Ayudados por subsidios aportados por la Unión Europea, los vinos españoles se ubican en una franja de precios que resulta imposible de equiparar por el resto de los países, siempre en relación a los vinos a granel.
Y la Argentina es uno de los afectados, con el agravante de que también aquí la situación económica ha generado que también caiga el consumo en el mercado interno.
Algunos memoriosos recordaban que hace aproximadamente 10 años el francés Joel Castagni, representante de las cooperativas vitivinícolas europeas, indicó que “debemos tener en cuenta lo que está pasando en el mundo, con la aparición de nuevos países que parecen consumidores, pero que van a ser productores”, en referencia a la India y a la China.
Agregó en ese marco que los países tradicionales, con la caída en el consumo interno, van a terminar exportando excedentes unos a otros. Reclamó entonces un acuerdo para sostener y ampliar el consumo global en los mercados tradicionales consumidores y planteó también que los países vitivinícolas debían seguir trabajando sobre el consumo interno.
Expresó que Francia, en su momento, sofisticó tanto su consumo y dejó de lado el cotidiano que llegó a tener fuertes sobre stocks en la franja de vinos más económicos. “Eso es lo que nos está sucediendo ahora a nosotros y a los españoles”, resumió la fuente.
Para Sergio Villanueva, de la Unión Vitivinícola Argentina, el problema es grave, porque hace falta entre 300 y 400 millones de pesos para “comprar” el vino excedente y desnaturalizarlo.
Ante la consulta sobre cuáles serían las alternativas, destacó que “no hacer nada terminará generando problemas, como una crisis social o económica, y exportar resulta muy difícil por la competitividad en los mercados externos.
En el caso del mercado interno, nos daríamos por satisfechos si logramos terminar el año sin una caída”. Indicó que la salida a la situación actual “no es fácil” y recordó que el caso de los Tidavidem se dio en otro contexto porque había vinos más uniformes, “pero no nos podemos cerrar porque alguna salida debe encontrarse”.
Señaló que en las últimas dos décadas la vitivinicultura tuvo problemas, pero nunca excedentario, porque esa situación se corrigió a través del acuerdo entre Mendoza y San Juan.
Destacó que entre los problemas que impulsan también a la actual situación aparecen la inflación y las altas tasas de interés, que llevan, en este último caso, a que las bodegas prefieran mantenerse financieramente a sabiendas de que su dinero crecerá más que el precio del vino.
Con vistas al futuro, destacó que la caída en el consumo de los alimentos lleva a que el vino sea uno de los más golpeados. “La gente puede dejar de tomar vino, pero no va a dejar de tomar leche o comer pan o carne”, dijo.
“De todos modos, no nos podemos quedar de brazos cruzados y, entre todos, incluyendo al Gobierno, debemos encontrar una solución”, concluyó.
Para Juan Carlos Pina, de Bodegas de Argentina, la situación “es muy preocupante”, indicando que el panorama se complica porque las exportaciones de vinos a granel están estancadas y el consumo interno está teniendo, hasta ahora, una caída de 4 puntos respecto del año pasado.
“Tenemos que hacer algo para sacar vino. Pueden ser varias medidas, pero para todas hace falta plata. Agilizar el pago de las retenciones o establecer instrumentos de pago para saldar deudas, podrían también ser aplicadas”, dijo, agregando ante una consulta que la Secretaría de Comercio de la Nación autorizó un aumento del 5 por ciento en las góndolas, “pero eso es sólo a nivel de público, pero ¿cuánto llega a las bodegas?”, se preguntó, recordando entonces que ese cinco por ciento se da en un marco de inflación mucho más alto.
Según Pina, para descomprimir el volumen hacen falta medidas, “que pueden ser exportaciones, Tidavidem o algo similar o destilación de excedentes, pero para todo ello hace falta plata” y se refirió a las diferencias que existen con lo que sucede con la producción de la Pampa Húmeda.
“El año pasado la Argentina exportó por 90 mil millones de dólares y de vinos sólo mil millones. Con una diferencia, ellos no tienen valor agregado y no los afecta tanto la inflación ni los incrementos salariales como a nosotros. Ese es un tema que tendría que tener en cuenta el Gobierno nacional para hacer algún tipo de diferencia en las retenciones por exportaciones”, indicó.
Mauro Sosa, del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este, dijo que “esto es grave, porque los precios del vino siguen bajando. El mosto está a 1,60 pesos, no hay operaciones de blanco y los tintos están con precio bajo”.
Expresó que la autorización del aumento del 5 por ciento en las góndolas no tiene relación con los aumentos en los insumos y en los salarios y expresó que nosotros (la entidad) lo veníamos señalando en los discursos, pero no nos hicieron caso”.
Para Sosa, “hay que tomar medidas” y planteó la intervención del Estado en el mercado a través del otorgamiento de un subsidio a quien exporta o bien un bloqueo de vinos blancos.
“El bloqueo va a provocar que no haya vino y subirá el precio. Además, el Estado si compra ese vino, puede desnaturalizarlo”.
Expresó que habría que avanzar en el tema de las retenciones y hasta en la posibilidad de establecer un IVA del 10,5 por ciento para el vino. Respecto de los Tidavidem, dijo que sería factible de estudio, pero que para el plano inmediato habría que pensar en un bono para bloquear vinos, con el cual se pueda pagar impuestos.
“Para cualquier medida hace falta plata”, aseguró, para finalizar indicando que “En 2010 el precio del vino era de 2,50 pesos y ahora, cuatro años después, con inflación en los insumos y con aumentos salariales, no se puede vender a 2 pesos. “Los productores, en ese esquema, directamente no pueden trabajar”, concluyó.