El nombre zapatilla surgió como un diminutivo de zapato, casi como un despectivo: zapatilla. El zapato abarcó los pies de millones de tipos en la historia. En algunos museos se pueden encontrar zapatos que datan de miles de años, zapatos usados por reyes, por nobles y hasta por el ciudadano común. Generalmente se hacían con cueros de diversos animales (pobres animales los destinados a vestir la parte de abajo de nosotros), con distintas calidades y motivos que se encargaron de cubrir pies que seguramente ya no existan.
Hasta hace pocos años el zapato mandaba y las zapaterías eran uno de los negocios más frecuentados (por lo menos a nivel vidriera). En las zapaterías había siempre una sección, pero nada más que una sección, dedicada a las zapatillas.
Los tiempos cambian vertiginosamente y en la actualidad mandan las zapatillerías. Ese adminículo que comenzó como un despectivo hoy es el motivo central de grandes negocios, millonarios negocios. Son mucho más numerosas que las zapaterías. Cambiaron los hábitos.
Antes las zapatillas eran un complemento del paso, del pie, del pisar, del trasladarse. Se las usaba para hacer gimnasia, en la escuela, para deportes, para descansar los pies en la casa, para hacer los mandados, pero no para vestir.
Las zapatillas no eran para lucirse. De ninguna manera. Ni siquiera para faenas rurales, para eso estaban las alpargatas: un gaucho con zapatillas se veía más ridículo que un chancho en limusina. Inútil era buscar una persona bien vestida con zapatillas. Las zapatillas no entraban en la llamada indumentaria paqueta.
Entonces el costo de una zapatilla era muy inferior al de los zapatos. Ahora hay zapatillas que pueden costar el doble de un zapato de los más renombrados. Las marcas de las zapatillas compiten por la preferencia del público y son marcas internacionales, que gastan toneladas de dólares en propaganda y tratan de aparecer ligadas a cualquier acontecimiento deportivo que se produzca.
Nos asombramos cuando alguien nos cuenta que asaltaron a un amigo para robarles las zapatillas; no hay que asombrarse, a lo mejor le están robando más de 2 mil pesos. No son tontos los chorros.
Las hay de todos tipos, pelos, marcas y señales, y sus ventas son tan importantes que las más reconocidas marcas internacionales compiten sin piedad por imponer sus variantes y sus ofertas. Ya no se ven publicidades de zapatos, todo es de las zapatillas y publicidades que deben salir la mitad del otro.
Las hay con suelas de gomas, de caucho, de poliuretano, de cerámica, de arpillera, de parquet, para trekking, rafting, lifting, shopping, brushing, marketing, y suelen tener adminículos como cuenta pasos, cuenta kilómetros, luces de giro, reloj, FM, freno de mano, plantillas anatómicas, plantillas ortopédicas, cordones, abrojos, botones, portero eléctrico, buscaminas, doble tracción y faros antiniebla.
Antes se decía ‘más ridículo que ponerse un smoking con zapatillas’, ahora no digo que sea normal pero tranquilamente puede darse sin despertar asombro alguno.
Las zapatillas son un emblema de la época en la que vivimos. El mundo avanza, si es que realmente avanza, impulsado por las zapatillas. Aunque no nos salva de nuestros errores, porque ya sea con zapatos o con zapatilla, no falta el día en el que no metamos la pata.