6 de julio de 2013 - 22:35

El vino con deberes hacia el futuro

“Tanto los agrónomos como los enólogos reconocen que, a pesar de haber avanzado notablemente, todavía estamos en pañales en conocer en profundidad la biología de la uva y la del vino”.

El vino argentino fue declarado como Bebida Nacional por ley del Congreso. Esta declaración implica varias cosas positivas. Además de lo que significa la difusión y la utilización por parte de nuestras embajadas, desde el punto de vista técnico, es de gran valor su reconocimiento como alimento.

Esta declaración, que no solo queda en la letra de la ley sino que está avalada por estudios científicos que vienen desde la época en que Luis Pasteur calificó al vino como “la más sana e higiénica de las bebidas” implicará llevar adelante una pelea cultural contra los detractores que solo la ven como bebida alcohólica, pensando en su restricción o en un sujeto pasible de impuestos.

La industria del vino es, además, mucho más compleja que la bebida a la que hoy estamos honrando. Detrás del mágico brebaje hay una cadena de industrias, inteligencia, investigadores, productores, fabricantes, proveedores y transportistas que van agregando valor en cada intervención y deben estar sintonizados en la misma frecuencia para alcanzar el objetivo.

La industria dio una muestra de madurez cuando dejaron de existir entidades empresarias distintas, con sedes en Buenos Aires y Mendoza, que hablaban de dos negocios distintos. Se fusionaron con un mismo objetivo para abarcar distintos frentes.

Además, y a partir de la sanción del Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI) se integró la producción de todo el país dentro de un mismo plan con los mismos objetivos, algo que ha resultado un ejemplo para el resto de las industrias porque se partió de la búsqueda de un objetivo común con una participación pública y privada que evitó seguir caminando por caminos distintos.

El crecimiento de la industria ha sido muy importante a partir de la mejora cualitativa conseguida por la incorporación de tecnologías duras pero, fundamentalmente, de tecnologías blandas, como fue el manejo de los viñedos, la administración del riego, la tecnología de elaboración, el uso del frío y distintos manejos dentro de la bodega, que sumados a la mejora de los viñedos, trajeron aparejada la aparición de productos excepcionales.

Pero esto es solo el comienzo. Tanto los agrónomos como los enólogos reconocen que, a pesar de haber avanzado notablemente, todavía estamos en pañales en conocer en profundidad la biología de la uva y la del vino, y esto está muy vinculado a las características del terruño, que hace que cada variedad alcance distintas formas de expresión.

Por esta razón, es muy importante, como lo señaló el titular del INV, Guillermo García, el contenido del último párrafo del artículo tercero que busca “la promoción de estudios y organizaciones tendientes a la definición de las distintas regiones y subregiones vitivinícolas de cada provincia”.

García señaló que lo que se busca es describir el territorio desde el punto de vista de las aptitudes de cada región para producir distintos tipos de varietales.

Tareas pendientes

El punto señalado por García en la ley tiene un alcance mayor al que inicialmente uno puede inferir. Recientemente hubo un avance con un trabajo hecho sobre la localidad de Altamira, en la zona de La Consulta, del departamento de San Carlos. En él participaron agrónomos, enólogos, especialistas en suelos y en climas.

Hace algunos años se sancionó una ley que establecía las denominaciones geográficas y las denominaciones de origen. Hasta ahora, desde la sanción de esa ley no aparecieron denominaciones adicionales a las que antes habían nacido, como la de Luján de Cuyo y la de San Rafael.

Probablemente, a partir de estos estudios puedan darse los sustentos científicos que avalen a dichas porciones de territorio y las variedades que mejor se adaptan para ello.

Pero otra tarea pendiente, a la luz de lo que viene ocurriendo en los mercados, es la de determinar exactamente cuáles son los puntos de productividad que hacen sustentable una explotación, toda vez que es imposible pensar que todos los viñedos los vamos a dedicar a producir uvas para vinos premium.

Y aquí aparece otro desafío para esta vitivinicultura de pantalones largos: el de probar nuevas variedades para cada una de las zonas, ya sea para producir vinos genéricos o para productos de mayor nivel de calidad, ya sea como varietales o como blend.

En los estudios que hay que hacer habrá que incluir la variable del cambio climático, ya que es un condicionante muy importante a tener en cuenta a futuro

Es indudable que el paso conseguido con la ley es muy importante, pero es solo el inicio de un camino mucho más trascendente, que será el de elevar la industria para obtener niveles de rendimientos y calidades que permitan la sustentabilidad de las empresas, con prácticas que también sean sustentables con el cuidado del ambiente.

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