado como "orgánico" realmente lo es? La respuesta está en la certificación, un proceso riguroso que no solo valida las prácticas de producción, sino que también establece un puente de confianza entre el productor y el consumidor.
Según el ingeniero agrónomo Martín Rabines, Oficial de Decisión de Certificación, y la ingeniera agrónoma María Elena Chiappe, del área de Desarrollo Comercial (ambos de la firma Ecocert Argentina, la certificación es mucho más que una simple etiqueta. Se trata detallan, de una herramienta de garantía y valor.
¿Qué es realmente un producto orgánico?
Un producto orgánico no es simplemente aquél que se cultiva sin químicos. Según los expertos, el término abarca un sistema de producción agropecuaria completo y sostenible. Detalla Rabines que este tipo de producción implica "el manejo racional de los recursos naturales, sin la utilización de productos de síntesis química", con el objetivo de ofrecer alimentos sanos y abundantes. Además, busca mantener o incrementar la fertilidad del suelo, preservar la biodiversidad y respetar los ciclos naturales.
La clave de este sistema, detlla, es la transparencia. Por eso, para que el consumidor pueda identificar claramente estas características, se necesita de un sistema de certificación que lo respalde.
El proceso de certificación: un compromiso con la calidad
La certificación es un proceso de tercera parte, es decir, es realizado por una entidad independiente que no está involucrada en la producción ni en la venta del producto. Ecocert Argentina, parte del Grupo Ecocert, es una de estas organizaciones. Fundada en 1991 como Argencert, es pionera en la certificación de productos orgánicos en el país. El proceso, aunque riguroso, está diseñado para ser claro y estructurado. En ese sentido, los ingenieros de Ecocert detallan los pasos:
Consulta inicial: El productor se comunica con la certificadora para obtener información sobre los servicios.
Solicitud y propuesta: El productor completa un formulario y Ecocert elabora una propuesta técnica y económica.
Aceptación y contrato: Una vez aceptada la propuesta, se firma un acuerdo de servicio.
Plan de producción: El productor carga su plan de producción en una plataforma web para que sea evaluado por el equipo técnico.
Auditoría: Se programa una visita al campo o a la instalación para verificar las prácticas de producción.
Revisión y decisión: El informe de la auditoría se revisa internamente para asegurar que se cumplen todos los requisitos normativos.
Entrega del certificado: Si el resultado es favorable, se emite el certificado que acredita que el producto cumple con los estándares.
Este proceso, sin embargo, no termina con la emisión del certificado. Sobre ese aspecto, detalla Rabines, "la certificación es un proceso continuo de seguimiento y control; no es algo temporal". De hecho, aclara el investigador, este proceso implica auditorías periódicas a lo largo del año de manera que sea posible mantener las condiciones de la producción.
Así, la certificación no solo beneficia al consumidor, que obtiene la certeza de estar comprando un producto de alta calidad y producido de manera ética. También es una herramienta fundamental para el productor. "Es una herramienta de comercialización y agregado de valor para el productor o elaborador", destaca Rabines.
Cómo es el trabajo de Ecocert
Ecocert certifica productos bajo diversos programas, incluyendo la Norma Orgánica Argentina (Ley 25127), que tiene equivalencia con la normativa de la Unión Europea. También trabajan con estándares internacionales como el NOP-USDA para poder exportar a Estados Unidos y Canadá.
Los productos más comúnmente certificados en Argentina son las frutas frescas (peras, manzanas, duraznos, uvas, arándanos), cereales, jugos, vinos, aceites y granos. También se certifican productos de ganadería y esquemas de sostenibilidad como GLOBALGAP.
En la última década, la demanda de productos orgánicos ha crecido de manera constante, aunque en los últimos dos años ha entrado en una meseta debido a la crisis global. Sin embargo, los expertos de Ecocert se muestran optimistas. "Creemos que de a poco se va a recuperar el crecimiento que mantuvo en la última década", afirman.
La certificación es, en este contexto, un pilar esencial. No solo brinda seguridad y transparencia, sino que también eleva el estándar de la producción, fomentando un sistema agrícola más justo, saludable y respetuoso con el medio ambiente.
Mendoza, a la vanguardia de un mercado de crece
En el panorama agrícola de Argentina, la producción orgánica ha dejado de ser una moda para convertirse en un sector robusto y en constante expansión. Pero este crecimiento no está exento de desafíos. Destacan en este sentido la carencia de incentivos gubernamentales y la dependencia del mercado de exportación.
