He parafraseado, para esta nota, el título de un libro de Federico Pinedo (1895-1971), "La Argentina en un cono de sombra", publicado en mayo de 1968. En esa obra, como en otras, Pinedo polemiza con su habitual ironía.
En este caso, con el desarrollismo y el gobierno del Gral. Juan Carlos Onganía, sus dichos y los de algunos de sus ministros. Quienes cuestionaban el período del progreso liberal y la vigencia de la Constitución de 1853, los denominados "tiempos de la República". Para Pinedo, los tiempos que se estaban viviendo en la década del '60 del siglo pasado habían colocado al país en un "cono de sombra" justamente por desconocer aquellos principios de la construcción de la República.
Dice Pinedo, entonces pasados los 70 años de edad: "A simple título de testigo, algo informado de lo que ha venido sucediendo en esta tierra en más de medio siglo... voy a mencionar algunos hechos...". Salvando respetuosamente la distancia que separan a Federico Pinedo de quien esto escribe, esa es la intención de estas líneas.
La expresión del título parece sintetizar bien lo que está ocurriendo con la vitivinicultura argentina, sumida en un serio problema que los protagonistas definen como una pérdida de competitividad, producto, entre otros factores, del atraso de tipo de cambio y el constante incremento de los costos medidos en esa moneda.
El propósito de esta nota no es, por cierto, profundizar en los distintos aspectos que afectan a la actividad, sino más bien exponer una visión sintética, estilizada, de lo ocurrido en las tres últimas décadas en el sector base de la economía regional.
Esa visión, seguramente parcial y subjetiva, procura ordenar los diversos factores económicos y políticos que en su momento no pudieron resolver una grave crisis y luego posibilitaron un notable resurgimiento de la vitivinicultura. Claro está que se pretende señalar cuáles son esos factores económicos y políticos que ahora han llevado a la actividad a un "cono de sombra".
1. La crisis. Fines de los '70 a fines de los '80
Deberían ser conocidos, creo, por quienes están en la actividad, los factores que desencadenaron la grave crisis iniciada, para ubicarla en el tiempo, hacia 1980. Esa crisis fue el resultado de un fuerte crecimiento de la producción de uvas y elaboración de vinos durante los años '60 y '70, que al final de esa última década se combinó con el inicio de una caída secular del consumo por habitante, que persiste hasta hoy.
Las consecuencias fueron la acumulación de grandes volúmenes de excedentes de vino sin mercado interno y sin posibilidades de exportación. Un diagnóstico equivocado de los gobiernos de entonces, atribuir los excedentes al "estiramiento" (agregado de agua) de los vinos efectuado por los bodegueros, llevó a la adopción de medidas regulatorias (bloqueos de stock, prorrateos de despachos, cupos de producción) que prolongaron y agravaron la crisis.
Esas medidas no impidieron que el funcionamiento de la economía produjera el "ajuste"; por el contrario, las medidas equivocadas lo hicieron más prolongado, más doloroso y menos racional. Baste mencionar que en la década citada, sólo en Mendoza se erradicaron alrededor de 100 mil hectáreas de viñedos de variedades de alta calidad enológica.
Vale recordar que hasta esos años la vitivinicultura estaba orientada en su mayor parte a producir vinos comunes, con uvas de alto rendimiento por hectárea, destinados prácticamente en forma exclusiva al mercado interno. También es necesario recordar que en la década del '80 predominó una economía cerrada, con políticas de sustitución de importaciones, alta inflación e inestabilidad, que concluyeron en hiperinflación al final de la década. Ese contexto macroeconómico y político no era favorable para que los empresarios decidieran cambios significativos en la orientación de la actividad.
Debo aclarar que, por razones de espacio y de la complejidad del asunto, no hago aquí referencia al "caso Greco" entre las causas y consecuencias de las crisis.
Hacia el final de la década de los '80 el gobierno de Mendoza (gobernación de José O. Bordón) va a producir un hecho de alta significación e impacto en la vitivinicultura, en particular de Mendoza. Me refiero a la desactivación de la intervención de la bodega estatal Giol y la venta de sus principales activos a Fecovita. Es posiblemente esta decisión política la que marca el fin de una larga etapa de la vitivinicultura y el inicio de un cambio que se consolidaría a partir de 1989/90.
2. La reconversión vitivinícola. 1990-2001
Se ha sintetizado el proceso de transformación diciendo que fue el pasaje de la cantidad a la calidad, del mercado interno exclusivo a la incorporación del mercado externo, de elaborar los vinos que las bodegas querían para satisfacer las preferencias de los consumidores. También por conocidas, vamos obviar las referencias a los cambios en los viñedos, en las bodegas, en la comercialización, para prestar atención al proceso político y económico que creó las condiciones favorables para esa transformación.
Sin discutir un orden de prelación, deben mencionarse las privatizaciones y desregulación de la economía, la apertura externa del país, la convertibilidad monetaria y la eliminación de la inflación. Este cambio sustancial de la política macroeconómica llegó en el momento en que el ajuste había concluido y un grupo de empresas vitivinícolas tenían muy claro qué había que hacer. Incluso lo habían intentado en años anteriores pero las condiciones políticas y económicas malograron las iniciativas.
Cada de una de las variables de la política económica jugó un rol decisivo en el proceso de cambio. La estabilidad y la convertibilidad permitían a las empresas planificar sus inversiones a largo plazo; la apertura aportó el ingreso de capitales, tecnología y conocimiento, y especialmente la posibilidad de salir al mundo; la desregulación y las privatizaciones quitaron a las empresas las maneas que no les permitían caminar.
En poco tiempo, una parte importante de la vitivinicultura, como en toda actividad humana, los más innovadores, fue produciendo un visible cambio de perfil de la actividad, que luego fue imitado por cada vez mayor cantidad de empresas.
Esas condiciones duraron una década y, al inicio del nuevo siglo, en la crisis del 2001, el proceso de reconversión vitivinícola estaba claramente definido, consolidado y en expansión.
3. Desde la devaluación del 2002 hasta ahora
Primera parte: el dulce
La gran devaluación producida al inicio del 2002 significó un extraordinario empujón para el crecimiento de las exportaciones; y en la medida en que la devaluación no se trasladó significativamente a los precios internos, estimuló las inversiones, especialmente las extranjeras.
Los años que van desde 2002 a 2007, en que reaparece la inflación, fueron muy favorables para la vitivinicultura. Debe incluirse un moderado y selectivo proceso de sustitución de importaciones que contribuyó a una mayor integración de la cadena de valor. Fueron los años en que la transformación de la vitivinicultura era puesta como ejemplo a seguir por otras actividades económicas.
