Si tiene entre 30 y 40 años, vive en pareja desde un tiempo que usted mismo considera largo y va a ver “Aire libre”, la nueva película de Anahí Berneri, puede sentirse interpelado. Lo mismo ocurre con los protagonistas, Celeste Cid y Leonardo Sbaraglia, que deben someterse a esta entrevista sabiendo que sus interpretaciones desembocarán inevitablemente en preguntas íntimas, aunque sus historias reales de pareja sean diferentes.
En la ficción hacen de Lucía y Manuel, una pareja en crisis, pero aquí estamos en la vida real. Celeste habla con su hijo por teléfono, apura un cigarrillo en el balcón mientras Leonardo toma té en un sillón pegado a la cama en esta habitación de un céntrico hotel porteño. Los dos tuvieron que subir casi cinco kilos para la película, para romper el modelo de pareja linda. Ya los bajaron. Ya volvieron a su mundo, que a veces se cruza con el de sus personajes.
Sbaraglia: No me siento identificado con el personaje, pero sí con ciertas sensaciones que vive. Sería difícil hacer esos personajes si no fuéramos padres, por ejemplo. Son cosas que se pueden transferir, sensaciones, maneras de contar esa cotidianidad de pareja, porque ella no es Celeste y yo no soy Leo.
-Inmadurez, falta de diálogo... ¿Cómo responderían estas preguntas desde sus lugares personales, tan distintos?
Cid: Para mí es un desafío encontrar y mantener una relación en el tiempo. No sé lo que es convivir mucho tiempo con una persona y bancarse aún en situaciones de crisis. En la película, nuestros personajes se conocen jóvenes, Lucía se ve con un niño desde muy chica y busca fugarse hacia algo más lúdico, pero la causa también en está en la pareja, en el problema comunicacional de ellos.
-¿Qué se llevan ustedes de estos personajes?
Cid: Aprendés a vivir de los personajes.
Sbaraglia: (risas) Iba a decir lo mismo, pero me pareció fuerte. Aprendemos más en la vida que en la ficción, pero los personajes te dan permiso para meterte en terrenos emocionales, físicos. Como en una amistad, te vas a vivir con ese amigo, cinco u ocho semanas, como si te fueras de viaje un tiempo durante el cual podés hablar por teléfono con tu mujer o tu hija y te bajan a tierra.
-Hay un trabajo intenso con el cuerpo, disociado de lo que los personajes dicen.
Sbaraglia: Tanto Celeste como yo buscamos desarmarnos. No son personajes seductores ni erotizados, sino que llevan el desgaste de la cotidianidad, de la vida compartida, y una manera de mostrar eso era contándolo desde la intimidad de los cuerpos, desde esa tranquilidad desnuda de uno frente al otro. Eramos cuerpos normales. Uno de los trabajos más fuertes que hizo Anahí con nosotros, en una historia dura como es esta, fue limar nuestra exageración emocional, buscar lo mínimo indispensable expresivamente hablando.
Cid: Exacto. Yo recuerdo que había días en los que llegaba del rodaje contenta y otros en los que necesitaba tirarme en la cama y no hablar con nadie por un rato. Tenía el cuerpo muy golpeado, estaba como si me hubieran cagado a piñas.
-La escena en el hotel alojamiento, sexo violento, bronca, impotencia, abandono...
Sbaraglia: Hay vejación.
Cid: Toda la película está teñida de ese efecto. No poner en palabras ni reflexionar acerca de la pareja. Está todo puesto en el cuerpo, la violencia sexual o la de romper una pared.
-¿Hay un mandato cultural para la duración de una pareja?
Cid: Yo tengo el anhelo de construir algo mejor. Hasta ahora no me ha funcionado, pero espero que sí. Ahora, puede ser que nuestra generación esté teñida de esta intermitencia, carente de paciencia.
Sbaraglia: Depende de cada relación, de cada persona. Pero es cierto que se ha legitimado la posibilidad de la separación.
Cid: Quizá sea una reacción frente a la generación de nuestros padres, a ese modelo de convivencia que aceptaba el mal clima, los gritos.
Sbaraglia: La película nos dice que no vamos a basarnos en un modelo establecido y nos propone ir buscando las alternativas del amor, las maneras de relacionarse.
-Metáfora: construir una casa, derrumbar una relación. Hay inercia...
-Sbaraglia: Hay inercia, mandato, facilidad, pero la idea es tratar de encontrar otra manera, más allá de si las cosas funcionan. Que eso no implique destruir al otro, fagocitarlo, faltarle el respeto. Si la gente se tiene que separar que se separe, pero que lo haga con cierta humanidad, tratando de no dejar víctimas en el camino.
-¿La película sugiere esa búsqueda?
Sbaraglia: Puede ser. Seguro busca humanizar. Como todo hecho artístico te pone frente al espejo de ciertas miserias.
-¿Qué temores tienen ustedes en relación a la pareja?
Sbaraglia: Dale vos, que sos más nuevita con tu pareja...
Cid: Qué malo.
Sbaraglia: Bueno, yo. Miro los lugares por donde vamos reinstalando proyectos, sueños, entusiasmos. Un ancla muy importante es mi hija. Que crezca con libertad, con todas las posibilidades para su cabeza, que sea alegre. Quiero enseñarle a ser alegre. Cuando uno piensa en términos de acción, mina los temores.
Cid: Aunque con el padre de mi hijo estoy separada (Emmanuel Horvilleur), comparto con él todo lo que acaba de decir Leo. Nos amamos profundamente y nuestra mirada está puesta en nuestro hijo, en su felicidad, en su alegría.
Sbaraglia: Es importante acompañarse, ser generoso y aceptar la generosidad del otro. Cuando uno hace un acto de generosidad, está siendo generoso también con uno mismo y eso es evidente y comprobable al instante.
Fabi Cantilo, la abuela piola
A la realizadora Anahí Berneri le gusta jugar. En “Aire libre” lo hace dirigiendo a protagonistas fuera de rol. Por ejemplo a Fabiana Cantilo interpretando a la mamá de Lucía (Celeste Cid), abuela de Santiago. Se sabe: en su vida real la cantante pasó los 50, no tiene hijos y es una eterna rockera. Pero aquí hace de Matilde, vive en las afueras con su hijo músico, es artista y aparenta una vida zen. Una mujer que siguió su camino pese a la maternidad, una madre moderna que suma problemas a la crisis de pareja que atraviesa su hija.
“Es preciosa y eternamente adolescente. Yo quería una madre que no hubiera aceptado su rol de madre. Fue muy lindo trabajar con ella”, dice Berneri, que disfruta con estos contrapuntos. En cambio, la directora asume la necesidad de que tanto Cid como Sbaraglia, tuvieran hijos en la vida real. No podía ser de otra manera. En cuanto a la dupla del film, Berneri se juega una declaración, otro desafío sobre el matrimonio: hablar sobre la deserotización de la pareja con dos bellezas como protagonistas.