La búsqueda por obtener ADN de humanos antiguos empezó en climas cálidos. En 1985, un documento de investigación publicado en Nature informó de secuencias de ADN de una antigua momia egipcia; la primera vez que alguien afirmaba haber aislado material genético de un humano fallecido mucho tiempo atrás.
Pero el genetista Svante Pääbo, del Instituto Max Planck para la Antropología Evolutiva, ubicado en Leipzig, Alemania, se dio cuenta después de que era probable que las secuencias fueran resultado de contaminación de ADN moderno, posiblemente el suyo. Consciente de que el calor acelera la descomposición del ADN, él y otros enfocaron su atención en restos de climas más fríos, donde era más probable que persistiera el ADN.
Y eso, inevitablemente, significó un sesgo geográfico en la investigación del ADN antiguo. “Realmente ha sido un poco 'eurocéntrico'”, dice Hannes Schroeder, un paleogenetista del Museo de Historia Natural de Dinamarca, en Copenhague.
Ahora, después de 30 años, los investigadores han vuelto a sitios más cálidos; en esta ocasión encontrando más que contaminación. La semana pasada, un equipo publicó el primer genoma antiguo de África, de un esqueleto de 4.500 años de antigüedad encontrado en Etiopía y, durante una reunión, se reportó el perfil genético de decenas de esqueletos de 8.000 años de antigüedad provenientes de Oriente Medio.
Estos resultados revelan migraciones perdidas y matices en los detalles de los oscuros acontecimientos prehistóricos mucho más allá de Europa y Asia. “En la historia del mundo humano suceden muchas más cosas fascinantes que las ocurridas solo en Europa”, dice Schroeder, quien está usando el ADN antiguo para rastrear los orígenes de los esclavos caribeños.
Los avances registrados durante la última década han hecho posible estudiar los fragmentos de ADN muy pequeños y dañados típicamente encontrados en los restos de sitios más cálidos. Los investigadores también han descubierto que una parte diminuta del oído interno, la parte petrosa del hueso temporal, contiene mucha mayor cantidad de ADN que otros huesos humanos. “Encontramos una desmedida concentración de ADN antiguo en esta región”, dice Ron Pinhasi, un arqueólogo del University College en Dublín.
Pinhasi y sus colegas analizaron el ADN del hueso petroso de 26 individuos que vivieron al noroeste de Anatolia (actualmente Turquía) hace casi 8.000 años, aproximadamente en la época en que la agricultura se propagó de Oriente Medio hacia Europa. El análisis sugiere que pertenecían a la fuente de una migración hacia el sureste y centro de Europa que desplazó a los recolectores y cazadores locales, informó el equipo en una reunión de la Sociedad Estadounidense de Genética Humana, celebrada en Baltimore, Maryland.
Pinhasi también recurrió al hueso petroso luego de tener acceso a un esqueleto humano de 4.500 millones de años desenterrado en 2012 en las montañas de Etiopía. Él y sus colegas recuperaron suficiente ADN para secuenciar 12 veces el genoma del etíope antiguo, produciendo el primer genoma completo de un africano antiguo.
El genoma de este hombre está más estrechamente relacionado con los montañeses etíopes actuales -conocidos como ari- que con cualquier otra población examinada por el equipo. Y utilizando evidencia genética de genomas euroasiáticos antiguos y poblaciones euroasiáticas y africanas actuales, los investigadores determinaron que los ari descienden de agricultores de Oriente Medio. Sugieren que luego de expandirse hacia Europa, algunas de estas personas después avanzaron al sur, hacia África, llevando nuevos cultivos.
“África es el siguiente paso en términos de la historia poblacional de los humanos. Es un sitio obvio donde ir a buscar”, dice Eske Willerslev, un genetista evolutivo del Museo de Historia Natural de Dinamarca. Afirma que su equipo también ha tenido éxito en obtener ADN de restos africanos, incluyendo algunos que no han sido protegidos por los confines relativamente fríos de una cueva de gran altitud. Willerslev espera que los investigadores eventualmente tengan suerte extrayendo ADN de restos africanos de decenas de miles de años de antigüedad, no solo de unos cuantos miles.
Investigadores especulan que los restos de hace aproximadamente 100.000 años de las cuevas de Skhul y Qafzeh, en Israel, podrían representar migraciones fallidas desde África que precedieron en decenas de milenios a la expansión global del Homo sapiens. Otros discrepan; el ADN antiguo pudiera ser la única forma de solucionar el debate.
Y pocos esqueletos provocan tal debate entre los investigadores de ADN antiguo como el Homo floresiensis, el misterioso fósil de “hobbit” descubierto hace una década en la isla indonesia de Flores. Los esfuerzos previos para extraer ADN de sus huesos han fracasado, y su información genética pudiera ser la única forma de determinar su relación evolutiva con el Homo sapiens. “Pienso que con el floresiensis hay una probabilidad”, dice Pinhasi. “Creo que debe ser sometido a pruebas”.