En las últimas horas del sábado se conoció la triste noticia del fallecimiento de Juan Carlos Forti, después de sufrir una progresiva enfermedad que en los últimos tiempos había deteriorado su salud completamente.
A raíz de la dolencia que padecía desde hacía algunos años, el "Pelado", como se lo identificó siempre en nuestras canchas, estaba alejado de toda actividad y se había recluido en su hogar. Su esposa Sonia, que fue su sostén espiritual en esos momentos tan difíciles, se había hecho cargo de la atención de la Casa del Marco, el negocio familiar de la calle Godoy Cruz de ciudad.
Santafesino de nacimiento, "pero mendocino por adopción y de corazón", como reconoció siempre con legítimo orgullo en la charla con sus amigos y en las muchas entrevistas que concedió, Forti se radicó en nuestra provincia a comienzos de 1967.
En esa época llegó para jugar en Andes Talleres, "el club que me marcó para toda la vida", como sostenía agradecido de la institución que le abrió las puertas del fútbol mendocino y del que se consideraba hincha pese a haber triunfado también con los colores de Godoy Cruz Antonio Tomba, Atlético San Martín y Gimnasia y Esgrima. El gran entrenador de esos años, Pastor Acosta Barreiro, ex jugador azulgrana identificado también con esa divisa, lo fue a buscar a Santa Fe cuando se enteró que había quedado libre por un error administrativo del club Unión de esa provincia a fines de 1966.
En la entidad Tatengue, a la que se había incorporado luego de sus comienzos en el Fútbol Club Santa Fe, había integrado una vistosa delantera junto a Pichón Vitale, por lo que había sido convocado al Seleccionado Argentino Juvenil de Fútbol.
Por esas cosas del destino había cumplido hace poco menos de un mes los 68 años de edad (14-4-45) y ahora empieza a ser un eterno recuerdo cuando se evoca su rica trayectoria, en la que se destacó como un futbolista de alta técnica, muy buen dominio de la pelota, excelente remate de media distancia, hábil e inteligente en la distribución del juego, oportuno goleador y de una fuerte personalidad, que lo erigió en líder de todos los equipos que integró.
La movida santafesina
Se convirtió además en el símbolo de aquel movimiento que entre 1967 y 1968 trajo a Mendoza a un grupo de notables futbolistas santafesinos, que rápidamente se convirtieron en grandes y respetadas figuras.
Se recuerda que el "Pelado" llegó acompañado por Luis Lito García y Néstor Borgogno, que también firmaron para Andes Talleres, y que al tiempo se sumaron en otras entidades Ricardo Pedro Bibi Barreto, el Negro Carlos Secundino Benítez, Roberto Juan Mantovani, Edgardo Fumagalli, Eduardo Andrés Mandón, Alcides José Schanz, el Colorado Larpín, el Patrón Jorge Alberto Deiber, el Turco Deomar Fariz, el Patón Rossi, el Tucho Méndez y muchos más.
Lo notable es que la mayoría de aquellos futbolistas que acaso vinieron por una sola temporada se quedaron para siempre en Mendoza, donde formaron su hogar y constituyeron una familia. Como el caso del "Pelado", que conoció y se casó con Sonia, madre de sus dos hijas: Pamela y Ariadna. Familia que se prolonga con tres nietos.
En una nota nostálgica editada en mayo de 2008, Más Deportes reunió justamente a Forti, Mandón, Barreto, Benítez, Deiber y Fumagalli, en un encuentro que compartió un amigo en común, Pocho Sosa, con su inseparable guitarra, para que contaran esa experiencia de haberse radicado definitivamente en Mendoza.
