Roxana Bravo (27), con su bebé de dos meses en brazos, es una de las 12 internas que conforma el RAM (Régimen Abierto de Mujeres) en el predio de calle Montes de Oca de Godoy Cruz. La mujer, de estatura baja, con los senos a tope por la lactancia y unos ojos negros que no paran de llorar, está condenada a 35 años de prisión. El año pasado, la Sexta Cámara del Crimen le dio esa pena porque Roxana, el 7 de diciembre de 2013, mató a su esposo Heiner Mendoza de más de 40 puñaladas.
En su estadía en la cárcel de mujeres de El Borbollón -quedó detenida el mismo día del crimen-, Roxana conoció a su actual novio, "el hermano de una compañera de encierro", que es el padre del bebé que tiene en brazos y que duerme ajeno a todo. Por eso, la joven madre está en esa prisión especial para internas con hijos menores de cuatro años.
"Yo reconozco lo que hice; mentí en el juicio porque mi abogado me lo sugirió, pero sé que fui la autora de lo que hice", asegura cuando vuelve a llorar en la tarde de lluvia del viernes pasado y sus lágrimas caen y son absorbidas por el algodón de su polera blanca, que no tardará en humedecerse.
"Soy hija de una familia trabajadora. Mi padre -que ya falleció- era obrero rural y nos mudábamos permanentemente por Lavalle, Junín, San Martín; donde hubiera trabajo, allí iba mi familia a trabajar la tierra".
Pero en 2009 Roxana conoció al joven peruano Heiner Mendoza en la terminal de colectivos de Costa de Araujo y se enamoró. Más tarde le diría a su familia que dejaba el campo para irse a trabajar como empleada cama adentro y al tiempo se fue a vivir con su novio a una casa de Luján de Cuyo, donde harían las veces de caseros. Al poco tiempo tuvieron un hijo y se casaron por civil. Él trabajaba en una mueblería de Luján "y yo cuidaba ancianos o hacía tareas de limpieza en distintas casas de la zona".
Problemas
Según lo que narra Roxana, su matrimonio entró en crisis cuando el bebé tenía menos de dos años. Heiner se volvió distante y violento, "más que nada con el niño. Él llegaba tarde y a veces bebido y se las agarraba con el nene. Muchas veces le pegaba pero siempre me pedía perdón a mí. El matrimonio estaba deshecho desde hacía tiempo. De hecho habíamos acordado que cada uno viviera en una habitación distinta: yo con mi hijo y él por su parte".
La mujer asegura que durante el juicio no hizo mención a los malos tratos de su esposo para con su hijo por una estrategia de su abogado. "Por supuesto que fue un error. Yo quería admitir que había matado a mi marido pero en su momento, cuando me detuvieron, estaba tan enceguecida que mentía sin parar. (N del A: Roxana declaró que a su marido lo había matado un ladrón que entró a la casa y repitió lo mismo en el juicio, dos años más tarde).
El crimen
Heiner Mendoza fue asesinado el sábado 7 de diciembre a las 21. Roxana relata su versión: "Aquel día yo había ido al hospital Perrupato de San Martín a cuidar a mi madre que estaba enferma y me comunicaba por teléfono con mi nene todo el tiempo porque tenía temor de que mi marido le hiciera algo; para esa época la relación estaba pésima", cuenta mientras se seca las lágrimas con dificultad porque tiene en los brazos a su hijo que duerme en paz.
"El sábado llegué a mi casa muy alterada y él estaba con el nene. Me dijo que se lo iba a llevar a Perú. El nene estaba a su lado y lloraba. Le dije que no se lo llevara. Empezamos a discutir y le decía que me quería ir de la casa. Nos peleamos, él rompió los muebles y gritaba, agarró al nene y lo golpeó de nuevo. Cerró la puerta y no me dejaba salir. Cerré los ojos y cuando se dio vuelta lo ataqué con el cuchillo enceguecida. Cuando me di cuenta de lo que había hecho llamé a la Policía y llegó justo mi hermano. Yo nunca supe bien lo que hice; al día de hoy tengo todo muy confuso en mi cabeza". Heiner Mendoza murió en el acto, según la necropsia.