Ernesto Martin Uliarte, investigador responsable del grupo de Agrotecnología Sostenible en el INTA- Estación Experimental Agropecuaria Mendoza, comparte que el impulso formal de la producción orgánica en Argentina se remonta a la década de los 90. Según el ingeniero, "en el año 1992 se establecen las primeras normas nacionales de producción orgánica, basadas en las regulaciones de la Unión Europea y la Federación Internacional de Movimientos Orgánicos (IFOAM)". Este marco normativo, impulsado por compradores europeos de cereales, sentó las bases para el crecimiento exponencial de las exportaciones orgánicas. El proceso culminó con la sanción de la Ley Nacional de Producción Ecológica, Biológica y Orgánica (Ley 25.127) en 1999, que impulsó aún más la producción certificada en el país.
Mendoza, con sus condiciones agroecológicas favorables y una baja incidencia de plagas y enfermedades, se ha posicionado como líder en este ámbito. Con 328 de los 1.334 establecimientos orgánicos certificados del país, y más de 20.000 hectáreas registradas, la provincia concentra casi el 25% de la producción nacional. Fuera de la viticultura, que es la industria más conocida, el Ingeniero Uliarte destaca la importancia de la olivicultura y el ajo como productos con gran presencia en la provincia.
Requisitos y Rentabilidad: la Doble Cara del Sector
Para que un cultivo sea considerado orgánico y pueda comercializarse con ese sello, debe cumplir con rigurosas normativas nacionales. El proceso, explica Uliarte, comienza contactando a una empresa certificadora autorizada por SENASA. El productor debe presentar un plan detallado de transición y producción, que es auditado periódicamente. Una vez superado el período de conversión, que es cuando se implementan las prácticas sin poder vender como orgánico, el productor puede finalmente comercializar su producto con el sello certificado, garantizando su trazabilidad.
En cuanto a la rentabilidad, el especialista señala que, si bien no es su especialidad, el sector es generalmente rentable debido a que se trata de productos de alto valor agregado y orientados a la exportación. Sin embargo, no todo es tan sencillo. La rentabilidad se ve afectada por varios factores, como el costo de la certificación, que puede ser relativamente alto para las fincas más pequeñas, y el hecho de que el diferencial de precio no siempre se le reconoce al productor primario.
Uliarte identifica varios obstáculos que frenan el crecimiento del sector orgánico en Mendoza, entre ellos: falta de protección y control, debido a que no existen normativas que protejan a los cultivos orgánicos de la contaminación de la producción convencional, ni controles estrictos sobre el impacto de esta última. A ello, su suman las dificultades técnicas y altos costos, ya que la adaptación a las nuevas prácticas de manejo puede ser un reto para los productores, y algunos insumos o prácticas son más caros que los de la agricultura convencional. A esto se agrega el arancel de la certificación.
Otro aspecto, en el mismo sentido, tiene que ver con las limitaciones que plantea el mercado local, que es pequeño, representando solo el 3% del volumen certificado, lo que genera una alta dependencia de la exportación y expone al sector a la volatilidad de los mercados internacionales. Otro desafío que se presenta, tiene que ver con la falta de incentivos gubernamentale, relacionados a la ausencia de políticas de apoyo al sector es una de las principales barreras para su desarrollo.
Fortalezas y el camino a seguir
A pesar de las dificultades, las fortalezas de la producción orgánica son innegables. Es que, además del diferencial de precio, se destacan los beneficios para la salud y el medioambiente. Los productos orgánicos son más seguros y, en general, presentan una mayor calidad nutricional, con menos pesticidas, menores contenidos de metales pesados y más antioxidantes, como señalan diversos estudios citados por Uliarte.
Para que este sector gane mayor impulso, el investigador del INTA subraya la necesidad de conciencia y difusión. "Es necesario el reconocimiento y la difusión de los problemas e inconvenientes que genera la producción agrícola convencional", así como "las ventajas de la producción orgánica". Un apoyo gubernamental a través de incentivos también sería crucial para el desarrollo sostenible del sector.
Con una demanda global en aumento, con una tasa de crecimiento anual cercana al 13%, la producción orgánica en Mendoza tiene un futuro prometedor. Sin embargo, el desafío ahora consiste en superar las barreras internas y externas para que este sector, que ofrece un producto seguro y de alta calidad, pueda consolidarse plenamente.