17 de noviembre de 2014 - 00:00

Vinos: la única verdad es la realidad

Mientras en gran parte de los países hay optimismo respecto de lo que puede suceder en mediano y largo plazos, en la Argentina sigue preocupando lo concerniente a la competitividad.

Parafraseando al ex presidente Juan Perón, en el caso de la industria vitivinícola cabe muy bien aquella afirmación que decía que la única verdad es la realidad. Al menos así quedó demostrado cuando, con motivo del congreso mundial del vino que se desarrolló en nuestra provincia, tuvimos oportunidad de dialogar con representantes de otros países.

En la totalidad de los casos las expectativas sobre el futuro de la industria son optimistas, pero la situación varía sustancialmente cuando el consultado es un industrial argentino que comienza a dudar no por una cuestión de la naturaleza, sino por las inseguridades que les brinda la política nacional que no sólo genera problemas en el mercado interno, sino que continúa profundizando las cuentas en rojo en el internacional, como consecuencia de la caída de la competitividad.

Por supuesto que, ante un escenario cubierto de representantes de otros países, los funcionarios argentinos destacaron las bondades de la industria vitivinícola nacional, haciendo hincapié en la calidad de los caldos, el crecimiento que tuvo en las exportaciones, los avances que se produjeron en las bodegas y en las fincas para adaptarlas a las nuevas exigencias y hasta de las metas cumplidas en el denominado plan estratégico 2020. Miraron el vaso medio lleno y, desde esa óptica, hay muy poco por reprochar.

Sin embargo, la situación se modifica si se lo mira desde la otra óptica. La industria está pasando por un momento complicado, con un sobre stock en los blancos escurridos que inciden, en lo que a precios se refiere, sobre el resto de los caldos, incluyendo los varietales.

De allí que una de las soluciones, en las que todos coinciden, pasa por “sacar” del mercado 100 millones de litros para enviarlos a destilación, porque resulta muy difícil que sean exportados en razón de que lo que pide el mundo son blancos de blancas.

Los gobiernos provinciales no cuentan con arcas suficientes como para salir a comprar los vinos y, cuando el planteo es trasladado a los funcionarios nacionales, o miran para otro lado o brindan “soluciones” a largo plazo.

En ese marco de situación, el enojo de algunos sectores se centra en la figura del ministro de Agricultura y Ganadería de la Nación, Carlos Casamiquela, especialmente cuando, en respuesta a la pregunta de un periodista sobre la ley de uso de jugos naturales para edulcorar las bebidas gaseosas, el funcionario nacional respondió que habría que estudiar el tema, porque no se pueden lesionar otras economías regionales.

“Casamiquela conoce la realidad de la industria y sabe cuáles son nuestros problemas, pero cada vez que se los planteamos nos responde con una palmada en la espalda, pero no nos aporta ninguna solución”, dijo un dirigente, quien agregó que “nos dicen que no se trasladan las ganancias de los bodegueros hacia los productores y nosotros respondemos que el Gobierno, por los impuestos que recibe de parte de la industria, gana mucho más que los productores”.

Siempre en el tono de crítica, el dirigente destacó que “nos dicen que no tienen plata para poder comprar 100 millones de litros de vino. Para solucionar el problema de las economías regionales que involucran a cinco provincias hacen falta 200 millones de pesos, pero resulta que les otorgan 220 millones de pesos para Fútbol para Todos. No entendemos nada”, dijo.

En el mismo marco de situación, la fuente consultada indicó que “vamos a seguir trabajando para impulsar la ley de jugos naturales. Nos hemos reunido con (Axel) Kicillof y vamos a pedir una audiencia a la propia Presidenta de la Nación si hace falta. Esa ley forma parte de una terna que comprende también a la necesidad de bajar los excedentes y de favorecer las exportaciones”, concluyó.


Tres temas
Tal como lo señalamos en nuestra nota anterior, va cobrando mayor fuerza el planteo de algunos sectores en la intención de postergar la fecha de liberación de los vinos para el año que viene. Lo había anticipado la gente de la zona Este de Mendoza y ahora aparece San Juan con un planteo similar.

Quienes fundamentan esa posición, consideran que si el anuncio se realiza con la suficiente antelación se va a generar una expectativa favorable que hará que aumente en lo inmediato el precio del vino.

Para los que no coinciden con el planteo, destacan que se trata de una medida que sólo generará “patear el problema hacia adelante”, porque no habrá mucha diferencia entre liberar los vinos el 1 de junio que hacerlo dos meses más tarde.

También surge la inquietud de parte de quienes aseguran haber sido ordenados y movieron su stock de manera tal que finalice el 1 de junio para comenzar con los nuevos caldos que surgen de “las uvas frescas y maduras”, como exige el INV. “¿Se va a castigar a quien hizo bien las cosas?”, se preguntó un bodeguero.

Otro de los posibles planteos surgió en una charla informal entre dirigentes que participaban del congreso de la OIV. Señalaron que para solucionar “ahora y para siempre” el problema del porcentaje de la derivación de uvas a mosto habría que establecer que todas las uvas criollas y cerezas tengan ese destino.

“Si miramos las cifras, veremos que Mendoza tiene el 31 por ciento de su producción de criollas y cerezas, a lo que debe sumarse el hecho de que producen un vino que no tiene mercados, porque lo que reclama la gente es blancos de blancas”. Antes de que el tema entre en discusión y ante nuestra consulta, ya salieron las voces críticas.

“No se puede tomar una medida de esa naturaleza porque la ley dice que las dos variedades son vitiviníferas. Aquí el problema surgió porque hubo un error en el pronóstico y la solución no pasa por tomar medidas cruentas, sino generar mercados”.

Para otros, especialmente en el Este, no se puede culpar sólo a los blancos escurridos del problema de la vitivinicultura, “porque todos, incluyendo los varietales, son vinos y suman en la cuenta general”.

El párrafo final para los últimos números dados a conocer por el INV, donde se señala que hubo un interesante crecimiento en el consumo del último mes, fundamentado esencialmente en el tetra, que aumentó un 9 por ciento.

Pero también se destaca que está bajando el consumo en la botella, especialmente en la denominada “botella abierta” que es la que se vende en los restaurantes. “Esperemos que las fiestas de fin de año permitan modificar la tendencia”, destacó un dirigente ante nuestra consulta.

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