19 de octubre de 2014 - 00:00

¡Viva la muerte!

Esta semana el kirchnerismo intentó un inicio anticipado de campaña electoral apelando a la muerte como componente principal. Una necrofilia cultural que viene de otros tiempos.

Es curioso -o algo aún peor- un país donde su principal fuerza política, en plena gestión de su gobierno, habla del futuro como el espacio de la muerte en vez de el de una vida más plena. Una visión necrofílica en la que se propone proyectar en el mañana el modo en que hoy se ve desde el poder a la sociedad. Muy deprimente.

No es lo mismo ser oportunista que canalla. Que con finalidades electorales cualquier gobierno en ejercicio amenace con que su  alejamiento pone en riesgo las conquistas logradas puede ser una picardía o un oportunismo político, pero está enteramente dentro de las reglas del juego, por más que se busque instalar el miedo a lo que puede venir.

Si la mayoría de los electores tiene temor de perder lo que supone son ventajas obtenidas gracias al actual gobierno, están en todo su derecho de procurar mantenerlo, así como sus representantes pueden perfectamente recordarles los riesgos de votar por alternativas diferentes.

Pero ese tipo de argucias electoralistas que se practican en todos los tiempos y en todos los sitios, no tiene comparación alguna con la desmesura de poner a la muerte como protagonista de todo cambio.

Eso de sostener que si se elige otro partido político la gente empezará a morir, además de una estupidez y una canallada es un búmeran porque si se empiezan a contabilizar los muertos que pueden generar ciertas políticas por venir, del mismo modo se puede hablar de las existentes, porque toda política es una elección entre alternativas y cualquier error en esa elección puede ocasionar consecuencias trágicas.

Incluso si la decisión está bien tomada, a veces se tiene que elegir no entre perder y ganar sino entre perder más o perder menos, con lo cual en ambos casos pueden existir víctimas.

Los profetas de la muerte. Apenas en una semana, desde el oficialismo, en lo que pareciera un inicio macabro de campaña electoral anticipada, la más diversa gama de seguidores de Cristina Fernández de Kirchner apeló a la muerte como herramienta para retener el poder. Recordemos los casos más patentes.

Alex Freyre, un militante K que dice defender a las minorías siendo ñoqui de Amado Boudou, le auguró a un artista televisivo el mayor de los males por apoyar a un candidato rival del kirchnerismo, al amenazarlo así: "Aníbal Pachano, no hagas planes para el verano 2017 porque vas a estar muerto. Una pena, pero si Massa o Macri ganan así será, chantún".

La bloguera Eva Row -panelista del programa 6,7,8- no quiso ser menos y entonces aseguró:  "Tenemos miedo de que ganen las elecciones (la oposición), callando sobre su plan siniestro, que no es otra cosa que dejar morir gente".

José Alperovich, cuya entidad institucional de gobernador de Tucumán debiera hacerle morder un poco la lengua cuando dice sandeces, no por eso se detuvo al expresar la siguiente perorata:  “Cuídenlo al proyecto. No vaya a ser cosa que nos equivoquemos y se acaben las obras. No vaya a ser que nos equivoquemos y se acaben las pensiones y jubilaciones, la Asignación Universal por Hijo.

No vaya a ser que nos equivoquemos y que empiecen a faltar remedios en los hospitales o cooperativas en las comunas”. Apelación indirecta a la muerte.

También Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Diputados, que se las da de moderado y cristianucho confeso, dijo que “lo que está en pugna son proyectos, uno es la muerte y el otro es la vida”.

Una ideología pervertida. Aparentemente la directiva que salió de Presidencia de la Nación fue la de contrarrestar las propuestas opositoras de derogar algunas leyes trascendentes (sacadas a las apuradas y nada más que con los votos oficialistas) cuando cambien las mayorías.

Frente a eso se eligió la respuesta de advertir que la oposición quiere sacar los planes sociales o privatizar YPF.

Pero lo que llama la atención es cómo una mera táctica electoral, que a algunos les puede gustar y a otros no, tan pronto se generaliza en una apología de la muerte en tanto herramienta electoral.

Como cuesta creer que Cristina y su plana mayor hayan ordenado tal barbaridad (aunque eso tampoco se puede descartar), es susceptible pensar que algo muy morboso anida como si fuera una cosa normal en la mente de ciertas personas contagiadas por el virus del poder.

No se trata sólo de una cuestión de oportunismo electoral sino de algo que tiene más que ver con la profundidad de una ideología que no es el progresismo tradicional o el pensamiento nacional peronista (dos opciones tan legítimas como cualesquiera otras) sino una variante pervertida de ambas que tiene a la muerte como un protagonista esencial.

Muy parecido a cómo en los años 70 algunas alternativas violentas intentaron apropiarse del peronismo y conducir el país.

El enemigo de mi enemigo es mi amigo.Un ejemplo que impresiona es el modo en que Télam, la agencia oficial, tituló una noticia donde se informaba de ciertas declaraciones de John Cantlie, el periodista inglés secuestrado desde hace casi dos años por los extremistas islámicos.

Allí la víctima afirma considerarse “un ciudadano británico abandonado por su gobierno” y critica duramente la política seguida por Obama y sus aliados contra el Estado Islámico.

Sin embargo, más allá del tratamiento de la noticia, que no tiene nada de particular, lo insólito es la forma en que se titula la nota: “El periodista británico secuestrado por el Estado Islámico ironiza sobre las contradicciones de EEUU”.

Algo increíble, incluso malvado. Ahora resulta que el pobre hombre que dice lo que dice con un cuchillo acariciándole el cuello y con el antecedente de cuatro decapitados anteriores, se transforma, según la agencia noticiosa, en un “irónico” analista de las contradicciones del imperio.

Lo importante no es que hable bajo amenaza, sino la supuesta “veracidad” de la crítica que le efectúa a los EEUU en su lucha contra el EI.

Ya frente a Obama, en la ONU, la presidenta Cristina Fernández había insinuado que le parecían preparados, montados, armados, los videos que mostraban los degüellos por parte de estos fundamentalistas.

No suena ilógico, entonces, que alguien más papista que la Papisa concluya con que las palabras de una persona amenazada de muerte tienen el valor de una declaración normal si de lo que se trata es de criticar a mi enemigo.

De allí a decir que el EI tiene razón en su lucha contra EEUU no falta mucho, no porque sus métodos sean defendidos por Télam, sino que lo que se defiende es que luche contra el enemigo correcto. Una lógica que es inevitable en cierto tipo de ideología que coquetea con la muerte, como antes coqueteó con la violencia.

En síntesis, que más allá de traspasar un límite en la competencia electoral, la apelación a la muerte encierra algo más profundo que el mero oportunismo.

Hay que investigar en ciertas tendencias culturales que conducen a tales atrocidades conceptuales, las cuales suena aún más grave que se mantengan luego de treinta años continuados de democracia. Como si se tratara de una enfermedad social no curada.

Carlos Salvador La Rosa [email protected]

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