9 de abril de 2026 - 00:15

Esto recién empieza

Aun en medio de este paisaje contradictorio, saturado de finales anunciados, lo único que tal vez se pueda decir, sin demasiada seguridad y con bastante ingenuidad, es que esto, efectivamente, recién empieza. Puesto que hay algo incómodo o provocador en decir que esto recién empieza cuando el clima general parece inclinarse hacia el final.

Hay algo incómodo o provocador en decir que esto recién empieza cuando el clima general parece inclinarse hacia el final.

Como si todo estuviera dado para el agotamiento: guerras anunciadas o en curso, declaraciones vacías sentido, saturación de imágenes que ponen todo en el mismo plano.

Y, sin embargo, volviendo al final de la lectura de "Destino en común" de Lucrecia Martel aparece una escena que desarma esa inercia: el encuentro con Leila Guerriero en Uruguay, en diciembre de 2023, que se reproduce muy bien en el libro (pág. 115).

Dos mujeres, de la misma generación, dos trayectorias potentes, una desde el cine y otra desde la escritura, dos minas que en lugar de dogmatizar eligen preguntarse. No hay ego, ni un tono de verdad revelada que suele dominar la conversación pública. Hay dudas, hay historias, hay experiencia puesta en juego. Y en eso, que parece menor, aparece lo interesante: la posibilidad de empezar incluso cuando todo parece terminarse.

Pero ¿qué es lo que empieza? ¿Una tercera guerra mundial? ¿El fin del mundo en su versión más literal o más lenta o más difusa? ¿O empieza otra cosa, menos espectacular pero más exigente: una forma distinta de estar en medio de todo esto?

Porque pararse en un presente atravesado por la violencia es todo un desafío. Allá, en Persia y su zona de influencia, pero también acá, en los bordes de nuestras ciudades, en esos barrios/pobres pegados a otros barrios/ricos que reproducen, en escala (menor)y en forma (también menor), una versión (más menor aun) de Nordelta o de Coral Gables, y aun así insistir en la idea de construir algo.

Hay algo del mito de Sísifo que vuelve con fuerza: subir la piedra, dejarla caer, volver a subirla para volver a tirarla.

Tanto castigo divino o como condición de una época. Y en ese movimiento repetido aparece una enseñanza incómoda: no alcanza con fomentar la creatividad como si fuera una consigna publicitaria. Hace falta estrategia, hace falta gestión, hace falta el trabajo cotidiano que no se ve y que sin embargo sostiene todo lo demás.

En un tiempo dominado por la banalidad, por relatos vacíos, por una ostentación obscena de consumo, de riqueza sin pudor y de escenas de destrucción, la pregunta se vuelve inevitable: ¿cómo se vuelve a empezar en medio de tantos “white people problems” amplificados por redes y medios? ¿Cómo se sostiene algún tipo de sentido cuando lo urgente y lo superficial ocupan el mismo lugar en la conversación? ¿Qué hacer? La pregunta, vieja y siempre actual, vuelve sin una respuesta clara.

Algunos diríamos “bajate de la cruz que necesitamos la madera”, otros elegirán una militancia de WhatsApp, otros se refugiarán en la realpolitik, otros poniendo el cuerpo, otros en prácticas más íntimas, casi silenciosas.

Ninguna de esas opciones, por sí sola, parece suficiente. Entonces la cuestión no es tanto desde dónde empezar —si desde la política, la economía o la meditación— sino aceptar que ese punto de partida es inestable, que no hay un lugar puro desde el cual actuar.

Tal vez el desafío sea hacer visibles las contradicciones en lugar de ocultarlas, poner en valor la duda y también el fracaso y reconocer que fracasamos y que todo está por hacerse, animarse a hablar con quienes no piensan como nosotros, recuperar incluso algo del juego en medio de tanta gravedad impostada; como esa conversación entre Leila y Lucrecia.

Volver a intentar sin la promesa de un resultado claro.

Como Sísifo, sí, pero sin la épica trágica, más bien con una conciencia práctica de que no hay otra cosa que hacer más que seguir empujando.

Y en ese gesto repetido, imperfecto, incluso, absurdo, puede que haya una forma de sentido.

No es una salida ordenada, me queda claro. Es una manera de estar. Aun en medio de este paisaje contradictorio, saturado de finales anunciados, lo único que tal vez se pueda decir, sin demasiada seguridad y con bastante ingenuidad, que esto, efectivamente, recién empieza.

* El autor es presidente de FilmAndes.

LAS MAS LEIDAS