11 de enero de 2014 - 23:58

La vitivinicultura en un cono de sombra

He parafraseado, para esta nota, el título de un libro de Federico Pinedo (1895-1971), "La Argentina en un cono de sombra", publicado en mayo de 1968. En esa obra, como en otras, Pinedo polemiza con su habitual ironía.
 
En este caso, con el desarrollismo y el gobierno del Gral. Juan Carlos Onganía, sus dichos y los de algunos de sus ministros. Quienes cuestionaban el período del progreso liberal y la vigencia de la Constitución de 1853, los denominados "tiempos de la República". Para Pinedo, los tiempos que se estaban viviendo en la década del '60 del siglo pasado habían colocado al país en un "cono de sombra" justamente por desconocer aquellos principios de la construcción de la República.

Dice Pinedo, entonces pasados los 70 años de edad: "A simple título de testigo, algo informado de lo que ha venido sucediendo en esta tierra en más de medio siglo... voy a mencionar algunos hechos...". Salvando respetuosamente la distancia que separan a Federico Pinedo de quien esto escribe, esa es la intención de estas líneas.

La expresión del título parece sintetizar bien lo que está ocurriendo con la vitivinicultura argentina, sumida en un serio problema que los protagonistas definen como una pérdida de competitividad, producto, entre otros factores, del atraso de tipo de cambio y el constante incremento de los costos medidos en esa moneda.

El propósito de esta nota no es, por cierto, profundizar en los distintos aspectos que afectan a la actividad, sino más bien exponer una visión sintética, estilizada, de lo ocurrido en las tres últimas décadas en el sector base de la economía regional.

Esa visión, seguramente parcial y subjetiva, procura ordenar los diversos factores económicos y políticos que en su momento no pudieron resolver una grave crisis y luego posibilitaron un notable resurgimiento de la vitivinicultura. Claro está que se pretende señalar cuáles son esos factores económicos y políticos que ahora han llevado a la actividad a un "cono de sombra".

1. La crisis. Fines de los '70 a fines de los '80

Deberían ser conocidos, creo, por quienes están en la actividad, los factores que desencadenaron la grave crisis iniciada, para ubicarla en el tiempo, hacia 1980. Esa crisis fue el resultado de un fuerte crecimiento de la producción de uvas y elaboración de vinos durante los años '60 y '70, que al final de esa última década se combinó con el inicio de una caída secular del consumo por habitante, que persiste hasta hoy.

Las consecuencias fueron la acumulación de grandes volúmenes de excedentes de vino sin mercado interno y sin posibilidades de exportación. Un diagnóstico equivocado de los gobiernos de entonces, atribuir los excedentes al "estiramiento" (agregado de agua) de los vinos efectuado por los bodegueros, llevó a la adopción de medidas regulatorias (bloqueos de stock, prorrateos de despachos, cupos de producción) que prolongaron y agravaron la crisis.

Esas medidas no impidieron que el funcionamiento de la economía produjera el "ajuste"; por el contrario, las medidas equivocadas lo hicieron más prolongado, más doloroso y menos racional. Baste mencionar que en la década citada, sólo en Mendoza se erradicaron alrededor de 100 mil hectáreas de viñedos de variedades de alta calidad enológica.

Vale recordar que hasta esos años la vitivinicultura estaba orientada en su mayor parte a producir vinos comunes, con uvas de alto rendimiento por hectárea, destinados prácticamente en forma exclusiva al mercado interno. También es necesario recordar que en la década del '80 predominó una economía cerrada, con políticas de sustitución de importaciones, alta inflación e inestabilidad, que concluyeron en hiperinflación al final de la década. Ese contexto macroeconómico y político no era favorable para que los empresarios decidieran cambios significativos en la orientación de la actividad.

Debo aclarar que, por razones de espacio y de la complejidad del asunto, no hago aquí referencia al "caso Greco" entre las causas y consecuencias de las crisis.

Hacia el final de la década de los '80 el gobierno de Mendoza (gobernación de José O. Bordón) va a producir un hecho de alta significación e impacto en la vitivinicultura, en particular de Mendoza. Me refiero a la desactivación de la intervención de la bodega estatal Giol y la venta de sus principales activos a Fecovita. Es posiblemente esta decisión política la que marca el fin de una larga etapa de la vitivinicultura y el inicio de un cambio que se consolidaría a partir de 1989/90.

2. La reconversión vitivinícola. 1990-2001

Se ha sintetizado el proceso de transformación diciendo que fue el pasaje de la cantidad a la calidad, del mercado interno exclusivo a la incorporación del mercado externo, de elaborar los vinos que las bodegas querían para satisfacer las preferencias de los consumidores. También por conocidas, vamos obviar las referencias a los cambios en los viñedos, en las bodegas, en la comercialización, para prestar atención al proceso político y económico que creó las condiciones favorables para esa transformación.

