En una isla poblada totalmente por pájaros felices, Red (Jason Sudeikis), una ave obligada por ley a ir a clases de control de ira, comienza a compartir su aislamiento social con dos inesperados compañeros; un canario hiperactivo, Chuck (Josh Gad) y el mirlo Bomb (Danny McBride). Sin duda, son los siempre ignorados ‘bichos raros’ del lugar.
Pero cuando la isla es visitada por un barco que trae a un grupo de enigmáticos chanchos verdes, a Red le da curiosidad saber qué se traen estos extranjeros.
“The Angry Bird: la película”, transforma la franquicia del famoso videojuego que la compañía finlandesa Rovio lanzó en 2009, en una historia animada digitalmente, a cargo de la dupla formada por Fergal Reilly y Clay Kaytis, en su debut como realizadores (ellos formaron parte de los equipos de animación de películas como “Hotel Transilvania”, “Los pitufos”, “Frozen”, “Enredados”).
Muchos críticos que ya la vieron acordaron que si bien formalmente el film no está a la altura de pulido visual que nos tiene acostumbrada la fábrica Pixar o Disney, los pájaros virtuales aquí lucen efectivos a los propósitos de darle fuerza expresiva a los personajes, que se desenvuelven en una historia inventada, teniendo en cuenta que el juego sólo muestra una bandada de pájaros que atacan sin ningún motivo aparente.
Vale entonces el trabajo del escritor Jon Vitti (el mismo de la saga “Alvin y las ardillas” y de varios episodios de “Los Simpsons”) que, jugando con los apuntes de John Cohen (“Mi villano favorito”), Mikael Hed (“Angry Birds: la serie”) y David Maisel (“Iron Man”), propone, entre otros cuestionamientos divertidos, responder a una pregunta que nos hemos hecho todos los que alguna vez nos enroscamos en este juego: ¿por qué están tan enojados estos bichos?
Por eso tanta atención al siempre irritado cardenal Red, al que se le nota que es un marginado social entre los felices habitantes de la isla.
A pesar del desarrollo de los parámetros argumentales previsibles, pensados para el público infantil, el film tiene espacio para el humor irónico y las analogías cinematográficas, con citas a filmes como “El resplandor”, por ejemplo, que se balancean entre gags satíricos y ridículamente deformes; inspirados en la imaginería del iconoclasta Tex Avery, al que se le suma un conjunto de chistes sobre la naturaleza aviar de sus personajes, como cuando Red les argumenta a sus compañeros de batalla que son descendientes de los dinosaurios.
No obstante, el film es transparente en su operación comercial. Se le nota que es un proyecto que no está del todo resuelto, al menos en el hecho de que no sabe a qué público quiere apuntar: si al ‘niño sub 10’, a los adolescentes o a los padres que le bajaron el juego a sus hijos.
“Angry Birds” llega con mucho agite de plumas, arrastrando un dato increíble: desde su lanzamiento en 2009, el juego fue descargado en distintos dispositivos más de mil millones de veces y como personajes ya instalados en la cultura popular, quizás eso les ayude a justificar su cruce a las pantallas gigantes.
También en las salas locales
El amor a los 40
En “Caída del cielo", el director Néstor Sánchez-Sotelo relata las dificultades de dos solitarios, Muriel Santa Ana y Peto Menahem, por encontrar la manera de enamorarse.
“Lo de siempre es encontrar a personas que se enamoran muy jóvenes o muy adultas y acá somos dos personas de 40 y pico”, se explayó Muriel Santa Ana, la media naranja de Peto en este film de producción nacional que se estrena hoy en las salas provinciales.
El mismo Menahem apuntó que la historia “es una comedia romántica que relata la llegada del amor para dos personas bien solitarias que no tienen resuelto el tema amoroso”.
La comedia con tintes dramáticos, ironía y pasajes de humor cotidiano, se dispara cuando la esposa de Alejandro (Menahem) cae a su lado en un extraño accidente: Julia (Santa Ana) está viva pero no puede moverse. Esa particularidad trazará otra forma de vínculo.
"Lolo, el hijo de mi novia"
El sexto film dirigido por la consagrada actriz Julie Delpy es una comedia liviana que desarrolla un triángulo de celos y amor-odio entre una madre de 40 años, su hijo y el novio de ella, cuando los tres intentan una convivencia forzada.
Violette (encarnada por la misma Delpy), es una adicta al trabajo en la industria de la moda que un día de vacaciones se enamora del provinciano Jean-René (Dany Boon). Pero al tímido novio le toca lidiar con el hijo adolescente de 19 años de Violette, el Lolo del título (Vincent Lacoste), que viene a medir su territorio.
Con una trama tan básica que fácilmente podría arruinar cualquier realizador mediocre, “Lolo, el hijo de mi novia”, se sobrepone sostenida con una medida de risas bien pensadas por minuto y con suficientes giros y gags.