10 de abril de 2026 - 00:15

El concepto de ciudadanía, de ayer a hoy

La idea de ampliar la ciudadanía permitió formar la Argentina moderna. No es casual que los territorios que más prosperaron fueron los que mayor inmigración recibieron y tampoco que coincidan las restricciones a la inmigración con el estancamiento de nuestra economía.

Cuando iba a ser azotado por orden de un comandante de la patrulla que lo detuvo el hombre dijo: “¿Tenéis autoridad para azotar a un ciudadano romano, sin ni siquiera haberlo juzgado?”. El que habló fue Paulo de Tarso, nacido como Saulo y que adopta en nombre de Paulo cuando se convierte al cristianismo en el “camino de Damasco”, dejando de perseguir a los discípulos de Jesús.

Paulo fue arrestado en un tumulto en Jerusalem como alborotador en base al “ius coercitionis”, el derecho de intervenir para prevenir desórdenes. Cuando los soldados lo iban a interrogar a golpes de vara como se acostumbraba con los extranjeros, el apóstol Pablo dice aquellas palabras. La ley romana era clara y violarla traía consecuencias para quien lo hiciera, por lo tanto, fue convocado el tribuno quien preguntó al apresado ¿Dime tu eres ciudadano romano? Sí contestó Pablo en latín “Civis romanus sum” y destacó que lo era de nacimiento.

"Soy ciudadano romano" era la frase poderosa que detenía la arbitrariedad y el abuso del poder. Se trata del imperio de la ley y esto fue distintivo de la cultura romana en la antigüedad. El civis romanus tenía derecho a todas las garantías que reconocía la ley y a recurrir a la justicia para defender sus derechos particulares como también el interés colectivo a través de la actio populares, pudiendo incluso citar en juicio a las autoridades del estado.

El concepto de ciudadanía fue evolucionando a medida que la ciudad inicial se expandió por el Lazio, la península italiana, las Galias, Grecia y sobre todos los territorios bañados por las aguas del Mediterráneo hasta alcanzar Gran Bretaña, las costas del Mar Negro y las fronteras persas.

Esta expansión territorial donde se usó la fuerza militar llevó a la cuestión de la extensión de la ciudadanía. Fue un proceso que le costó la vida a Cayo Graco y otros que quisieron extender la ciudadanía a toda Italia. Cuando la república romana se convierte en el Imperio todos los habitantes de Italia eran ciudadanos romanos, pero las otras regiones como la Galia la reclamaban. El discurso en el Senado del emperador Claudio: “Mis antepasados, el más antiguo de los cuales Clauso, originario de la Sabina, fue hecho ciudadano de Roma en el mismo día y aceptado entre las familias patricias me invitan a seguir las misma política en la administración del Estado, atrayendo aquí entre nosotros todo lo que hay de bueno en cualquier lugar…de Etruria, de Lucania, de toda Italia han venido invitados por nosotros los senadores.: Finalmente Italia misma llega ya hasta los Alpes… pueblos enteros se funden en nuestro nombre…¿Acaso tenemos que arrepentirnos que los baldos hayan venido a nosotros desde España así, como otros hombres no menos ilustres de la Galia narbonense?. Están aquí entre nosotros sus descendientes, los cuales no aman menos que nosotros…Oh, senadores todo lo que ahora es juzgado antiquísimo, antaño fue nuevo”

Escribe Valerio Massimo Manfredi que “el discurso de Claudio constituye una espectacular suma de espíritu y de la visión política de la antigua Roma, el reconocimiento de las raíces multiétnicas en el origen como riqueza, la inclusividad como astuta e inteligente asimilación del extranjero, el amor a la patria como patrimonio que se debe enseñar, la ventaja “egoísta” que todo esto representa para el Estado. Al extranjero no se le pedía que renunciara a sus raíces, sus costumbres o su cultura, bastaban los beneficios: sería el mismo quien deseara convertirse en ciudadano y en desarrollar un apego a la patria y sus valores”. En el año 212 con la promulgación de la “constitutio antoniniana” el emperador Caracalla extendió la ciudadanía a todos los habitantes de condición libre del Imperio Romano.,

La historia nos enseña de muchos grandes imperios, todos fundados con la sangre, que aparecieron y desaparecieron como estrellas fugaces. Una buena parte de ellos solo dejaron algunas ruinas. Los romanos, en cambio, perduran a través de numerosos aportes como el derecho, el concepto de ciudadanía al que nos hemos referido en esta columna y la idea de la inclusión.

Fue esa la idea que permitió formar la Argentina moderna. No es casual que los territorios que más prosperaron fueron los que mayor inmigración recibieron y tampoco que coincidan las restricciones a la inmigración con el estancamiento de nuestra economía.

Pero son tiempos donde el miedo al que viene de afuera impera tanto en países medianos, como en una superpotencia como los Estados Unidos. Ahora el presidente Trump ha llevado a la Corte Suprema la propuesta de limitar los alcances de la décimo cuarta enmienda constitucional de 1868 que concedió el derecho de ciudadanía a quienes nacen en ese suelo. En nuestro país también impera el Jus Soli y a principios del siglo pasado el presidente con ideas más inclusivas que tuvo la Argentina, el general Roca, propuso extender la ciudadanía a los extranjeros con una casa e hijos argentinos, proyecto rechazado por los nativistas locales.

* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.

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