¿Denuncias?
Durante el juicio en el que Roxana y su hermano fueron condenados a 35 años de prisión, salió a la luz que no se podía hablar de violencia de género o de ningún tipo de violencia, porque "la imputada no registra denuncias de ese tipo".
Ante eso, la joven madre dice que fue dos veces a la Oficina Fiscal 11 de Luján para contar lo que ocurría con su hijo y su marido, "pero no me las tomaron y uno me dijo que dudaba de si las lesiones que tenía no me las había provocado yo misma". De todos modos, eso tampoco lo aclaró en el debate.
Desde las conciencias limpias y desde el razonamiento básico se supone que ante la situación que Roxana vivía era mucho más conveniente que se hubiera ido de la casa con el chico y no terminar con el problema matando a puñaladas a su marido. Pero la Justicia, sobre todo cuando se trata de imputados pobres, se rige con el razonamiento de la ley pura y dura.
En su génesis de chica de campo con pocos estudios puede estar la respuesta a su situación actual: está condenada a 35 años bajo los alcances de la llamada Ley Petri (que contempla la ausencia de beneficios para delitos como homicidio). "Yo me sentía sola y con mi familia llena de problemas, no tenía a quién acudir. Nunca había estado presa ni denunciada de nada. Soy una mujer que siempre trabajó y que de pronto me quedé sola con mi hijo y con el problema de un marido violento", susurra.
En la cárcel
Luego de su estadía en la cárcel de mujeres de El Borbollón, Roxana quedó embarazada y por eso hoy está en el RAM con su pequeño de dos meses. "A mi otro hijo no lo vi más, desde hace dos años y cinco meses", cuenta con la precisión del tiempo que sólo logran los privados de su libertad.
"Mi otro hijo, el que estaba la noche de la tragedia, está con la familia de mi marido, que obviamente no quiere saber nada conmigo. Por mi error perdí todo vínculo con él, y eso que era yo quien lo defendía de los golpes de su padre".
Para una de las encargadas del RAM, Roxana es una interna buena y muy tranquila que ha sabido adaptarse a una vida para la que no estaba preparada: la vida carcelaria. Allí tienen muy buen concepto de la mujer.
Roxana, por su parte, aprovecha, entre lactancia y lactancia, para terminar la secundaria que nunca empezó cuando era una mujer libre y no una homicida.
"Nunca pude estudiar; siempre estaba trabajando. Pero ahora sí", dice mientras la parte delantera de su polera blanca no puede más del agua de sus lágrimas.
"Este encierro es algo que debo sobrellevar. Nunca pensé en equivocarme tan feo, pero si estoy acá es por algo. Por eso pido una revisión de mi pena; si me van a condenar que lo hagan, pero pido una condena más corta. Voy a salir de la cárcel cuando tenga casi 60 años. Y no soy una mujer peligrosa; soy una persona trabajadora que se cansó de una situación injusta, nada más".
Recurso de revisión
El estudio jurídico de la abogada especialista en género Carolina Jacky va a presentar un recurso de revisión acerca de este caso, que es un caso juzgado. Se hará ante la Suprema Corte local y se tiene en cuenta la aparición de un "hecho nuevo" (en este caso el testimonio del hijo de la condenada), que no se tuvo en cuenta durante el proceso de instrucción ni en el juicio oral.
En este sentido y acorde a la ley de violencia de género, los abogados tienen cifradas esperanzas en que el recurso prospere.
"Como el hecho se puede encuadrar en un caso de violencia de género creemos que tenemos posibilidades de que se revise la condena", explicaron desde el estudio jurídico que patrocina a Roxana Bravo.
Los abogados indicaron además que el suceso puede ser también elevado a la Corte Suprema de la Nación o bien llevado a tribunales internacionales.