Sin discutir un orden de prelación, deben mencionarse las privatizaciones y desregulación de la economía, la apertura externa del país, la convertibilidad monetaria y la eliminación de la inflación. Este cambio sustancial de la política macroeconómica llegó en el momento en que el ajuste había concluido y un grupo de empresas vitivinícolas tenían muy claro qué había que hacer. Incluso lo habían intentado en años anteriores pero las condiciones políticas y económicas malograron las iniciativas.

Cada de una de las variables de la política económica jugó un rol decisivo en el proceso de cambio. La estabilidad y la convertibilidad permitían a las empresas planificar sus inversiones a largo plazo; la apertura aportó el ingreso de capitales, tecnología y conocimiento, y especialmente la posibilidad de salir al mundo; la desregulación y las privatizaciones quitaron a las empresas las maneas que no les permitían caminar.

En poco tiempo, una parte importante de la vitivinicultura, como en toda actividad humana, los más innovadores, fue produciendo un visible cambio de perfil de la actividad, que luego fue imitado por cada vez mayor cantidad de empresas.

Esas condiciones duraron una década y, al inicio del nuevo siglo, en la crisis del 2001, el proceso de reconversión vitivinícola estaba claramente definido, consolidado y en expansión.

3. Desde la devaluación del 2002 hasta ahora

Primera parte: el dulce

La gran devaluación producida al inicio del 2002 significó un extraordinario empujón para el crecimiento de las exportaciones; y en la medida en que la devaluación no se trasladó significativamente a los precios internos, estimuló las inversiones, especialmente las extranjeras.

Los años que van desde 2002 a 2007, en que reaparece la inflación, fueron muy favorables para la vitivinicultura. Debe incluirse un moderado y selectivo proceso de sustitución de importaciones que contribuyó a una mayor integración de la cadena de valor. Fueron los años en que la transformación de la vitivinicultura era puesta como ejemplo a seguir por otras actividades económicas.

Segunda parte: el amargo

Es claro que el marco macroeconómico y político comenzó a modificarse con el cambio de gobierno en 2003, pero en los primeros años esos cambios no afectaron demasiado al sector. A partir de 2007 las cosas se van tornar negativas.

El primer factor va a ser la reaparición de una inflación alta. La inflación es posiblemente el peor enemigo de una actividad de ciclo económico largo como la vitivinicultura; impide hacer previsiones, aumenta la incertidumbre del negocio y termina carcomiendo el capital de trabajo. Si a ello se suma que el tipo de cambio se retrasa, más temprano que tarde las empresas pierden competitividad.

Simultáneamente fueron reapareciendo las regulaciones económicas, la intervención del Estado fue creciente, los controles y fijación de precios se generalizaron, la rentabilidad se fue achicando. Crecieron las dificultades para importar insumos, repuestos y equipos. Haciendo cada vez más engorroso el trabajo de las empresas y siempre presionando en dirección al aumento de los costos de producción. Muy importante ha sido el extraordinario incremento de los costos de transporte, por las ventajas obtenidas por el gremio de ese sector y el aumento del delito.

El incremento constante de la presión tributaria nacional, provincial y municipal fue ahogando a las empresas. En definitiva, el cierre de la economía, el aislamiento internacional del país, regulaciones crecientes, cepo cambiario, brecha entre tipo de cambio oficial y el paralelo, costos crecientes, aumento de la incertidumbre, confluyen en el languidecimiento de la actividad.

En pocas palabras, la política en general, y la política económica en particular, han revertido totalmente las condiciones en que se inició el proceso de reconversión y han llevado a la vitivinicultura al "cono de sombra" en que se encuentra.

Corolario

No se va a salir del "cono de sombra" con alguna medida aislada, como un subsidio, alguna modificación marginal en el tipo de cambio o en los reintegros a las exportaciones.

La vitivinicultura necesita estabilidad monetaria, es decir erradicar la inflación como primera condición. Necesita apertura externa, camino de doble vía. Estímulo para exportar y facilidad para importar, no hay vitivinicultura moderna y próspera en una economía cada vez más cerrada, en un país aislado del mundo. Necesita un Estado menos intervencionista, que desate las maneas que impiden caminar y que reduzca la agobiante presión fiscal.

Un horizonte previsible de mediano y largo plazo para las inversiones "enterradas". Necesita una sociedad menos conflictiva, más amable y sobre todo más segura. La vitivinicultura es cultura de la vid y el vino, cultura en el sentido de elevación de la condición humana. No puede prosperar en la opresión y la barbarie.

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