Zombies con ritmo cubano. "Juan de los muertos" es una reciente y premiada película cubana, la primera del género zombi (o muertos vivos) de la isla socialista. Se trata de una comedia de terror, bastante sangrienta y con algo de moderada y en apariencia constructiva crítica política al régimen. Sin embargo, detrás del humor macabro esconde una alusión a los políticos cubanos que es mucho más negativa de lo que se ve a primera vista, acusándolos de ir perdiendo contacto con la realidad.
El argumento del film cuenta que en La Habana sus habitantes se comienzan a transformar en zombies sin razón aparente, y luego los ya convertidos contagian a otros a través de las mordidas. Sólo un pequeño grupo de ciudadanos cubanos despegados de toda actividad política son los que deciden enfrentarlos y para vencerlos tratan de encontrarles las debilidades a los muertos vivos, su talón de Aquiles.
El gobierno, por su lado, se encuentra impotente para pelear contra ellos, porque su diagnóstico del enemigo a vencer es el mismo que viene sosteniendo los últimos cincuenta años:que nada malo que ocurra en Cuba puede sino tratarse de otra cosa que una conspiración del imperialismo yanqui. Por eso, en vez de preguntarse qué se está haciendo mal en Cuba para que sus ciudadanos se estén convirtiendo en zombies, sólo les interesa criticar a los Estados Unidos, por lo que los muertos vivos siguen aumentando.
Es que después de tanto repetirlo, no puede haber para las autoridades del régimen cubano nada sustancialmente malo que no sea inducido por el imperio.
Con lo cual al creerse su propia mentira no tienen posibilidad de diagnosticar el origen, las razones de la proliferación de los muertos vivos, entonces éstos se multiplican hasta amenazar con el apocalipsis total, si no fuera porque los cubanos de a pie -más avanzados y perceptivos que sus gobernantes y acostumbrados a sus mentiras o exageraciones- toman el toro por las astas y en vez de culpar al imperio -en esta oportunidad en que el imperio nada tiene que ver- se dedican a combatir y matar zombies, a la vez que tratan de entender la verdadera razón que hace que muchos cubanos se estén convirtiendo en muertos vivos.
¿Y por casa como andamos?
Esta semana, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en dos ocasiones replicó la misma respuesta que las autoridades cubanas le dan a la invasión de los zombies en la película citada.
El domingo pasado una pelea entre hinchas de un mismo equipo de fútbol provocó dos muertos. Ese mismo día, previo a la tragedia, un periodista del diario Clarín publicó en dicho matutino una nota donde advertía con bastante precisión sobre las muchas posibilidades de que algo así pudiera ocurrir, basándose en la violencia creciente que se desarrolla en las canchas.
El día lunes, la presidenta de la Nación se mostró extrañada de que un diario al que ella odia profundamente anticipara la realidad, pero sobre todo lo criticó porque, en su leal saber y entender, si el periodista de Clarín sabía algo fue irresponsable al no denunciarlo ante la Justicia. Sin embargo, subliminalmente, insinuó algo mucho más grave, algo dirigido a reforzar las convicciones de sus creyentes políticos: que si esas muertes ocurrieron y el malévolo diario las pronosticó, nunca habría que descartar que fuera el propio Clarín el que las hubiera ocasionado, haciendo uso de sus infinitos y demoníacos recursos, para así provocar el caos en su afán destituyente.
Hace un par de domingos, otro periodista del mismo grupo de medios, Jorge Lanata, expuso en su programa "Periodismo para Todos" una serie de elementos, datos y pruebas que hacían sospechoso de haber participado en la represión dictatorial al militar propuesto por Cristina como nuevo jefe de las Fuerzas Armadas, el oficial de inteligencia llamado César Milani, un hombre que juró su nuevo cargo comprometiéndose a defender el proyecto político kirchnerista.
La primera reacción del gobierno -incluyendo insólitamente también a las organizaciones de derechos humanos adherentes al oficialismo- fue la de defender a Milani sin ni siquiera verificar las denuncias, conformándose con acusar de difamador a Lanata.
Algo cambió cuando el periodista oficialista, Horacio Verbitsky, agregó nuevas pruebas a las acusaciones de Lanata, pero sin embargo la Presidenta siguió insistiendo con sostener a Milani, aunque difirió su ascenso porque corría el riesgo de sufrir una derrota en el Congreso. Aun así, golpeada porque alguien de su riñón se le pusiera esta vez en contra, no por ello dejó de creer que todo lo que se origina en la "corpo" no puede ser verdad y entonces siguió apostando por Milani a como diera lugar, incluso ante las dudas profundas de muchos de sus seguidores.
Mentiras verdaderas
. Si en ambos casos, la señora Presidenta sólo se hubiera limitado a acusar a Clarín por la muerte de los hinchas o por las sospechas introducidas sobre Milani, debido a que su concepción política la lleva a acusar de todo lo malo que ocurre al enemigo que ha inventado, en el fondo -aunque no sea defendible éticamente su posición- se trataría de una simple artimaña frecuentemente usada por todos aquellos que suelen entender a la política como el arte de responsabilizar a los demás de sus propias culpas.
Mucho más grave sería que -como les ocurre a las autoridades cubanas en "Juan de los muertos"- Cristina Fernández realmente se creyera lo que está diciendo o insinuando, porque allí a la mentira se le agregaría algo muchísimo más grave en términos de consecuencias: la incapacidad de ni siquiera poder intentar resolver el problema al tener una diagnóstico tan pero tan equivocado.
Quien crea en serio que un diario pueda y haya provocado adrede la muerte de unos hinchas incluso avisando antes de proceder a matarlos, o que un militar que jura por el kirchnerismo no puede, por eso mismo, haber formado parte de la represión... más que un problema con la mentira tiene un problema con la realidad.
Y al suponer que ambos problemas no habrían ocurrido de no haber existido Clarín, seguirá peleando para que este medio deje de existir, pero no podrá evitar, entre otras cosas, que sigan muriendo hinchas, como los gobernantes de la Cuba de "Juan de los muertos" no pueden evitar que cada vez haya más zombies al creer que son culpa de los Estados Unidos.
Más grave que mentir es creerse la propia mentira, ya que al no ocuparse de las causas reales del problema, éste seguirá vivo y coleando, mientras el discurso se pierde en la nebulosa de librar combates imaginarios contra enemigos inexistentes.
Zombies estilo argentino
. Hablando de zombies gestados por los erróneos diagnósticos políticos, un personaje ideal para ser analizado según la parábola de "Juan de los muertos", es el secretario de Comercio Guillermo Moreno, quizá el segundo hombre más poderoso del país después de Cristina Fernández y por decisión de ésta.
Moreno no sólo ha errado prácticamente la totalidad de los diagnósticos y acciones que viene ejecutando desde que decidió convertir al Indec en una maquinaria de delirantes fabulaciones, sino que además se dedica a patetismos que ni los zombies de "Juan de los muertos" se animarían a hacer. Que un político de su importancia les regale a los que visitan su despacho un llavero con una inscripción donde dice que Sergio Massa es un boludo, nos habla de algo más que de una chifladura individual. Que ese hombre esté donde esté y haga las cosas que está haciendo, es porque los zombies están cada vez más cerca de nosotros.